1 de octubre 2003 - 00:00

17 de octubre: una plaza-kermesse para evitar piqueteros

La idea de festejar el 17 de octubre con una gran manifestación que cubra de «militantes» la Plaza de Mayo, recuperada por la juventud que debió desalojarla en 1974, quedó para una ocasión más propicia. Es razonable. Para esa operación masiva se requeriría la complicidad de las infinitas organizaciones de «piqueteros» con las que tiene trato el gobierno. Y, se contará más adelante, la relación con estas organizaciones se está deteriorando de manera progresiva.

Por eso, entre sus múltiples innovaciones, el ala izquierda del gobierno imagina una «plaza distinta». Se extrañarán las multitudes que cruzaron los puentes de Avellaneda y terminaron metiendo «las patas en la fuente» (escena que el paso del tiempo redujo a una fotografía acompañada del audio melancólico de Antonio Cafiero).

No habrá columnas con los puntos cardinales que ingresen, casi amenazantes, desde las diagonales que se cierran sobre el Cabildo. Tampoco pancartas o pasacalles firmados, la correspondiente agrupación en letras rojas, «presente». No será siquiera una «plaza del sí», mezcla de bombo y perfume importado, como la que armaron Luis Barrionuevo y la UCeDé para aplaudir el apogeo de Carlos Menem.

• Formato

Esta plaza, no menos heroica que aquellas otras, tendrá un formato distinto, haciendo juego con el posmodernismo de la nueva izquierda: se parecerá a una kermesse, con tiendas stands en los que será posible encontrar reliquias de la historia «del movimiento». Habrá de todo: medallas entregadas por la antigua Fundación Eva Perón, relojes pulsera con la efigie del General en el cuadrante, libretas de ahorro de La Caja Nacional de Ahorro Postal (con lagrimones del funcionario que la privatizó),textos escolares con registrosde la lecto-escritura peronista, la afeitadora a cuerda de Perón, una jeringa de Ramón Carrillo, una Singer regalada por el gobierno en 1952 y una foto dedicada de Archie Moore.

No pueden faltar escaparates con vestigios no tan antiguos de la militancia: prometen una colección incompleta de «El descamisado», un torno a pedal con el que Héctor J. Cámpora se estrenó como dentista en los '50, la bufanda sudorosa de José Ber Gelbard, fotografías asepiadas de los abrazos entre montoneros y militares en los gloriosos desfiles de Palermo del «Operativo Dorrego», donde la juventud de la burguesía nacional se abrazaba con los altos oficiales de las Fuerzas Armadas (después hubo un cortocircuito), las célebres Skippy de Patricia Bullrich y la lapicera con que Miguel Bonasso tomaba notas de actualidad para publicar en la revista de General Motors, donde publicaron sus mejores páginas (su pluma ha servido a más de un general,-como se ve). Habrá, como en las buenas exposiciones, pantallas con filmaciones de época: «La Patagonia rebelde», con el pasaje en el que Néstor Kirchner oficia de extra (la pasarán en cámara lenta), «La hora de los hornos» ( comienza con el alba para que se pueda ver toda a lo largo del día), «La muerte del viejo Reales (ahora el extra es Jorge Asís) y joyas como «El grito sagrado» (con Fanny Navarro), «Las aguas bajan turbias» (de Hugo del Carril) y los dibujos animados de Patoruzú.

Los organizadores de esta plaza-«recuperada» del 17 de Octubre forman un grupo selecto de funcionarios reclutados en distintas áreas del gabinete y algunos colaboradores externos: Alberto Iribarne, Carlos Kunkel, Eduardo Valdés, Juan Carlos «Canca» Gullo y Eduardo Luis Duhalde (el ex juez), entre los más caracterizados. Se hacen bromas mientras se imaginan los stands, en los que podría haber números vivos en los que Cafiero, Carlos Juárez o Manolo Quindimil relatan «in voce» sus experiencias con el matrimonio Perón. Entre esos chistes prospera el de, a la moda, proponer «una plaza transversal», es decir, con los manifestantes mirando hacia el Banco Nación y moviéndose por el eje Defensa-Reconquista.

La convocatoria a los «piqueteros», que se había imaginado hace un mes y medio, quedó en la nada. Kirchner decidió tomar distancia de ellos durante la campaña porteña, a partir de un consejo de Eduardo Alberto Duhalde (el ex presidente): «Si no sacás a los piqueteros del centro, vas a terminar perdiendo la elección de Ibarra». Ahora, esos dirigentes son recibidos con discreción en las oficinas donde se reparte la asistencia social del gobierno y, a los más extremistas, se los somete a debates ideológicos para convencerlos de que «acompañen estos 8 años de trayectoria burguesa hacia la revolución», como explicó un funcionario los dos mandatos que se esperan de Kirchner. Para la movilización oficial, los ministros prefieren no pedir ayuda que deba compensarse más tarde con favores difíciles. Por eso el nuevo formato de la plaza, que podría quedar transformada casi en una feria de artesanías.

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