Los misterios del eslabón perdido de “cuadernos”, retorna Clarens y la oficina especial dentro de AFIP

Política

El aporte del financista, clave para las nuevas indagatorias. Las curiosidades detrás de su declaración. Singular omisión de Eskenazi y el factor Bonadio para GNL y Los Sauces. Siempre Mecikovsky.

El juez federal Julián Ercolini resucitó un tramo inquietante de la denominada causa “Cuadernos” y disparó una serie de llamados a declaración indagatoria para exfuncionarios y empresarios, algunos de ellos ya elevados a juicio oral. Pero bucear en este capítulo del expediente ofrece curiosidades. Pese a su difusión pública, la activación de la causa no guarda relación con los mensajes recuperados del celular de Roberto Baratta, sino con la misteriosa “confesión” del financista Ernesto Clarens, viajero frecuente a Carmelo. En los albores de la investigación con el fallecido Claudio Bonadio al frente, y ante el temor de quedar detenido, Clarens aportó un presunto elemento de prueba que era un documento de Excel con anotaciones de diversas empresas y supuestos emisarios de cada una que concurrían a sus oficinas para dejar a su cuidado cuantiosos montos de dinero, en pesos que luego eran cambiados con un margen de ganancia para él. El circuito, del 10% por obra, de alguna manera se superponía en protagonistas y obras por las que había recolección de desembolsos relatados en los periplos del chofer Oscar Centeno en sus bitácoras. ¿Los empresarios pagaban dos veces por lo mismo? Primer misterio de los muchos que encierra este tramo.

Clarens hizo tres declaraciones hasta lograr su calidad de arrepentido, con varios amagues de que no lo conseguiría, ampliamente publicitados. En el camino se hicieron sutiles pero significativos retoques a sus dichos originales y también al famoso Excel y sus solapas cambiantes. El 17 de agosto de 2018, apenas poco más de dos semanas después del estallido del caso, el financista aseguró: “había empresas que tenían línea directa, Cristóbal López no pasó nunca por mis oficinas, tampoco el Grupo Eskenazi. En realidad si pasó cuando falleció Néstor y se pelearon con Cristina. Deseo aclarar que en líneas generales luego de la muerte de Néstor la orden fue no continuar con la recaudación, aunque algunas venían igualmente a pagar, pocas, como por ejemplo Eskenazi Petersen”. No fue la única contradicción.

Cinco días más tarde y ante Bonadio, el mismo Clarens: “quiero hacer una aclaración del Grupo Petersen, mi única relación fue cuando estaba en Santa Cruz, cuando se privatizó el banco, lo único que hice fue la refinanciación de la deuda que tenía. Después nunca los vi. No estuvieron en ese sistema de recaudación en mi oficina. Fue un error que cometí cuando los mencioné. Yo siempre tuve a Cristóbal López como CPC y al grupo Petersen como PTC”.

Hasta ese momento, Clarens nunca había mencionado a CPC, la constructora del Grupo Indalo. El 31 de agosto, y luego de que los fiscales Carlos Stornelli y Carlos Rívolo volvieran a solicitar su detención e hicieran trizas su acuerdo de arrepentido, Clarens se recupera de su vahído y aporta más datos por escrito que completa los días subsiguientes para poder homologar su arrepentimiento el 8 de septiembre. Allí aparece el Excel de incomprobable origen y artesanal confección. Así, lo que en un comienzo era PTC, en idéntica nomenclatura a Petersen Thiele & Cruz, la nave insignia del Grupo Eskenazi derivó en CPC, alterando algunas letras. De todas formas, el flamante arrepentido no pudo nunca identificar al intermediario que habría recibido en su despacho por parte de la firma de Indalo. Segundo misterio.

En paralelo, y ya en octubre de 2018 se difundió una foto del juez Bonadio cenando, en un exclusivo restaurant, con el ex-CEO de YPF, Sebastián Eskenazi. La imagen tenía al menos medio año de antigüedad. No existían, entonces, los “cuadernos” pero sí existía la causa Gas Natural Licuado (GNL), el imán que Bonadio construyó para atraer la competencia y evitar que el caso de los escritos de Centeno atravesaran un sorteo entre los jueces federales. YPF era la principal subcontratista de Enarsa para varias de las tareas que supuestamente investigaba el juez. Pero hacía más de un año que el juez Bonadio había procesado a todos los imputados en el caso “Los Sauces”, en abril de 2017, luego de que tras ser apartado de Hotesur y gracias a Margarita Stolbizer se montara una causa melliza sobre la inmobiliaria de la familia Kirchner. Es la misma que luego, a la altura del juicio, volvió a estar unificada y terminó en el sobreseimiento dictado por el Tribunal Oral. Lo más curioso de todo es que en esa cena, Bonadio tenía enfrente suyo al primer inquilino de Los Sauces. Eskenazi, a cargo de un porcentaje significativo de YPF fue el primer ocupante de las oficinas por las que el juez luego acusó y envió a juicio a Cristóbal López. El interrogante es por qué la maniobra delictiva había sido quirúrgicamente recortada en el tiempo y los inquilinos sospechosos tenían alcance selectivo. Tercer misterio jamás revelado por ninguno de los investigadores.

