El turbulento 2001: el “nuevo Cavallo”.
El turbulento 2001: el “nuevo Cavallo”.
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Marzo 21: Cavallo, quien ocupara los ministerios de Relaciones Exteriores y de Economía durante los gobiernos de Carlos Menem, presenta al país su plan de reactivación económica (planes de competitividad) prometiendo crecimiento.
Marzo 23: La calificación de “riesgo país” de Argentina supera la barrera de los 1.000 puntos básicos.
Marzo 26 - 28: El riesgo de los bonos argentinos es rebajado por las calificadoras de riesgo Standard & Poor's y Moody's.
Marzo 29: Bajo presión del gobierno y a regañadientes, el Congreso otorga poderes especiales a Cavallo para impulsar la recuperación de la economía.
Abril 2: El gobierno anuncia que logró superar en u$s 1.000 millones la meta de déficit fiscal que se había trazado para el primer trimestre del año (u$s 2.100 millones).
Abril 2: El FMI respalda el sistema cambiario vigente en Argentina desde 1991; sin embargo, reduce su previsión de crecimiento para el año 2001 de 2% a 1,0/1,5%.
Abril 24: Argentina ofrece a los inversionistas canjear bonos por nuevos papeles globales pagaderos en 2008, 2018 y 2031.
Junio 3: El gobierno da a conocer el resultado de su plan de rescate de bonos a cambio de pagarés y otros instrumentos financieros: u$s 29.477 millones.
Junio 15: Cavallo anuncia una nueva medida para estimular la economía: el “factor de convergencia” para el comercio exterior. Éste busca abaratar las exportaciones y encarecer las importaciones vinculando el valor del dólar (equivalente al peso) a la cotización de la moneda comunitaria europea, el euro.
Fuente: elaboración propia en base a BBC, 20-12-2001, “Cronología de los años de De la Rúa”
En este marco se da el “segundo giro” de Domingo Cavallo comienza por la política de déficit cero que anuncia a comienzos del mes de julio. Dado que los “planes de competitividad” y el “nuevo Cavallo” no estaban logrando demasiado éxito en su proyecto de reactivar la economía, y que el Fondo Monetario Internacional comienza a enviar señales de que no apoyará los canjes de la deuda, el ministro de Economía gira hacia la ortodoxia fiscal. Tuvo que recalcular, y ceder ante las demandas de aquellos que no respondían positivamente al espíritu del primer plan. Hay que destacar que el presidente De la Rúa no envía claras señales ni orienta a la opinión pública. Domingo Cavallo es el encargado de comunicar todos los movimientos de la política económica.
La oposición peronista, después del “escándalo de la Banelco”, tuvo una postura ambivalente frente al gobierno. Apoyó la ley de “déficit cero”, que contaba con una justificación interesante: según Mora y Araujo, la opinión pública en los estudios cualitativos “apoyaba la medida” (comunicación personal, realizada entonces). El justicialismo, por momentos, parece ser el primer sostén del gobierno: en las elecciones de octubre de ese año, que ganó, los candidatos peronistas tenían mensajes más constructivos que los oficialistas. Sin ir más lejos, en la ciudad de Buenos Aires el Partido Justicialista estuvo representado por Daniel Scioli como primer diputado en la lista que lleva como senador a Horacio Liendo (h), del partido de Cavallo, Acción por la República.
Esa alianza entre el PJ y el cavallismo se llamó “Unión por Buenos Aires”, y tenía la característica de que apoyaba al Ministro de Economía mucho más que la lista de la Alianza, que encabezaba el ex Jefe de Gabinete Rodolfo Terragno, a esta altura casi un opositor. El peronismo porteño estaba ahora representando por el partido “Nueva Dirigencia”, de Gustavo Béliz. Y la hasta entonces aliancista Elisa Carrió, que había decidido romper con su gobierno tras la designación de Cavallo como ministro-y, sobre todo, tras la votación de sus poderes especiales de emergencia en el Congreso-ahora formó un partido nuevo, el ARI, que ya se había pasado a la oposición.
Lo que sucedía en la oferta de candidatos de la Ciudad de Buenos Aires era un indicador de la grave fragmentación política que estaba originando la tecnocratización. El estallido de la Alianza, que ya se había producido en el seno del gobierno, ahora estaba llegando cual ola expansiva al sistema partidario. El alfonsinismo, el frepasismo, el radicalismo universitario y ahora la diputada Elisa Carrió estaban dejando el oficialismo.
