Cadena de pagos rota, como consecuencia de la emergencia

Opiniones

Las dificultades que se inician en el plano financiero al no poder cobrarse lo facturado, se extienden velozmente al terreno productivo.

Más allá de sus consecuencias sanitarias, la emergencia surgida a causa de la pandemia ha generado repercusiones de diverso tipo en materia económica. Las más inmediata y notoria, como es obvio, se relaciona con la abrupta caída de las ventas de las empresas. Existen, no obstante, otras consecuencias sin tanta visibilidad pero que constituyen serias amenazas para la salud del aparato productivo. Quizás la más grave es la ruptura de la cadena de pagos.

En términos prosaicos, una cadena es una sucesión de eslabones enlazados entre sí. Del mismo modo, la cadena de pagos es el mecanismo por el cual el hecho de que un agente económico (sea una empresa productora de bienes y/o servicios o un consumidor final) abone una determinada mercadería o prestación permite, a su vez, que quien recibe ese dinero pague otra mercadería o prestación, y así sucesivamente.

En condiciones normales, este proceso tiene lugar de manera continua e incesante y posibilita que la actividad económica prosiga sin interrupciones. Como es obvio, para que el mecanismo señalado funcione sin inconvenientes se requiere que los agentes que asumen el compromiso de pagar sus obligaciones lo hagan en tiempo y forma. Si, por el contrario, se generalizan los incumplimientos, la cadena se rompe y el sistema entra en crisis (esta situación se manifiesta a través del incremento de la cantidad de cheques rechazados, el aumento de las facturas emitidas impagas y la imposibilidad de negociar ágilmente los valores de terceros en cartera).

Así, las dificultades que se inician en el plano financiero al no poder cobrarse lo facturado, se extienden velozmente al terreno productivo. Privadas de su capital de trabajo a consecuencia de la interrupción del cobro de sus ventas, las empresas comienzan a sufrir inconvenientes para el pago de las remuneraciones de su personal y la compra de sus insumos lo cual provoca trastornos en sus propios procesos fabriles. Se genera, de tal modo, un círculo vicioso de difícil resolución.

En la actualidad, distintas mediciones señalan que la situación antes referida ya se encuentra presente. La Fundación Observatorio PYME, por ejemplo, realizó a mediados del mes de mayo un estudio sobre las distintas acciones desarrolladas por las empresas para enfrentar la crisis (encuesta en la que participaron más de 1.600 MiPyMEs de todo el país). De dicho estudio se desprende que el 25% de las empresas encuestadas se hallaban inactivas, que el 8% del total corría riesgo de cierre definitivo, y que sólo el 46% de las mismas consideraba poder afrontar el 60% o más de sus obligaciones de mayo (incluso teniendo en cuenta la recepción de la ayuda oficial establecida mediante el Programa de Asistencia al Trabajo y la Producción).

A su vez, en su último informe de Panorama Productivo, el CEP (Centro de Estudios Productivos) consigna que las ventas verificadas entre el 12 de marzo y el 12 de abril pasados exhibieron caídas reales interanuales mayores al 30% en distintos sectores de la economía (entre los más afectados: recreación y cultura, hotelería, restaurantes, y construcción); señalándose también allí que sólo el 52% del empleo privado formal de AMBA se encontraba habilitado para circular (es decir, exceptuado del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio), lo cual brinda una idea aproximada del nivel de parálisis de diversas actividades productivas.

Los datos antes referidos indican claramente que una gran cantidad de empresas se encuentra atravesando graves dificultades. Y que, como es obvio, dichas dificultades generan a su vez tensiones tanto sobre sus situaciones financieras particulares como sobre la cadena de pagos de toda la economía.

Ricardo Proganó Director de Finanzas Corporativas SMS – San Martin Suarez y Asociados Firma miembro de SMS Latinoamérica

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