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14 de noviembre 2007 - 00:00

"Las hipotecas subprime son sólo una línea de negocios"

El experto en mercados internacionales, que se escuda bajo el personaje llamado Gordon Gekko de la película "Wall Street", analiza las causas de la suba de la Bolsa de Nueva York y duda de que sea una tendencia duradera. Cree que las pérdidas de los bancos excederán las derivadas de la crisis de hipotecas subprime, ya que hay otras líneas de negocio complicadas, como los préstamos apalancados para fusiones y adquisiciones.

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Periodista: ¿Qué pasó? Wall Street resurgió como el ave Fénix. ¿Otra proeza del consumidor? Cuando nadie lo esperaba, Wal-Mart arrimó un muy buen balance.

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Gordon Gekko: Y aportó una visión muy constructiva sobre las ventas navideñas. El consumidor no se entrega. Responde a los incentivos de precio. Esa es la anécdota. No sé si es la verdadera razón que detuvo la tormenta. Que el petróleo se replegara, que el dólar dejase de caer y los metales mordieran el polvo -lo que no comenzó ayer, por cierto-son buenos motivos para que las Bolsas recuperen la vertical.

P.: ¿Es un breve respiro o será una tregua más duradera?

G.G.: Es una recomposición que debería prolongarse pero que puede acabar en cualquier momento. Estamos muy sensibles a las malas noticias. Con tantos frentes abiertos, resulta imposible cubrirse las espaldas.

Después de un pico de tensión, después de zarandear a fondo los balances de los grandes bancos (y despedir a dos pesos pesados, los titulares de Merrill Lynch y Citigroup), lo natural es que desciendan las pulsaciones.

P.: Sin embargo, malos números de inflación -cuando se difundan esta semana- pueden volver a encender la mecha de la agitación.

G.G.: Conviene, por eso mismo, descansar con las botas puestas.

P.: ¿Terminó la zafra de grandes pérdidas de los bancos? ¿Ya mostraron todo lo malo que guardaban en la alacena?

G.G.: Usted tiene que pensar que no. Se hizo una gran limpieza. Se reconocieron pérdidas por cerca de 50 mil millones de dólares. Se eliminó el mal olor. Pero sigue siendo fácil esconder muertos en el armario de la contabilidadde los bancos. Hay infinidad de casilleros -rotulados por cientos o miles de millones de dólares- que resultan impenetrables. Que usted no puede abrir para corroborar si su contenido vale lo que se afirma. Por no citar los compromisos que se mantienen alejados de la hoja de balance.

P.: ¿No cree que la hemorragia culminó?

G.G.: Pienso que en los bancos que cambiaron autoridades operan los incentivos para blanquear la información. No es casual que cuando-Chuck Prince pierde sustentación en el Citigroup y debe marcharse, surjan anuncios de pérdidas adicionales por entre 8 y 11 mil millones de dólares.

P.: Usted puede confiar en el inventario que realiza una conducción nueva, que asume sus funciones.

G.G.: Nadie querrá hacerse cargo de las cuentas impagas de su antecesor. Pero aun así, las entidades conservan grandes exposiciones en las áreas conflictivas. Digamos, los CDO. O sea los instrumentos de crédito basados en hipotecas subprime. Y uno observa que el mercado de los mismos no consigue todavía hacer pie. El sangrado, por ende, continúa. No es un mercado líquido. Las posiciones están inmovilizadas. No hay cobertura a costos razonables. Y las cotizaciones se deslizan.

P.: En su momento, Ben Bernanke señaló que la crisis del subprime iba a costar unos 100 mil millones de dólares en pérdidas. Las estimaciones últimamente trepan todos los días. Deutsche Bank lidera el ranking con 500 mil millones de dólares. No se sabe por cuánto tiempo. ¿O ya entramos en la fase de exageración?

G.G.: Las hipotecas subprime suman 1,2 billones de dólares. Va a resultar arduo perder 500 mil millones. Después de todo, también generan intereses a tasas altas. Si uno suma los préstamos Alt A -que completan el segmento non prime- allí nos acercamos a 2 billones de dólares. Ese es el valor de los activos subyacentes que protagonizan la crisis inmobiliaria.

P.: Significaría un quebranto de 25%...

G.G.: Pensar en una tasa de incumplimiento de 25% ya me resulta difícil. Pero cuando ocurre un default, rara vez la pérdida es completa.

P.: ¿Usted no lee los diarios? ¿No sabe que hay acreedores de la Argentina que no cobran un centavo desde 2001?

G.G.: Pero aun en esa situación, hay un valor residual. Usted puede vender sus derechos a, digamos, 35 centavos por dólar. Creo que la severidad va a ser mucho más atenuada en EE.UU. Tal vez se pierda 30%. En ese caso, la tasa de incumplimiento debería superar 35% -y no cobrar un solo dólar de intereses- para acumular pérdidas por 500 mil millones. Creo que mucho antes de llegar allí el Congreso y el Tesoro desviarán el cauce natural de la crisis. Pero además los bancos no son los dueños de la totalidad de las hipotecas. Controlarán, a lo sumo, la mitad (si uno cuenta las tenencias de instituciones fuera de EE.UU.). Teniéndolo presente cuesta mucho más armar una cifra tan alta.

P.: Los bancos han tomado posiciones con mucho leverage. Pueden perder más que el valor de los activos subyacentes en su poder.

G.G.: También sufrirán pérdidas de trading. Que serán ganancias para otros. Eso es una redistribución de ingresos. En forma neta, los bancos prestaron a terceros no bancarios contra la garantía de activos hipotecarios. Y uno se imagina que con un aforo. Si la crisis se prolonga, y resulta muy severa, deberán cobrarse con el colateral. Y ésa es la cuenta que ya hicimos.

P.: ¿No hay manera de que los bancos pierdan 500 mil millones de dólares?

G.G.: Lamentablemente sí. Las hipotecas subprime son sólo una línea de negocios. Hay otras que ya hoy aprietan -los préstamos apalancados para fusiones y adquisicioneso que una recesión arruinaría -el crédito para el consumo-. Una carambola desgraciada, a tres bandas, los podría arrimar.

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