19 de marzo 2013 - 21:14

Conmovida, Cristina fue la primera en saludarlo

Cristina de Kirchner como creyente y católica no pudo evitar las lágrimas cuando saludó al papa Francisco al término de la ceremonia en la cual Jorge Bergoglio dejó de ser el cardenal de la Argentina para convertirse en el Santo Padre. "Muchas gracias, gracias por todo", le dijo muy emocionada. 

"Fue muy movilizante, Cristina quedó muy impactada", explicaban en el entorno presidencial. "Ver el enorme fervor popular que provocó Bergoglio y la corriente de simpatía hacia la Argentina que generó hacen imposible el no emocionarte", justificaban. 

A la jefa de Estado se la notó impresionada y con un ánimo templado. No pudo menos que compartir el mensaje que diera el Papa aunque, en realidad ningún político puede estar en desacuerdo con el concepto central de la homilía papal: "Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio".

La Presidente tuvo la posibilidad, por ser la Jefa de Estado del país de donde es oriundo el Papa, de tener una ubicación privilegiada durante toda la entronización como asimismo ser la primera en saludar al Santo Padre antecediendo a más de 130 mandatarios extranjeros.

Esta distinción, sin embargo, es mínima a la que le confirió el cardenal Bergoglio cuando la invitó a almorzar a solas rompiendo las costumbres del Vaticano.

Como política que es, Cristina supo aprovechar bien que los ojos del mundo estarían atentos al resultado de esa reunión para difundir el reclamo por las Malvinas. Mensaje que, más allá de ser una política de Estado para el Gobierno, es también un reclamo compartido por todos los argentinos.

Francisco podía simplemente tener la deferencia de recibirla en un encuentro "más para la foto", sin embargo, decidió brindarle más de dos horas de su apretada agenda y dejó que sea solo ella quien comunique al mundo el resultado del encuentro. "Nos ayudó a instalar a Cristina en todo el mundo", reconocían algunos que la acompañaron a Roma, "porque la Argentina ya estaba en la boca de todos desde el momento que Bergoglio fue nombrado Papa", explican.

Tanta generosidad con un Gobierno que siempre lo destrató fue algo que Cristina valoró y mucho. En este contexto, se explica que rápidamente haya decidido recibir a Monseñor José María Arancedo, jefe del Episcopado Argentino y Arzobispo de Santa Fe. "El propósito es recomponer las relaciones con la Iglesia", comentaban en off the record.

La enorme popularidad del Papa argentino que cosecha la aprobación del 90% de los locales, según encuestas que manejan en la Rosada, lleva a que un ala del Gobierno, que no ve con buenos ojos mucho acercamiento entre la Iglesia y un modelo "progresista", se vea obligado a mascullar su fastidio, pero esto no significa que de ahora en más se conviertan en unos "conversos".

Si bien Cristina es la jefa absoluta y se cumplirán sus directivas de mantener un acercamiento con la Iglesia, uno de los problemas que enfrenta su Gobierno es el no contar, a veces, con funcionarios con la cintura política de la primera mandataria.

Un ejemplo de esta falencia es la relación con Brasil. Al respecto, la jefa de Estado se hizo un momento para correr hacia el hotel Excelsior en Roma para saludar a su par de Brasil Dilma Rousseff ya que no había podido hacerlo durante la asunción del Papa. Según se informó oficialmente "conversaron acerca de sus impresiones tras participar en la ceremonia de asunción del papa Francisco en el Vaticano" al tiempo que lamentaron no contar con más tiempo para abordar los temas que hacen a la agenda bilateral.

A principio de marzo, estaba prevista la visita de Rousseff a El Calafate para junto con Cristina analizar, entre otros temas, la situación de la minera Vale que, hasta ese momento, no había anunciado la decisión de retirarse del país. Asimismo, la firma de un préstamo millonario del Banco Nacional de Desarrollo de Brasil (BNDES) a tasas muy favorables para financiar el soterramiento del tren Sarmiento y el nuevo acuerdo automotor que debe firmarse a mitad de año, por mencionar algunos tópicos pendientes entre ambos países.

La muerte de Hugo Chávez impidió dicho encuentro de trabajo y una de las consecuencias fue que la minera Vale ya levantó campamento y ahora se está discutiendo temas de indemnizaciones. "El problema es que, a diferencia de Brasil, Cristina no cuenta con los colaboradores que interpretan cabalmente la posición de su Gobierno", se quejan el entorno presidencial.

En Roma quienes estuvieron cerca de la primera mandataria afirman que se abre una nueva etapa entre el Gobierno y la Iglesia. 

Incluso aventuraban que el estilo sencillo y humilde de su Santidad que cautivó al mundo también provocaría cambios en el kirchnerismo. De hecho, recuerdan que Cristina siempre apela a la unión de todos los argentinos aunque, cabe reconocer que, este mensaje de concordia no es manifestado por la mayoría de los kirchneristas. 

La duda es, cuando vuelva a la realidad terrenal de los problemas cotidianos, si este ánimo conciliador da lugar a la pelea para dar batalla contra los "enemigos del modelo". 

En los próximos días se irán conociendo si el Papa Francisco avanza con hechos concretos en tener una Iglesia para los pobres, como así también se verá cuánto afectó a Cristina el tener un Papa argentino que en segundos conquistó al mundo entero. 

Lo que quedará para el anecdotario será que la Princesa Máxima de Holanda se acercó especialmente a saludar a Cristina, que intercambió comentarios formales con el presidente de Italia, Giorgio Napolitano por estar cerca de la comitiva argentina. Que durante la ceremonia se la vio conversar animadamente con Julián Dominguez, el titular de la Cámara de Diputados y que su comitiva oficial finalmente incorporó a último momento a Alicia Oliveira, exjueza, y militante de derechos humanos.

A las 16 horas argentina, la Presidente partió rumbo a Marruecos donde la esperaba el Tango 01 para volver a la Argentina durante el transcurso de la mañana del miércoles.

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