¿Cómo leer las señales del riesgo país?

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Exactamente al cumplirse un año del comienzo de la salida masiva de capitales especulativos de nuestro país, se repitieron episodios más que alarmantes: nueva disparada del dólar; suba astronómica del riesgo país (que llegó a romper la barrera psicológica de los 1.000 puntos); y derrumbe de acciones y bonos. Que, por supuesto, tendrá sus consecuencias inmediatas en un nuevo salto inflacionario, mayor recesión y una pulverización peor aún de salarios y jubilaciones.

¿Por qué sucede en este momento? Se escucharon muchas interpretaciones que ponen el centro en el “ruido político-electoral”. Pero ese análisis es extremadamente superficial. Empecemos por lo obvio: los acreedores internacionales creen que hay un riesgo extremo de default en el corto plazo (a partir de 2020).

El planteo tiene lógica: en 2020 apenas si entrará una última cuota del préstamo del FMI. En el mejor de los supuestos, habrá que salir al mercado a pedir 15.000 millones de dólares. Ya esto sólo abre el primer interrogante: ¿quién le prestará a la Argentina? Pero eso no es lo peor (hasta acá no se trata de un monto tan elevado). El gran tema es que eso es suponiendo que se produce un roll-over de todo el resto de los vencimientos de corto plazo (en un porcentaje elevadísimo, de al menos el 70% de todas las letras que están en circulación y vencen en estos meses). Y también con el supuesto de que se sigue renovando (y aumentando) el stock de leliqs. Y que la dolarización de activos se mantiene en términos moderados, y por lo tanto los plazos fijos y otros depósitos no “fugan” al dólar. Y, detrás de todo esto, que no se producen devaluaciones bruscas que impidan generar el superávit primario en dólares ya programado para destinar al pago de deuda. Como vemos, hay muchos, muchísimos supuestos en juego. Lo único concreto es que vencen 150.000 millones de dólares en los próximos tres años y nadie seriamente puede explicar cómo se pagarán.

Entonces aparecen en el horizonte dos palabras: “renegociación” (del acuerdo con el FMI) y “reestructuración” (de los vencimientos). Los acreedores ven esto o el default. ¿Existe la posibilidad de renegociar el acuerdo con el Fondo? La respuesta es afirmativa. Claro que no se tratará de una acuerdo “amigable” que permitiría el desarrollo de un plan de “redistribución de la riqueza” o “nacional y popular”, como suelen plantear los economistas cercanos al kirchnerismo. Se nos planteará, en cambio, reemplazar el actual stand-by por un “acuerdo de facilidades extendidas”, donde a cambio de extender los plazos de repago al Fondo, se le exigirá a nuestro país un mayor ajuste y las llamadas “transformaciones estructurales”: laboral y previsional. Recién después de cumplido este paso, podría empezar a abrirse la hipótesis de una reestructuración de vencimientos con los acreedores privados. Traducido: otro canje de deuda, el número enésimo.

Como vemos, los dos caminos son catastróficos: seguimos ajustando y haciendo “como si no pasara nada” repitiendo el mantra de que “la Argentina cumplirá estrictamente con sus compromisos internacionales” (como sostiene Macri y como también repitió Pichetto en Estados Unidos). Una afirmación que, leyendo el riesgo país, ya no nos cree nadie. O se va por el lado de la renegociación y la reestructuración, que significará más ajuste, más recesión y una deuda que, con los plazos extendidos, seguirá creciendo cual bola de nieve.

Frente a este panorama desolador, cada vez toma más entidad como única salida lo que venimos planteando desde la izquierda: romper con el FMI y suspender inmediatamente los pagos de deuda externa para volcar esos recursos a resolver las más urgentes prioridades: el salario, el empleo, la educación, la salud y la vivienda.

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