Medio ambiente en alerta: ¿podremos frenar la voracidad y a los grupos de odio?

Opiniones

Envidia y voracidad han presidido las mayores catástrofes históricas, aunque poco se hable de ello. Hay que estar alerta con los grupos que promueven el incremento de las pulsiones agresivas y la capacidad de odiar.

El desastre ambiental avanza: Incendios forestales en Córdoba, Patagonia; bajante histórica del Río Paraná hasta diciembre con concentración previa de glifosato en sus aguas, mayor que en los campos de soja ( se lo encuentra en el agua de lluvia en toda la Argentina); inundaciones en Alemania, y países vecinos; ola de calor en Europa que en algunos lugares alcanzó los 50°, incendios incontrolables en Grecia, Amazonia, Siberia con bosques nativos destruídos por el calentamiento global, la tundra siberiana, ejemplo típico de una biosfera [1] (y en franco ataque a la biodiversidad): sus bacterias, hongos, virus y animales buscarán nuevos huéspedes ( futuras pandemias o epidemias: el COVID 19 irrumpe en el humano por esas rupturas del ecosistema, del pangolino al hombre); son todos avisos de que estamos llegando tarde para detener la catástrofe ambiental.

Nuestra especie, parece ser la única que destruye su hábitat, a pesar de su alta complejidad aún es incapaz de vivir sin depredar.

Un informe reciente del gobierno británico (Castro,2021) señala que en los últimos 30 años el desarrollo económico ha generado un efecto devastador sobre el medio, y para mantener los niveles de vida actuales necesitaríamos recursos de 1,6 naturalezas. Es decir, estamos viviendo un tiempo prestado, ya que este proceso de destrucción se ha acelerado, entre 100 y 1.000 veces más rápido que en la década del 50 y enfermedades infecciosas como COVID 19 muestran el agotamiento de la naturaleza.

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El nuevo artículo 31 reconocería el derecho a un medio ambiente sano.

El nuevo artículo 31 reconocería el derecho a un medio ambiente sano.

El problema central es de tipo conceptual ya que privilegiando la ganancia se invierte más en los bienes que la ofrezcan, en detrimento de las inversiones en activos de la Naturaleza.

Si sumamos los desafíos pronosticados por los grandes epidemiólogos para el siglo XXI estamos seriamente en problemas:

  • Nuevas enfermedades y reaparición de otras superadas: Dengue, fiebre amarilla, paludismo, etc, entre otras cosas, por la tala masiva de bosques y traslado de los mosquitos a zonas muy alejadas.
  • Contaminación ambiental ( ejemplo: con glifosato que produce cáncer, colagenopatías, etc; la cuenca Matanza-Riachuelo contaminada entre otras cosas con arsénico de las curtiembres, afectando napas a 50 km, o sea a las quintas frutihortícolas que abastecen CABA y Gran Bs As.
  • Resistencia bacteriana a los antibióticos por su uso no médico.
  • Los habitantes migran a centros urbanos aumentando pobreza, hacinamiento y mayor contaminación ambiental.

Bill Gates y Naomi Klein, en las antípodas uno del otro, proponen soluciones: él desde lo técnico y la geoingeniería (StratoShield, una manguera de unos 30 km suspendida que arrojaría partículas de dióxido de azufre en el cielo para bloquear al sol, y una herramienta para debilitar huracanes, en estudio en Harvard), proponiéndose llegar a cero emisiones de gases de efecto invernadero, energías limpias e invenciones nuevas; ella, desde lo social y colectivo, se concentra en el proceso que ha llevado a este colapso y sugiere cambiarlo mediante reducción del consumo, distribución de la riqueza, impuestos a los ricos y productores contaminantes, etc, todas decisiones de Estados que establezcan prohibiciones y las hagan cumplir. Pero ni estos intentos ni los que se observan en torno al reciclaje en algunas organizaciones, responden a la urgencia del momento tal como reclaman los jóvenes representados por Greta Thumberg.

Nadie sabe ya qué inventar para frenar la voracidad humana y sus consecuencias.

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La catástrofe ambiental y la voracidad.

Observando la conducta de nuestra especie, el trato dispensado al planeta como objeto de uso y explotación ilimitada, es similar al dado a los propios semejantes: esclavitud, feudalismo, y capitalismo pasado y actual lo demuestran ¿por qué no habría de hacerlo con el hábitat, que hasta permite evadir la identificación?

La voracidad por la ganancia, parece ser el motor de esta conducta, naturalizada al punto de lucir invisible y no es de este tiempo.

"...es un deseo vehemente, impetuoso e insaciable y que excede lo que el sujeto necesita y lo que el objeto es capaz y está dispuesto a dar. En el nivel inconciente, la finalidad primordial de la voracidad es vaciar por completo, chupar hasta secar y devorar…., su propósito es la introyección destructiva". (Klein, 1957, p. 186) (las negritas son mías)

Cualquier adquisición basada en la voracidad, por la violenta introyección de un objeto, por esto mismo, destruido y persecutorio, no da sensación de saciedad, sino de permanente necesidad. Esto al igual que en la envidia, impide la gratitud, (sentimiento de plenitud, de satisfacción), pues con este tipo de apropiación voraz nadie queda lo suficiente “lleno” como para agradecer y cuidar al objeto.

La envidia como inherente a la voracidad (Klein, 1952), a juzgar por los resultados, motoriza la conducta de nuestra especie frente a la magnificencia del objeto naturaleza, como una reacción destructiva frente a la majestuosidad ( envidia destructiva) de “la madre naturaleza”(Tripcevich Piovano, 2007)

Para completar el cuadro, en todas partes del mundo y también en nuestro país se observan grupos que promueven el incremento de las pulsiones agresivas y la capacidad de odiar, con el consecuente aumento de la voracidad, ya que es secundaria a dicho incremento y a la ansiedad persecutoria resultante. Este tipo de conductas, además de mostrar el fracaso de la represión, y su escasa capacidad de manejar las pulsiones agresivas, suelen ser el preludio de situaciones mucho más peligrosas y no se observan reacciones sociales de rechazo lo suficientemente contundentes como la gravedad amerita, en una complacencia suicida y habilitante.

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Envidia y voracidad han presidido las mayores catástrofes históricas, aunque poco se hable de ello, en un relato oficial que las escamotea tras presentables cuestiones legales o económicas (más tolerables), porque de ocultar las miserias humanas se trató siempre. Salvo que esta vez está comprometida toda nuestra casa, y no tenemos otra.

Porque existe también cierta capacidad innata de controlar la voracidad, proveniente de una fuerte dotación de la capacidad de amar. Y volviendo al punto de la instigación al odio, si las pulsiones agresivas pueden ser promovidas, también lo son las de vida, amor, solidaridad, de cuidado y es tiempo (urge, diría Greta) recordarlo.

[1] biosferas habituales ( conjuntos de al menos 60 mil seres vivos o más, humanos, animales, bacterias, hongos, virus , aire del lugar, suelo y agua que conviven en equilibrio inestable y que condicionan los fenómenos naturales habituales). La ruptura de ese equilibrio por cualquier causa genera el desplazamiento de sus componentes, que buscan instalarse en un nuevo ecosistema.

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