Carrió, aunque no era candidata, formó una alianza electoral con el Partido Socialista y otros dirigentes de centroizquierda provenientes de la Alianza que se desilusionaban de tener a Cavallo como ministro de su gobierno. Para ellos, Cavallo no solo era un tecnócrata que los había desplazado del gobierno. Era, también, la menemización de la Alianza. La razón de ser de la coalición entre la UCR y el Frepaso, su espíritu progresista, era la oposición al gobierno de Carlos Menem. Y con la incorporación de su otrora ministro estrella, la razón de ser de la Alianza ya no estaba disponible.
Esta división se daba también en la provincia de Buenos Aires. Allí Raúl Alfonsín, el líder más importante del radicalismo, no se animaba a enfrentar abiertamente al presidente De la Rúa, tal vez por un sentido de prudencia política. Pero sí lo hacía con Cavallo. Una de las cuestiones que se había planteado era la posibilidad de que el cavallismo se sumase formalmente a la Alianza gobernante. Y tanto Federico Storani, el ex ministro del Interior, como Raúl Alfonsín, candidato a senador por la provincia más importante, se negaron “rotundamente” a incorporar a dirigentes del partido de Domingo Cavallo a las listas de la Alianza en ese distrito. Alfonsín había amenazado con renunciar a su candidatura a senador nacional si se abrían negociaciones con el cavallismo.
El contexto de la reacción de los alfonsinistas era el aparente ofrecimiento de Fernando de Santibañes-ex jefe de la SIDE y operador político de Fernando de la Rúa-a la cavallista Alejandra Sturzenegger (concejala de La Plata por Acción por la República) del segundo lugar en la boleta de senadores que iba a encabezar Alfonsín. “Yo prefiero incluso quedar en un piso, que voten los radicales nada más, antes que el pueblo argentino sienta que estamos vinculándonos con una expresión de derecha”, declaró entonces Alfonsín. Storani agregó, poniendo de manifiesto todas las contradicciones que estaban allí presentes: “Una cosa es llamarlo [a Cavallo] por la emergencia económica y otra distinta es pretender que compartimos una cantidad de valores que hacen a un cuerpo de ideología mucho más fuerte, como para conformar listas comunes”. La situación era especialmente confusa porque Cavallo estaba negociando, en paralelo, con Duhalde para la incorporación de dirigentes de Acción por la República en la lista del PJ bonaerense.
También había reclamos cruzados en el bloque de diputados de la Alianza, cuyo presidente seguía siendo el frepasista Darío Alessandro. El Frepaso había abandonado el Ejecutivo pero no la coalición, que perduraba desde el Congreso. Pero se trataba de una pertenencia crítica, y que pedía retorno. Mientras Alfonsín se negaba a la incorporación formal del cavallismo al gobierno, Alessandro reclamaba el retorno del Frepaso al gabinete: “El Frepaso está dentro de la Alianza y está apostando a que al Gobierno le vaya bien, pero debe tener una presencia mayor en el Gobierno, no para ocupar un sillón sino para que su voz sea escuchada y para tener fuerza en el momento de las decisiones”. Las crónicas aseguraban que el Frepaso quiso sumarse al Gobierno cuando llegó Cavallo, pero no logró ponerse de acuerdo sobre el cargo; sobre el final, se logra la llegada de Francisco Cafiero, quien solo durará unas semanas.
La situación comienza a entrar en una fase de disyunción en el mes de noviembre, tras los resultados electorales y la evidente fragmentación partidaria que ponía de relieve la insustentabilidad política del gobierno de Fernando De la Rúa. Estaba por delante la reestructuración de la deuda pública (canje de bonos por nuevos papeles globales pagaderos en 2008, 2018 y 2031) pero se temía un fracaso de esta operación fundamental para que el país no cayese en default. Ante el temor generado entre los tenedores internacionales de la deuda de que la reestructuración fuera compulsiva, tal como se había hecho con los bancos argentinos, De la Rúa anuncia que la misma será “voluntaria”. Mientras tanto, el riesgo país se disparó a 2.121bp puntos básicos. El canje finalmente comienza el 1 de noviembre y en un solo día, el riesgo país subió 400 puntos, hasta llegar a superar los 2.500 puntos básicos. Bancos locales y gobernadores daban señales de apoyo pero ya nada parecía disipar el temor a la bancarrota de la Argentina. Continuará mañana.
(*) Profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas. Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, autor de 6 libros. @PabloTigani