Marino no renuncia

Opiniones

(El jefe naval, Jorge Godoy, bajo cuyo mando estalló una guerra de espías que terminó, como en las películas, con uno de ellos confesando pecados ante la prensa, salió ayer a defender su cargo por las radios. Dijo que era responsable de todo lo que pasó, pero que no ha presentado su renuncia. También admitió que la información que se dice manejaron sus espías es trivial y sin utilidad militar. Habló con Enrique Llamas de Madariaga por radio «Rivadavia».)

PERIODISTA: ¿Qué hace Inteligencia militar?

Jorge Godoy: Básicamente, trabaja en el ámbito de competencia de la Armada. Es decir, la Inteligencia naval tiene que trabajar sobre las cuestiones que son de incumbencia específica de lo que ocurre en el mar argentino.

P.:
¿Los pesqueros coreanos?, ¿los portaaviones rusos?

J.G.: Eh... Todo lo que pueda ocurrir en el área de responsabilidad. Una, digamos, operación de captura de un pesquero no es una operación militar, estrictamente dicha. ¿No es cierto?


P.:
Si un terrorista internacional,un ex militar serbio, de cualquier país, que ustedes saben que está planificando algo contra la República Argentina, ingresa al territorio nacional, ¿automáticamente ustedes cesan con la investigación y se la dan a autoridades de tierra locales?

J.G.: Está expresamente vedado por la legislación nacional que las fuerzas militares tengan injerencia en cuestiones que hacen a la inteligencia interna de un país.


P.:
Almirante Godoy, todos esos datos que han surgido hasta ahora son datos que están en Internet, son casi inocentes...

J.G.: Sí, bueno, yo le digo que es una información que no le sirve absolutamente a nadie. Yo todavía no me puedo explicar cómo hay gente que se pueda dedicar a estas cosas. Sí, evidentemente, ha habido una falla importante en todo esto en temas de control, de verificaciones, y a mí me ha sorprendido; yo soy el jefe de la Armada, soy el máximo responsable de la conducción de la Armada y me hago cargo de todo esto, ¿no es cierto?, que tira un manto de sospecha por sobre todo en la Armada que no nos beneficia para nada. Lejos de beneficiarnos, nos pone en una situación complicada, tenemos que salir a aclarar, como estoy yo con usted en este momento tratando de explicar casi lo inexplicable.


P.:
Con eso que dice «me hago cargo», ¿qué quiere decir?

J.G.: Que yo soy el máximo responsable de la Armada...

P.: ¿Usted le entregó su renuncia a la ministra Garré?, porque ella le ratificó su confianza...

J.G.: No, yo no le entregué mi renuncia a nadie. La confianza sobre el almirante Godoy surgirá de las autoridades, de la señora ministra, del señor comandante de las FF.AA., que es el señor presidente. La confianza, como yo siempre digo, se inspira, no se impone. Yo estoy haciendo un esfuerzo muy grande en el sentido de aclararle a la sociedad qué es lo que está pasando con este apéndice de la Armada que es la Inteligencia naval.


P.:
¿No hay más espionaje en la Marina?

J.G.: El mecanismo técnico para investigarlo es cerrar todas las oficinas de Inteligencia que tiene la Armada distribuidas en sus bases a lo largo del país y pasar una inspección exhaustiva sobre cada una de ellas sobre el manejo de la información.


P.:
¿Cuál es la situación de los almirantes que fueron separados?

J.G.: La situación del almirante Rossi -jefe del Servicio de Inteligencia- es que fue separado en principio y simultáneamente él ha pedido el retiro y ya se ha nombrado un relevo, que es el vicealmirante Olmedo. El señor vicealmirante Avilés ha sido separado, pero todavía no ha tenido un relevo. Estamos investigando las responsabilidades que pudieran recaer sobre la central de inteligencia que funcionaba en el Comando de Operaciones Navales para determinar exactamente las responsabilidades del caso.


P.:
¿Este fue un hecho aislado? ¿Se cortó solo el almirante que mandó investigar?

J.G.: Las labores de Inteligencia militar constituyen un tema muy sensible y son un instrumento esencial de planificación y de ejecución de operaciones militares. Ahora, esto deber realizarse con una estricta observancia del orden público y un alto grado de profesionalidad y de sentido ético. Acá, evidentemente, nos encontramos ante un hecho, en principio, aislado.

Dejá tu comentario