Problema para Bernanke: petróleo rumbo a u$s 80
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Un análisis exhaustivo de capacidad instalada sugiere que la OPEP-12 estaría en condiciones de proveer un aumento de producción de 4 millones de barriles diarios. Pero, si se excluyen los países sensibles (Irak, Irán, Nigeria, Venezuela e Indonesia), el margen disponible sería de 2,8 millones de barriles (una vez y media el aumento previsto para la demanda mundial en 2007). Sin embargo, la capacidad efectiva -sobre todo por la oferta en exceso de crudo pesado y rico en azufre y por restricciones en refinación- sería más limitada. Como fuere, la agencia de energía de EE.UU. estima que, si la OPEP en los próximos meses no vuelca 1 millón de barriles diarios adicionales, el drenaje de los inventarios redoblaría las presiones alcistas en los precios.
En ese marco, el viernes, el futuro de agosto de la variedad WTI cerró en 72,81 dólares en el NYMEX. Si se compara con los valores de mediados de enero, las cotizaciones se han encaramado ya 44% (lo que destaca la evolución modesta, en paralelo, de la inflación). Pero como las entregas físicas de crudo de los contratos futuros en EE.UU. se realizan exclusivamente en Cushing (Oklahoma) y su logística se ha complicado, el protagonismo del WTI como patrón de referencia pasó a un segundo plano. El crudo del Mar del Norte lo desplazó. La variedad Brent, el viernes, orilló los 76 dólares en el ICE de Londres. A tiro del récord nominal absoluto -78,65 dólares- de agosto 2006.
Se entiende que los pronósticos sobre petróleo son de extrema fluidez; mucho menos viscosos que el crudo. Pero un barril que supere los 80 dólares -lo que no pudo lograr la sorpresiva incursión militar de Israel en el Líbano el año pasado- surge como una distintiva posibilidad. La mera estacionalidad histórica de agosto -que, calculada desde 1982, presagia un avance promedio de 4%- bastaría para trasponer ese escalón. Por no mentar la amenaza de los huracanes, cuya temporada se vaticina activa con epicentro temporal previsto para agosto y septiembre. Habría de 13 a 17 tormentas a bautizar en el Atlántico y una prole de 7 a 10 huracanes probables.
El impacto de los precios de la energía sobre la canasta minorista de EE.UU. se incorpora a través de los precios de los bienes y servicios energéticos que se consumen. Combustibles (con una participación de 5,5%) y electricidad y gas (4,2%) son los dos renglones de mayor peso.
La nafta se presenta como el mercado crítico. Si se toma el galón de gasolina regular, sin plomo, sólo 48% de su precio final responde a los costos del crudo. Esta sería una buena noticia de no ser que la verdadera restricción operativa no estriba en la disponibilidad de crudo -los inventarios comerciales actuales en EE.UU. superan el promedio de los últimos cinco años-, sino en la limitada capacidad de procesamiento. Es nafta lo que escasea. La demanda, el último mes, resultó 1,4% mayor que un año atrás; los inventarios son 4% menores. Un 10% de la infraestructura de refinación permanece fuera de servicio pese a los incentivos de márgenes elevados. Y, para empeorar el cuadro, la temporada de utilización de automóviles -cuando se produce el pico de la demanda- marcha camino a su acostumbrada plena ebullición cuando culmine el verano boreal.
En esta encrucijada, el precio del galón responde con el frenesí que cabe esperar. Si en enero rozó 2,14 dólares; en mayo estampó un nuevo máximo de 3,24 dólares. O sea, trazó un recorrido de 51% en el precio final al público. Contra todos los pronósticos, su valor declinó durante junio. El viernes recaló en 2,98 dólares.
Bernanke podrá hablar tranquilo sabiendo que los precios minoristas del mes se beneficiaron de dicha retracción. Pero debe quedar muy claro que toda tregua es provisoria hasta que setiembre no arríe las ansias por transitar las carreteras.
Nada sugiere entonces que la Fed vaya a mover el dial de la política monetaria. Sintonizada en posición piloto hace ya un año, logró alinear la inflación con sus objetivos mientras la economía -si bien luce todavía débil- no ceja en su capacidad de crear empleos. Un balance, dadas las circunstancias, muy satisfactorio.




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