25 de marzo 2003 - 00:00

A pedido de Lula, Alfonsín entrevistó al general Chávez

Misión casi secreta de Raúl Alfonsín a Venezuela para entrevistar al general Hugo Chávez. Gente de la misma sintonía, tal vez, porque el argentino es miembro conspicuo de la Internacional Socialista y al mandatario tropical le fascina esa ubicación política, salvo en lo que se refiere a su oposición interna (Carlos Andrés Pérez, su adversario, es el referente del socialismo aunque parezca una broma). También los reúne hoy otra coincidencia: ambos se han manifestado contra la ofensiva norteamericana en Irak, más el venezolano -interlocutor de Saddam Hussein en algún momento- que su visitante.

Trascendidos formales hasta ahora del encuentro entre los dos dirigentes (un almuerzo casi secreto, el último sábado), inquieto Chávez porque la caída del precio del barril de petróleo le complica la economía de su país. No es por esa razón, claro, que se opone a la guerra. El interés por el petróleo siempre pertenece en exclusividad a los Estados Unidos. Alfonsín llegó a Caracas con buena voluntad y un mensaje. A esta altura, por más que integre la Internacional Socialista, se supone que este organismo no lo envió. Más bien viajó como mensajero de presidente: a pedido de Luiz Inácio Da Silva, Lula, nombre y no apodo, ya que él mismo ha exigido figurar de ese modo en el padrón civil identificatorio.

Salvo el propio Alfonsín, nadie parece conocer el contenido por el cual se le ha encomendado la misión, más allá de que el viaje tenga la cobertura de la Fundación Carter. Sí la causa de la elección: peso, influencia, cierto respeto en ese universo populista, también contacto y relación con fuerzas internas opuestas a Chávez. Pero, ¿cuáles son los fundamentos que le interesan a Lula para que exprese Alfonsín? Seguramente, él mismo ya se apartó del protagonismo en la región luego de la gaffe de proponerse como mediador entre la guerrilla y el gobierno de Colombia. Falla obvia: le otorgó status a los insurgentes. Ahora, apartado de esas pretensiones personales, ha elegido otro mediador, curiosamente al que conoce en forma superficial: se conocieron apenas el día que asumió el brasileño.

Se sabe que le preocupa algún tipo de desborde en un vecino como Venezuela, ya que a duras penas soporta la presión de otro vecino en ebullición (Colombia). Pero, ¿no será acaso Lula el canal por el cual otra nación interesada le pidió a Alfonsín que interviniera para que Chávez no pierda el control, sea el propio o del de su país? O acaso, en otra oportunidad, Madeleine Allbright no trianguló con Chávez a través de una visita del canciller argentino en ese momento, Adalberto Rodríguez Giavarini, quien transmitió en Caracas lo que deseaba Washington.

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