Desde la trinchera: nuevos desafíos para las organizaciones sociales

Opiniones

Las prioridades y objetivos de nuestros grupos de interés están cambiando y las organizaciones de la sociedad civil, inevitablemente, tendremos que hacerlo.

Asociaciones sin fines de lucro, fundaciones, ONG que trabajan con personas con discapacidad, mujeres emprendedoras, tercera edad, adolescentes y más. Las organizaciones de la sociedad civil podemos adquirir muchas formas, modalidades y especializaciones, pero hay algo que todas tenemos en común: buscamos enhebrar el tejido social para impulsar el desarrollo económico local.

Como actores de cambio, nos enfrentamos a muchos desafíos internos y externos que son compartidos. Por ejemplo, puede que en el día a día estemos enfrascados en las problemáticas que abordamos y que la instrumentación inmediata termine relegando la planificación estratégica. Este tipo de cosas hace que muchas veces sea difícil escalar el impacto social que tanto buscamos.

Muchos otros desafíos son popularmente conocidos, como la necesidad de financiamiento, la obtención de fondos y donantes para impulsar programas en la comunidad. Entendemos que es una pata fundamental y, a la larga, las asociaciones de la sociedad civil nos convertimos en malabaristas habilidosos para lograr un delicado equilibrio y mantener así una economía saludable.

Ahora bien, como a todos, el avance del Covid-19 y la profundización de la crisis económica nos sacudió y trajo nuevos desafíos. Por un lado, enfrentamos recortes de apoyos de fondos públicos y, más importante aún, la falta de un abordaje integral que contemple el apuntalamiento a las organizaciones que nos encontramos en la primera línea de combate. Por otro lado, muchas empresas aliadas a través de sus programas de responsabilidad social empresaria comenzaron a limitar y repensar su estrategia. Muchas de ellas, incluso, comenzaron a realocar recursos e impulsar actividades de impacto social de manera directa.

Nuevos paradigmas, nuevos retos, nuevas estrategias. El contexto cambió, eso está claro. Nos obliga a redefinir nuestros objetivos y nos invita a repensarnos como actores de cambio en un ecosistema complejo y en evolución acelerada.

Bajo esta lógica, las redes de apoyo entre organizaciones sociales cobran especial importancia: sirven para idear soluciones de manera colaborativa y entender mejor las problemáticas a los que nos enfrentamos. Es el caso, por ejemplo, de la Red Colaborativa de Líderes de ONG, cocreada hace dos años con la directora ejecutiva de Diagonal, Gabriela Halperín. Aunque hagamos foco en áreas diferentes -por ejemplo, Diagonal trabaja por la reinserción laboral de personas mayores de 45 años-, este tipo de redes intersectoriales son invaluables para compartir buenas prácticas, recursos y herramientas.

No sirve mirar hacia un costado: las prioridades y objetivos de nuestros grupos de interés están cambiando y las organizaciones de la sociedad civil, inevitablemente, tendremos que hacerlo. No importa si estamos atacando necesidades sociales en el plano de los emprendedores, de igualdad de género o reinserción laboral. Como buenos malabaristas, en esta nueva realidad tendremos que reinventarnos, aprender nuevos trucos y entender cuál es la mejor manera para escalar el impacto a nivel social mientras seguimos profesionalizándonos a nivel procesos, recursos humanos e institucionales.

Director ejecutivo de la Asociación de Emprendedores de Argentina (ASEA)

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