Con la declaración de Clarens y su accidentado arrepentimiento, que ahora se utiliza como prueba para nuevas indagatorias, la causa “cuadernos” sumó tres porcentajes distintos que habrían sido recaudados en los “retornos” que las empresas supuestamente pagaban. Los otras dos cifras que no coincidían entre sí las arrimaron con rigor de certeza el valijero Leonardo Fariña y el empresario de la “Cámarita” Carlos Wagner. No solo pagaban dos veces, sino que pagaban distinto por lo mismo.

Hasta Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi se dieron cuenta de algunas contradicciones severas en la instrucción de Bonadio. “Cabe señalar que el imputado arrepentido -por Clarens- se refirió a diversas firmas, algunas de ellas también mencionadas por (Carlos) Wagner, cuyos representantes aún no han sido convocados, tales como Perales Aguiar SA, Cartellone SA, entre otras; incluidas ciertas empresas cuyos referentes habrían tenido vínculos con algunos de los protagonistas de esta trama -según resulta de público conocimiento-, tales como Juan Carlos Relats SA (JCR SA) o el grupo Eskenazi; encomendándose -en consecuencia- al magistrado instructor, que no dude en profundizar en esas líneas de investigación”, afirmó en su página 52 el fallo de los camaristas a finales de 2018. Se trataba de emprolijar los 6 listados provistos por Clarens en sus distintas declaraciones que contenían una nómina de 71 empresas, algunas de ellas con responsables convocados ahora por su sucesor, Ercolini. “Si bien no escapa a este tribunal que el nombrado financista se desdijo de sus manifestaciones en torno a este último conglomerado, lo cierto es que la firma Petersen Thiele y Cruz SA (de activa participación en el Grupo Eskenazi) figura en varias contrataciones públicas relevadas en el informe aportado por la Oficina Anticorrupción -vinculadas al rubro energía-; al igual que Cartellone y JCR SA, que aparecen con distintas contrataciones en el período investigado”, puntualizaron. “La aparición de estas y de otras empresas tornan necesario que el Magistrado (Bonadio) oriente la investigación a fin de dilucidar la responsabilidad que les pueda caber”, subrayaron. ¿Por qué Bonadio nunca hizo caso a su superior? Cuarto misterio.

En un incidente paralelo, que no está en el expediente principal de “cuadernos”, Bonadio cursó un pedido a la AFIP. El 19 de octubre de 2018, el juez le envió a Leandro Cuccioli una solicitud que tiene sellos oficiales. El objetivo era “hacerle saber que en la presente causa se han efectuado numerosas solicitudes de colaboración así como requerimientos de información a la Administración a su cargo, los que fueron debidamente canalizados y respondidos con la intervención del contador Jaime Leonardo Mecikovsky, entonces Director de Operaciones Impositivas del Interior del organismo a su cargo”. Bonadio había requerido información bajo secreto fiscal no a través del área jurídica o mediante el carril habitual de respuesta institucional ante requerimientos judiciales, sino que toda la información había sido monopolizada por un solo funcionario, elegido por el juez. Se trata del mismo que busca ahora impugnar una auditoría que lo ubica en el centro de maniobras irregulares desde uno de los organismos más poderosos de la administración pública.

“Resulta imprescindible, en base a la idoneidad, celeridad y eficacia demostrada, sea el contador Mecikovsky y su equipo quien coordine las tareas encomendadas por este juzgado”, culminó Bonadio su oficio. El juez quiso asegurarse, entonces, que nadie más en AFIP interviniera en “cuadernos”. Cuccioli le hizo caso. De otro modo, hubiesen tenido que desalojar una oficina de la sede central de AFIP que fungía como una extensión del juzgado de Bonadio para “cuadernos”. Con un vidrio esmerilado, tenía un cartel que rezaba “documentación reservada”. Muchos funcionarios se preguntaban qué hacía una delegación de Comodoro Py en el corazón mismo de la AFIP.

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