Salarios perderán la carrera contra precios
-
¿Libre albedrío? IA para condicionar y manipular
-
Más de un tercio de las empresas en Argentina ofrece beneficios para el retiro
Los salarios formales se indexaron a los precios desde hace varios meses y se observa una convergencia entre ambos índices. Pero los sueldos siguen a la inflación en una persecución de un equilibrio móvil que nunca tiene éxito, salvo por breves períodos.
1. Los ajustes por decreto y los incrementos del salario mínimo, junto con el impulso a la negociación colectiva, consolidaron la brecha entre formales y el resto de asalariados. Los salarios informales están ajustándose en el último año a tasas similares a las de los formales (a excepción de los meses en que se decretan aumentos), por lo que se conserva la brecha abierta desde la devaluación en el año 2002.
2. Dentro del sector formal, estas políticas generalizadas sacan del mercado a los sectores con bajos incrementos de productividad, mientras que les facilitan la negociación salarial a las empresas de alta productividad. Mirando la evolución de la productividad industrial, que se estancó en el tercer trimestre y cayó más de 3% en el cuarto trimestre de 2004, todo indica que numerosas empresas formales sólo podrán enfrentar los aumentos salariales con ajustes de precios nominales. En términos más agregados, con productividad estancada, los salarios no tienen chances de ganar la carrera con los precios.
3. La política sobre los asalariados formales hoy tiene un menor impacto directo en el mercado laboral que el que tenía hace 20 años. A comienzos de la década del '80, los asalariados formales privados eran casi 3 veces los asalariados informales. Hoy la relación cayó a 0,6 porque mientras el total de asalariados formales privados cayó casi 10%, los informales crecieron más de 250%; por lo tanto, el impacto directo de un decreto de aumento del salario mínimo o de los salarios en general era mucho mayor en el pasado que en la actualidad. No es claro, sin embargo, que el efecto indirecto de los incrementos generalizados sea menor sobre los informales, pues ello depende del estado del mercado laboral. Con exceso de oferta (alto desempleo), el derrame de los aumentos oficiales sobre el mercado informal es necesariamente lento.
4. La presión salarial que se ejerce con políticas públicas constituye en general un excelente mecanismo de propagación inflacionaria, ya que coordina a un número grande de agentes económicos para que eleven el precio del trabajo. Si bien la potencia de los aumentos generalizados es menor en la actualidad para lograr un aumento efectivo de todos los salarios (como se explica en el punto anterior), no está claro que el efecto de propagación inflacionaria sea mucho menor, dado que sigue siendo una política que informa y coordina a todos los agentes económicos de que se está verificando un aumento general de precios.
5. Los mecanismos generalizados de ajuste salarial tienden a introducir un elemento de «inflación estructural», por la vía de tratar de forzar el cambio de precios relativos (tratar que los salarios crezcan por sobre la inflación). El mismo efecto tiene la negociación colectiva centralizada, a la que converge todo este proceso de ajustes, ya que tarde o temprano, en una economía con alta inflación (digamos, por sobre 10% anual), el gobierno introduce «pautas de negociación salarial» que implican que todos los sectores se ajustan al mismo incremento salarial.
6. Estos procesos pueden llevar a dos tipos de intervención en materia salarial: políticas de represión salarial (cuando la política pública establece incrementos generales por debajo de la inflación, a efectos de « desindexar» la economía), o bien, políticas de aceleración inflacionaria (cuando se pretende recuperar ingresos reales). Estas típicas «políticas de ingresos» -aplicadas generosamente tanto unas como otras por gobiernos civiles y militares en el pasado- van acompañadas de controles de precios, es decir, en cualquier caso llevan a mayor represión económica.
7. Está claro que en un contexto de aceleración de los ajustes salariales, el gobierno mantiene instrumentos para reducir el impacto sobre los precios (política monetaria, cambiaria y fiscal), aunque la potencia de estos instrumentos es bastante dispar, y un resultado rápido antiinflacionario puede exigir niveles muy altos en el uso de esos instrumentos. Cuando la inflación se propaga, la política monetaria (aumento de tasas) puede requerir muchos meses (de 6 a 9 en la Argentina) hasta tener algún efecto. Además, el Poder Ejecutivo puede interferir evitando que las decisiones correctivas se tomen a tiempo, y ello termina por requerir algún shock drástico en el futuro que reemplace la inacción previa.
En suma, si bien actualmente la economía negra domina en la Argentina, y por tanto los aumentos salariales sólo van a una porción del empleo privado, las políticas salariales que se están implementando, junto con las limitaciones a la política antiinflacionaria del Banco Central, más la inconsistencia de metas que propone el gobierno (baja inflación con alto tipo de cambio, expansión fiscal y tasas de interés fuertemente negativas) llevan tarde o temprano a un escenario de controles generalizados, de efímero éxito.




Dejá tu comentario