24 de agosto 2005 - 00:00

Serio: freno en la creación de empleo no es transitorio

Serio: freno en la creación de empleo no es transitorio
El anticipo de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) permitió confirmar que la caída que se venía observando en la tasa de creación de empleos en los últimos trimestres no fue un fenómeno transitorio. Llama la atención que una economía que creció en la primera mitad de 2005 a una tasa muy similar a la del año 2004 muestre una expansión del empleo genuino que es casi la tercera parte del registro del año anterior.

Al mismo tiempo parece claro que -pasado el fuerte aumento durante la crisis de 2001/'02- el empleo informal cede lugar al empleo privado formal asalariado, en un proceso cíclico que, sin embargo, todavía deja mayor informalidad que a fines de la década pasada. El mercado laboral está, por lo tanto, mostrando en el año 2005 cambios respecto de lo que ocurrió en la primera etapa de la recuperación que deben ser tomados en cuenta a la hora de proyectar la situación de empleo y desempleo en los próximos años.

En el cuadro adjunto se destacan los cambios observados entre 2004 y 2005 en dos cuestiones: la participación laboral y la creación agregada de empleo (excluyendo planes). En lo que hace a la primera cuestión, la PEA (población que busca trabajo o está ocupada) cayó moderadamente en 2005, luego de elevarse transitoriamente el año pasado. La caída de 0,4 de punto porcentual en la tasa de actividad implica que -a pesar del aumento de la población total- hubo en la primera mitad de este año unas 166 mil personas menos buscando empleo. En condiciones normales cabría esperar que a nivel total urbano ingresaran al mercado laboral unas 210 mil personas al año sólo por efecto del aumento de la población, más unas 60 mil adicionales por un leve incremento de la tasa de actividad. En lugar de ingresar esas 270 mil personas, salieron unas 166 mil. Si la tasa de actividad se hubiera mantenido constante en lugar de caer, y todo lo demás constante, la tasa de desempleo hubiera sido de 13,3%, o sea 1,2 punto por arriba del valor informado por el INDEC de 12,1%.

• Perspectiva

No cabe esperar hacia delante un descenso permanente de la tasa de actividad, a menos que caigan fuertemente los planes de empleo. En este último caso, es probable que algunos de los que pierdan el plan también salgan del mercado laboral (en realidad, sólo ingresaron como población activa para recibir el subsidio), y con ello reduzcan la PEA agregada. En el segundo trimestre, la Encuesta Permanente de Hogares detectó, sin embargo, un aumento en el total de la población que recibe planes y dice estar ocupada. El aumento es pequeño (2,5% respecto del trimestre anterior), pero es un indicio de la dificultad para reducir significativamente los planes por debajo del nivel actual (1,5 millón en el plan PJJHD), sin afectar el nivel de « empleo». En suma, si no podemos esperar nuevas caídas en la tasa de actividad en el futuro, todo el esfuerzo deberá centrarse en aumentar la relación entre empleo y actividad económica (la elasticidad).

Esa relación, sin embargo, se está debilitando, y considerando sólo el empleo « genuino» (sin planes) en el segundo trimestre el aumento fue de 2,7%, con una economía creciendo cerca de 10% anual. La débil evolución en parte se explica por la declinación del empleo informal, ya que el empleo formal habría crecido a tasas superiores a 7% anual.

Seguramente menor empleo informal implica menor actividad del sector (no hay indicios de que los informales sean más «productivos»).

Pero más allá de la composición del empleo entre formales e informales (y de cuánto «blanqueo» laboral está teniendo lugar), el problema es que la actividad económica «arrastra» mucho menos empleo que antes. Los factores que pueden explicar esta debilidad (es decir, los factores omitidos en la relación simple entre empleo y actividad) son la evolución del precio relativo del trabajo, los cambios en la regulación laboral y la percepción de los agentes económicos sobre el clima de negocios.

Los dos primeros pueden haber jugado algún papel en el período, habida cuenta de que el costo laboral real (respecto de la evolución de los precios implícitos de la economía) creció poco más de 11% en el año que llega a junio de 2005, mientras que la productividad se estancó (en la industria, la productividad por hora en el segundo trimestre de 2005 fue apenas 0,6% mayor que un año atrás). Los cambios regulatorios no fueron muchos, pero se consolidó la idea de que las empresas perdieron la política salarial como parámetro de acción, y que de aquí en más todo cambio en las normas laborales hará que los costos del trabajo crezcan bien por arriba de los salarios.

• Inversión

Es probable que el tercer factor sea el más importante: una negativa percepción sobre el clima de negocios, que no sólo reduce la tasa de inversión en capital físico, sino también la inversión en capital humano. En efecto, a pesar de la notoria mejora de rentabilidad empresaria a partir del año 2003 ( devaluación más recuperación de actividad), la tasa de inversión se mantuvo por debajo de 19% del PBI (nivel que sólo se alcanzaría este año). Con escasa inversión, es de esperar que el empleo modere su crecimiento, pasando de altas tasas al comienzo de la recuperación (mucha capacidad ociosa que necesitaba incorporar empleo) a tasas más bajas en la actualidad, una vez que se alcanzaron elevados niveles de uso de capacidad y la inversión sigue baja, cerca del nivel de reposición. Con estas perspectivas en materia de inversión y una tendencia a la recuperación de los costos laborales sobre la productividad, es probable que la elasticidad del empleo al producto se mantenga en niveles muy deprimidos.

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