8 de junio 2005 - 00:00

Acuerdo con los neo-K, nuevo dilema para Solá

«A Duhalde sólo le queda la avenida Pavón.» La frase la acuñó Felipe Solá y, de inmediato, se convirtió en un registro hiriente para graficar, según la mirada de kirchneristas y felipistas, la devaluación que padeció el duhaldismo en las últimas dos semanas.

La avenida Pavón cruza el conurbano: arranca 3en Avellaneda, pasa por Lanús y se pierde en Lomas de Zamora. Una continuación virtual llega, además, a Presidente Perón y San Vicente. En esos cinco distritos asienta su dominio hoy Eduardo Duhalde en el conurbano.

En parte es cierto: «Cacho» Alvarez en Avellaneda, Manuel Quindimil en Lanús, Jorge Rossi y Osvaldo Mércuri en Lomas, Mabel Müller y Oscar Rodríguez en Perón y los Arcuri, Antonio y Brígida, en San Vicente integran la armada que permanece junto al ex presidente.

No son, claro, los únicos. Con matices, unos más furiosos que otros por la avanzada de Kirchner y Solá sobre el PJ bonaerense, al lado de Duhalde permanecen Hugo Curto (Tres de Febrero) y Jesús Cariglino (Malvinas Argentinas) por citar dos jefes del conurbano norte.

Así y todo, el gobernador cree -o quiere creer que el poder de Duhalde entró en un proceso inevitable de deterioro. Para sostener esa teoría apunta que la reciente incorporación de intendentes al núcleo kirchnerista terminó por herir de muerte al ex presidente.

Sin embargo, el surgimiento de ese grupo, coordinado por Julio Pereyra, de Florencio Varela, y Alberto Descalzo, de Ituzaingó, inquieta a los felipistas. De hecho, aquellos se venden como kirchnerismo puro que, más allá del aval institucional, no responden políticamente a Solá.

Es más: a modo de distinción, y como un anzuelo para los duhaldistas que chocaron con el gobernador, el dúo
Pereyra-Descalzo (que suma a Raúl Othacehé, de Merlo, y Mario Ishi, de José C. Paz, entre otros) levanta la bandera de la Casa Rosada sin pasar por La Plata.

Ahora el desafío es unir los pedazos. Anteanoche, reunidos en el hotel Abasto Plaza,
Solá escuchó un torrente de preguntas de sus leales sobre cómo actuar ante esa avanzada. El gobernador ordenó a Florencio Randazzo que genere un enlace con Descalzo y Pereyra para combinar acciones.

Ayer,
Randazzo habló con ambos y acordó citas futuras para hacer un paneo sección por sección. Hoy, en tanto, en el American Towers, esos intendentes más el matancero Alberto Balestrini, Othacehé y otros peronistas cercados a Kirchner se reunirán para bosquejar un esquema común.

Pero mientras algunos felipistas miran de reojo el avance de los ex duhaldistas,
Solá es más pragmático: «Lo que no podemos juntar nosotros, Kirchner lo junta a través de ellos. A la larga, guste o no, vamos a estar todos juntos contra los muchachos de la avenida Pavón».

Ahí un cortocircuito: los duhaldistas kirchnerizados empujan (ver nota aparte) ante todo un acuerdo entre la Casa Rosada y Lomas de Zamora. Claro que nadie se anima a pronosticar los términos de ese eventual pacto.

Hay otro más áspero: el armado de la listas provinciales. Hay quejas felipistas por la aparición de dos factores sorpresa:
Kirchner, vía Carlos «Cuto» Moreno se apropió de la lapicera del Frente para la Victoria (FPV) y la nueva liga K que se suma a la mesa de reparto.

En adelante, sin contar a
Duhalde, las listas deberán partirse en tres: Kirchner, duhaldismo kirchnerista y felipismo.

Así y todo, surfeando sobre un optimismo extremo, el gobernador advierte que a
Duhalde sólo le quedan dos opciones -ambas trágicas-por delante:

1 -
Encerrarse en el PJ, reteniendo el logo e intentar una competencia contra la boleta que encabezará Cristina Fernández tras la cual, aun con fórceps, se unirán a todas las vertientes ligadas a Kirchner: los K históricos como Carlos Kunkel y Luis Ilarregui, los felipistas K que él comanda y los neo K que conforman los duhaldistas recientemente mudados, que ordenan Pereyra y Descalzo.

2 -
Aceptar el acuerdo, cada día más perdidoso, que le plantea la Casa Rosada. Ahora, según Solá, el pacto de repartir por tercios las listas provincias que Kirchner le propuso al lomense y este rechazo ahora, tras la mudanza de intendentes, será todavía más perjudicial para Duhalde. Lo mismo entienden algunos caciques, ahora definitivamente alineados con Kirchner: «Pasa el tiempo y el precio de Duhalde baja», dicen desde el conurbano profundo.

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