17 de noviembre 2004 - 00:00

Medidas sobre salarios son para una elite de empresas protegidas

Medidas sobre salarios son para una elite de empresas protegidas
Al cabo de un año y medio, las autoridades mantienen ideas confusas acerca de cómo debe organizarse el mercado de trabajo. La recuperación de la economía y la devaluación dieron un marco favorable para la recuperación del empleo: con costos laborales que para la industria están 36% por debajo de 2001 y una actividad creciente, el empleo formal crecerá en promedio cerca de 7,5% en 2004. Aun así, el desempleo sigue elevado (terminará cerca de 13% si se incluyen planes, y de 17% si se lo mide correctamente), y por lo tanto debería ser la primera prioridad para «normalizar» el mercado laboral, junto con la de reducir el porcentaje de informales.

Pero los objetivos de la política pública son otros, y se pretende una recuperación de los salarios también rápida. El problema sigue siendo la inconsistencia entre este objetivo y el instrumento del tipo de cambio devaluado, para mantener bajos los costos.

La lógica económica no da margen, y por lo tanto no es extraño que a pesar de los deseos, el salario real promedio esté aún 15% por debajo de su nivel en diciembre de 2001. Sólo el promedio de trabajadores formales privados, que representa a 34% de la población urbana ocupada, tuvo una caída menor del orden de 3% a 10,5%, según se tomen los datos del CVS (INDEC) o los del sistema integrado de pensiones.

Para los asalariados informales y los trabajadores por cuenta propia, que representan casi dos tercios de los ocupados privados, la contracción es de casi 25%, y para los empleados públicos llega a poco más de 27%.

La recuperación salarial choca, del lado del sector público, con la necesidad de mantener un alto superávit, no sólo para servir la deuda sino para sustituir con plata la falta de instituciones y de horizonte. Con «caja» se puede enfrentar la crisis energética, se puede reemplazar parte de la inversión privada que no se hace, se pueden otorgar subsidios a los grupos y sectores elegidos, se pueden pagar los pasivos contingentes que aparecen todos los días, y también se sirve la deuda «performing».

Para aumentar los salarios privados, en cambio, no hay límite, ya que no afecta el objetivo fiscal, y por lo tanto allí se usaron todas las «mezclas» heterodoxas: decretos del Poder Ejecutivo con aumentos compulsivos, en blanco y en negro, aumentos del salario mínimo (150%, si se computa la existencia de un adicional «no remunerativo» que debe sumarse al básico), y finalmente aumentos vía convenios colectivos centralizados. Como aún así el salario real está rezagado, se llegó a evaluar un nuevo aumento salarial por decreto, aunque parecería haberse ahora desistido de esta alternativa.

La cuestión es ¿por qué los salarios «se resisten» a subir, sin impulso oficial? Veamos tres razones: la pérdida de competitividad de la economía, el alto desempleo, y la misma política pública.

LA PERDIDA DE COMPETITIVIDAD

La economía perdió competitividad desde la crisis de 2001 por dos razones: una tasa de inversión por debajo del nivel de reposición y la pérdida de señales (precios relativos) para decidir en qué resulta más eficiente invertir. Menor competitividad hace que el salario de equilibrio sea más bajo. Una aproximación a esta pérdida surge de calcular el producto medio de la economía (PBI por ocupado), de lo que resulta que su nivel en el año 2004 es apenas el mismo del año 1993; se requiere un aumento de más de 13% para volver al máximo del año 1998. Pero hay dos problemas: el producto medio casi no está creciendo (el aumento sería menor al 0,5% en 2004), y lo que importa no es el producto medio sino el marginal. Desde este punto de vista, el nivel medio de salarios está hoy en línea con el más bajo nivel de productividad de la economía, y no existe margen para esperar un aumento significativo.

La industria muestra una evolución similar, ya que dejó de lado los crecimientos de productividad a 7% anual del período 1990/2001, para mostrar un más modesto ritmo de 2,4% entre 2002 y 2004. Sin embargo, el dato preliminar del último trimestre disponible debería resultar una advertencia, al marcar por primera vez una caída de 1% anual en el producto por hora trabajada.

La industria, sin embargo, tuvo un fuerte aumento en su margen bruto de explotación gracias a la devaluación, por lo que aún puede perder productividad y sostener salarios más altos, mientras se mantenga su protección. Esto último es central: todos estos datos prescinden del hecho de que mientras la Argentina pierde competitividad, el resto de los países emergentes (y los EE.UU.) crecen en productividad industrial a tasas muy elevadas.

La industria argentina para poder competir va a requerir un muy alto tipo de cambio y protección adicional, a menos que recupere el tiempo perdido en productividad.

ALTO DESEMPLEO

Es probable que ésta sea la segunda cuestión más importante que explica la resistencia a subir de los salarios. Con 17% de desempleo (bien medido) y una población activa que se está recuperando a su crecimiento de tendencia, habrá mucha oferta laboral excedente por algún tiempo, de modo que es de prever que no se requieran fuertes incentivos salariales para tomar personal, en particular no calificado. La combinación de una productividad estancada junto con exceso de oferta laboral no pueden más que llevar a una baja tasa de crecimiento de los salarios reales.

LA POLITICA LABORAL

Finalmente, está el papel del propio gobierno. El clima de contratación laboral depende esencialmente de lo que se haga en materia de instituciones que gobiernan el contrato laboral. Y en esta materia el gobierno (el Ejecutivo, el Poder Judicial y el Legislativo) muestra escasa idoneidad.

Todas las decisiones que modifican la normativa laboral vigente, incluyendo desde la cuestión de duplicar las indemnizaciones (con riesgo aún de extenderse en el futuro a los nuevos trabajadores), la eliminación de su tope, reintroducir la vía civil en materia de riesgos laborales, cerrar la vía de la negociación colectiva por empresa (derogando la legislación correspondiente), incrementar los impuestos y cargas laborales, eliminar todo margen de política salarial en las empresas, son factores que al aumentar la incertidumbre sobre el contrato laboral reducen tanto el salario como el nivel de empleo de equilibrio.

CONCLUSION

Estos tres factores bajistas del salario real no implican necesariamente que esperemos una caída en los próximos meses, dado que con la economía creciendo a tasas de 5% a 6% anual habrá una gradual reducción del desempleo. Pero las autoridades regulatorias del Ministerio de Trabajo deberían prestar más atención al menos a dos cuestiones, una de corto y otra de largo plazo.

En el corto plazo, hay que tener en cuenta que los salarios reales se estancan o caen después de cada aumento decretado por el gobierno. O sea, no hay un «derrame» posterior más allá del decreto. Y en particular el efecto de la presión gubernamental es casi nulo en el sector informal de la economía.

La cuestión es si esta política salarial sólo puede ser soportada por las empresas con altas rentas posdevaluación, que en el futuro van a necesitar mantener el subsidio del resto de la economía vía un peso muy devaluado o altos aranceles.

La mirada de largo plazo no hace más que reforzar esta cuestión: toda la nueva normativa institucional sólo puede ser soportada por empresas con altas rentas (ya que la productividad en el margen se estancó). Siempre habrá sectores o nichos de mercado que pueden abonar salarios más altos, pero el promedio de la economía no está en la frontera de eficiencia.

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