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29 de julio 2005 - 00:00

A la corrupción la vence la libertad

Un lector de Ambito Financiero desde Asunción, Guillermo Kelsey con oficinas en Shopping del Sol al 1700 de Asunción, nos envió un recorte del tradicional diario "ABC Color". Se sorprendió de la claridad de la nota del periodista y analista Porfirio Cristaldo Ayala y agrega el lector que "si bien está destinado a Paraguay se aplica como anillo al dedo a la Argentina". En realidad no sólo a la Argentina como se ve en los párrafos de lo escrito por Ayala. Veamos el artículo:

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Los países capitalistas no sufren la corrupción característica de los gobiernos estatistas gracias a la libertad económica. Esta frena la corrupción porque limita la injerencia del poder en la economía. El poder corrompe, por eso el liberalismo siempre desconfió del poder. En los mercados libres no hay lugar para la corrupción. Los estudios del Heritage, Fraser, Cato, Freedom House y Transparencia Internacional muestran que los países más corruptos son los más estatistas. A mayor libertad económica, menor es la corrupción, y a menor libertad económica o más estatismo, mayor es la corrupción. A su vez, a mayor libertad económica, mayor es la prosperidad.

La libertad económica es la libertad de trabajar, producir, comprar, vender, importar, exportar sin restricciones ni coerción del gobierno. Los 10 países de economías más libres: Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Luxemburgo, Irlanda, Estonia, Inglaterra, Dinamarca, Suiza y Estados Unidos están entre los menos afectados por la corrupción. Por otro lado, los países más estatistas como Brasil, Rusia, Zambia, Argentina, Paraguay, Venezuela, Laos, Zimbabwe, Cuba, Corea del Norte están entre los países más corruptos del mundo, en los que es común la captura del Estado por las elites y el abuso del poder público para beneficio privado.



Las excesivas restricciones a la libertad económica que soportan los países estatistas, en detrimento de su desarrollo, no existen en las economías libres. En Paraguay registrar una compañía toma más de 100 días, mientras que en Australia y Hong Kong toma 2 días. El costo de legalización es superior al ingreso anual, mientras que en países desarrollados los trámites son baratos o gratuitos. Lo mismo se observa en todas las gestiones en el sector público, desde los interminables trámites y aprobaciones necesarias para una exportación o importación, hasta el pago de impuestos. El resultado es que 70% de la economía es clandestino y en lugar de tributos se pagan coimas.

La realidad de la corrupción es que la naturaleza humana es proclive a ella. La diferencia entre un país con baja corrupción y otro con alta corrupción está esencialmente en el sistema económico, no en la educación, cultura, raza o religión. Los países muy poco afectados por la corrupción tienen economías bastante libres; en cambio, los más corruptos son todos estatistas. El único remedio eficaz contra la corrupción consiste en ampliar las libertades económicas, reducir las regulaciones y privatizar los monopolios estatales.

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