3 de julio 2018 - 19:18

Aborto: no se puede legislar a favor de la violencia

Silvia Elías de Pérez.
Silvia Elías de Pérez.
Por Silvia Elías de Pérez.- senadora por Tucumán (UCR-Cambiemos)

Esta semana los senadores comenzaremos a debatir la ley de legalización del aborto que tiene media sanción de Diputados. Voy a votar en contra de esa iniciativa porque no puedo aceptar que el Congreso sancione una norma que pondrá fin a la vida de miles y miles de argentinos.

Sistemáticamente se trata de decir que nuestra posición es "confesional" para intentar rebatir lo que es un argumento técnico: nos apoyamos nada más y nada menos que la letra de la Constitución y los Tratados Internacionales firmados por Argentina, que consagran el derecho a la vida como el derecho humano fundamental. Si no se respeta este derecho, no hay posibilidad de ejercer otros derechos importantísimos como la libertad. No se trata, como nos quieren hacer ver, de una colisión de derechos iguales. Nuestro derecho positivo nos indica con total claridad que lo primero que tenemos que defender es la vida, el derecho a que los argentinos nazcan y puedan desarrollarse plenamente.

Además, estoy en contra de esta ley de legalización del aborto porque ella consagra la más grande e injusta de todas las discriminaciones: habilita el descarte de niños y niñas por nacer cuando éstos no son deseados por la madre. Hasta ahora, nuestra ley es restrictiva y avala el aborto no punible sólo en casos extremos. Ahora, se quiere habilitar el aborto hasta la semana catorce sin necesidad de justificar una decisión tan dramática. Superado dicho límite de tiempo, las causales de aborto no punible también se flexibilizan, permitiendo el aborto hasta los 9 meses amparándose en la definición amplia de salud física, psíquica o social.

Por ello creo que es imperativo que todos reflexionemos: si este proyecto se convierte en ley lo que triunfará en la Argentina no es el derecho de una mujer a decidir sobre su cuerpo sino el derecho a descartar la vida de los niños y niñas por nacer; se impondrá la discriminación más atroz de los más indefensos.

Nos quieren hacer creer que como los países más desarrollados han avanzado en al aborto irrestricto nosotros debemos imitarlos. Pero la experiencia de esos países nos indica, a través de estadísticas, el error en el que podríamos caer. España pasó de una tasa de 1,7 aborto cada cien mujeres en 1987 a 12,47 abortos cada cien mujeres en 2011 (en 2010 se legalizó la interrupción total). Ségolène Du Closel, de la Fundación Más Humanidad, señala que, según las estadísticas de Francia, una de cada cinco personas es abortada: se practican 200 mil abortos anuales y nacen 800 mil niños. Al escribir estos números siento un escalofrío en todo el cuerpo. Creo que estamos a tiempo de evitar la banalización del aborto, ese drama que sufren miles de mujeres. La solución no puede ser terminar con la vida del niño por nacer. No se puede legislar a favor de la violencia. 

Un Estado presente en la educación sexual para que todas las mujeres aprendan a planificar su familia y tengan a su alcance todo lo necesario para lograrlo, ésta es la única solución posible. En este momento tan decisivo siento que mi deber como senadora de la Nación es convocar a los argentinos a una gran revolución: la revolución de la vida. Si ella triunfa, nuestro país sentará las bases de una sociedad más justa e igualitaria.

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