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28 de febrero 2003 - 00:00

24 horas clave para que ministros consigan fueros

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Para el duhaldismo, el reparto de bancas es como para los neoyorkinos el de máscaras antigases. Expuestos a decisiones de emergencia como las que tomaron en el Ejecutivo desde enero de 2002 -por ejemplo, la pesificación-, los ministros temen que sobrevengan investigaciones incómodas, sobre todo en un país que ha decidido mandar a su dirigencia a los tribunales sin hacer demasiadas preguntas. La figura de asociación ilícita facilita ese desdén por los procedimientos. Sólo así se explica que todo el gabinete se haya atropellado sobre la lista con tanta anticipación: no se necesita cerrar la inscripción hasta mediados de julio, pero el consejo provincial del PJ decidió precipitar la decisión. Es para que desde el momento de la nominación cada ministro obtenga sus fueros.



En segundo lugar, Eduardo Camaño, presidente de la Cámara y coautor de la nómina con Duhalde. Camaño repetirá también en ese puesto si es que la lista se impone en los comicios. Detrás de Camaño, el canciller Carlos Ruckauf, quien volverá a ofrecerse como representante de los bonaerenses después de haberlos repudiado abandonando la gobernación como el virrey Sobremonte (se supone que sin el tesoro, porque ya lo había malgastado). «Rucucu» debió resignar su aspiración a controlar la jefatura de la Cámara, a pesar de las gestiones que habría iniciado Esteban Caselli en contra de Camaño. La cuarta jerarquía, para Graciela Camaño, la ministra de Trabajo, a ver si retienen a Luis Barrionuevo dentro del duhaldismo. Hasta aquí, los bendecidos por el Presidente.

Es cierto que José María Díaz Bancalari podía hacer apuestas anoche sobre el quinto lugar de la grilla. Pero todavía no había firmado. Debajo de este olimpo todo es guerra e incertidumbre. Desde un mismo escalón disputaban por su máscara de gas Alfredo Atanasof, Juan José Alvarez y Aníbal Fernández. Cualquiera de los tres podría ocupar el sexto lugar, aunque Atanasof exhibe una prelación que se debe a su condición de jefe de Gabinete. El embotellamiento provocará alguna zancadilla entre los colegas antes de que caiga la noche y Duhalde baje el martillo. Porque entre los tres candidatos hay que intercalar a una mujer para satisfacer el cupo. Peleaban anoche «Pochi» y «Chichí», es decir, Falbo y Doga. La primera, repite como diputada. La otra es ministra vicaria de su amiga Chiche Duhalde, verdadera encargada de la acción social del gobierno.

Allá abajo, donde empieza a sentirse frío, espera definiciones José Pampuro, fumando su pipa. Néstor «Lupín» Kirchner le promete un lugar prominente en su gobierno, pero el oncólogo prefiere la máscara. No hay que olvidarse que es quien contrata las encuestas que consume el gobierno. No es automática tampoco la incorporación de Pampuro. Desde anoche compite con otro duhaldista ultra, con ínfulas de diputado: Hugo Toledo, escribano que lleva el registro de los duhaldistas que decidieron abandonar la pelea por cargos. En ese listado figuran solamente Duhalde y Daniel Scioli, que aclaran haber renunciado a buscar otra vez los cargos que ya tenían (la presidencia en el caso de Duhalde, una diputación, en el de Scioli). Toledo ocupará nuevamente una banca y ya no necesitará permanecer «en negro» como lo tuvo el Presidente, manejando informalmente el área de obras públicas, lo que obligó a este ministro «de facto» a aclarar en cada reunión con empresarios «yo no existo».

Oscar Rodríguez, el segundo de la SIDE, también empuja. Se tropieza con el eterno sindicalista Lorenzo Pepe. Con Díaz Bancalari, Falbo y Miguel Saredi (impulsado por Camaño) es tal vez de los únicos que reeligen. Debajo de Rodríguez y Pepe está el secretario de Hacienda, Jorge Sarghini. Su jefe, Roberto Lavagna, en cambio, no irá al Congreso, igual que Ginés González García.

No alcanzan las butacas para tantos aspirantes. Primero, porque nadie asegura que la performance de Solá será tan rutilante como para hacer entrar 17 diputados. Segundo, porque el peronismo va dividido a esta elección legislativa y, por lo tanto, será difícil mantener el nivel tradicional del duhaldismo en las urnas. Además, los cálculos optimistas se basan en que Néstor Kirchner ganará las elecciones. Pero si, como revelan las encuestas que le acercan a Duhalde, es Carlos Menem el que tiene más chances, la lista más atractiva será cualquier otra (la de Luis Patti, Aldo Rico o Alberto Pierri) antes que la denominada «Duhalde conducción».

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