Cada organización tuvo su lugar ayer en la Plaza de Mayo que, para evitar las corridas y peleas del pasado, fue dividida exactamente en tres franjas. Diagonal Sur fue el camino reservado a los sindicatos, mientras que Roque Sáenz Peña lo fue para los piqueteros. El PJ tuvo sus privilegios: las columnas de algunas provincias y la de la JP entraron directamente por Avenida de Mayo. Milagrosamente convivieron en la Plaza Luis D'Elía y Emilio Pérsico con su enemigo en el gobierno Hugo Moyano o con intendentes del conurbano a quienes los piqueteros suelen hacer la vida imposible por considerarlos recién llegados al kirchnerismo. Hasta Hebe de Bonafini soportó que se le reservara un lugar privilegiado a Madres Línea Fundadora, sin mencionar que el Partido Comunista sobrevivió al acto casi por arte de magia.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Tanta organización, pensada para contener a los grupos irreconciliables que llegaron al acto, no alcanzó de todas formas para ocultar algunas desprolijidades típicas de un acto netamente de aparato como el de ayer.
Por ejemplo, quedó claro que en estos actos del kirchnerismo el discurso central poco importa para muchos de los presentes. Cuando faltaba todavía media hora para que Cristina de Kirchner comenzara su mensaje sobre el campo, en las inmediaciones de la Plaza ya podían verse a algunas columnas en retirada con las banderas enrolladas.
«No se escucha, creo que Cristina ya terminó», se escudaban algunas mujeres que partíanpor Diagonal Sur. No fue una excepción, sino una muestra de lo que sucede en este tipo de movilizaciones. El fin entonces no es el acto sino demostrar la presencia. Quienes llegaron en colectivos -con chicos, bebés y en algún caso en sillas de ruedas- debían cumplir con el mandato del jefe de grupo para poder renovar la pertenencia a alguna de esas asociaciones piqueteras que les garantizan la continuidad del plan. Para eso basta con la presencia -por lo menos eso pareció ayer- y la foto general en la Plaza. Después, tarea cumplida y a casa.
Se explica así, en parte, la diferencia entre la cantidad de gente que ingresó al acto y la que pudo verse después duranteel discurso. Más cuando muchos perdieron el miedo a poner en peligro su financiamiento mensual también por la tormenta que ya amenazaba.
Esos cruces de columnas que entraban y se retiraban al mismo tiempo se mezclaron en una nueva clase que puebla las marchas del peronismo. Ayer, por ejemplo, hubo presencia de grupos de turistas extranjeros que se entregan a conocer costumbres criollas y sobre todo a tratar de entender el fenómeno del peronismo. Franceses, alemanes, españoles y estadounidenses vivieron una «plaza peronista» con la misma fruición como si su agencia de turismo reality les hubiera reservado un tour a las cataratas de Iguazú.
Dejá tu comentario