2 de diciembre 2005 - 00:00

Agravio a Lavagna

Un grupo de piqueteros afines al gobierno, en el momento de jurar ayer el nuevo gabinete, se dedicó a abuchear e insultar a Roberto Lavagna y a su mentor -y de Kirchner- Eduardo Duhalde. Tuvo que intervenir el Presidente para que la barra se callara, lo que hizo a medias. Un oportunismo agraviante, ya que estas mismas personas eran habitualmente invitadas por el propio jefe de Gobierno hasta hace pocas semanas para que aplaudieran al ex ministro en diferentes eventos. Y es Kirchner el encargado de evitar que ocurriese. ¿Lo alentó o no pudo frenar la insolencia de sus propios invitados?

Felisa Miceli, saludada por el presidente Kirchner, al asumir ayer como ministra de Economía. En el acto juró también el resto de los integrantes del nuevo gabinete.
Felisa Miceli, saludada por el presidente Kirchner, al asumir ayer como ministra de Economía. En el acto juró también el resto de los integrantes del nuevo gabinete.
Felisa Miceli fue la más vitoreada de los que juraron y, en el otro extremo -el de los más abucheados-, se ubicó Roberto Lavagna, convertido en eje y protagonista de los cánticos de hinchada de los piqueteros kirchneristas presentes en la jura de ayer. Entre los ausentes, Carlos Menem y Eduardo Duhalde, en ese orden, fueron los más castigados.

Los militantes de Barrios de Pie, MTD Evita, Octubres, 29 de Mayo y el MUP, entre otros grupos presentes, le dedicaron al ex ministro varios «hits» tribuneros, no precisamente elogiosos. Fue un momento incómodo, al punto que Néstor Kirchner calló a los revoltosos con una mirada fulminante hacia el Salón Sur, donde cantaban los militantes.

«Lo echamos a Lavagna y a Duhalde también, ya llegamos, compañeros, al poder»,
entonaron y siguieron con un cancionero más procaz sobre el ex presidente, además de otros dirigidos a Carlos Menem y a Mauricio Macri, estrofa esta última que fue la música funcional del ingreso de Aníbal Ibarra.

Olvidando que Miceli llegó al gobierno de la mano de Lavagna, cuando juró la nueva ministra, los «cantores» ejecutaron el clásico «patria sí, colonia no» y luego alguno se animó a imaginar que con esa asunción se levantan las banderas de «Santucho y Montoneros».

Más de un funcionario sonrió, pícaro, ante la ocurrencia estudiantil de los piqueteros de defenestrar a Lavagna. Kirchner, siguiendo la regla de buen anfitrión, fue más cuidadoso y ordenó silencio.

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