"Al enemigo, ni justicia"
Cierta vergüenza cívica se vivió ayer en el Congreso, con la jura de los nuevos senadores. Y otra vez los protagonistas fueron hombres del peronismo. Ni la urbanidad cultural pudo con esa tradición que impuso Juan Perón con aquello de que «al enemigo, ni justicia». Y fue lo que practicó Néstor Kirchner en el Senado, cuando juró Carlos Menem en la Cámara alta (foto). Evitó saludarlo con premeditación -las malas lenguas juran que, además, tocaba madera mientras le sonreía a su esposa-, casi como si no lo conociera cuando han sido públicos en el pasado los discursos lisonjeros a favor del riojano. Es cierto que luego ingresaron por senderos diferentes, siempre bajo el mismo techo justicialista, pero esa distancia no inhabilitaba para el desprecio. Al menos, para quien dispone de la magistratura presidencial y con el otro son parte del negocio de la política. Tampoco se vio el intento de Menem por un intrascendente apretón, luego de saludar a Gioja y a Acevedo; tal vez merezca que se recuerde que él tampoco estuvo gentil cuando perdió con Kirchner la puja por la presidencia y ni siquiera lo llamó por teléfono para felicitarlo.
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Kirchner, en realidad, había ido especialmente a presenciar la jura de su hermana Alicia. De todas formas, ayer hubo, además del color, gestos para recordar.
Kirchner ingresó al recinto cuando todo estaba listo. Llegó por la misma puerta lateral que utiliza Scioli diariamente acompañado por el vicepresidente, pasó un minuto a saludar familiares por el Salón Rosado y desde allí salió al recinto de sesiones.
Después de los aplausos, el Presidente se sentó junto a Sergio Acevedo y José Luis Gioja, todos de frente al recinto. Del otro lado de un atril con los Evangelios, se ubicaban Eduardo Fellner y Alberto Rodríguez Saá. Frente a ellos presenciaban Aníbal Fernández, Carlos Kunkel y Daniel Filmus, como únicos representantes del gabinete.
Comenzó, entonces, el acto con una rectificación por parte de Miguel Pichetto: «Vamos a aprobar la ratificación de los pliegos aprobados la semana anterior y el ingreso de los de Formosa», dijo el presidente del bloque PJ. En forma elegante estaba diciendo que, finalmente, se había decidido que las votaciones de pliegos de senadores de la semana pasada habían sido erróneas, un problema que se imputó a la propia Cristina, pero que ayer nadie quiso recordar.
Comenzó la jura por los formoseños Héctor Mayans, Adriana Bortolozzi y Luis Naidenoff, que como el resto de los senadores pasaban saludando a cada gobernador, a Kirchner y sólo después a los familiares.
En línea siguieron: los jujeños Guillermo Jenefes y Liliana Fellner, del Frente para la Victoria, y el radical Gerardo Morales; los riojanos Ada Maza, Carlos Menem y Teresa Quintela; por San Luis sólo Adolfo Rodríguez Saá y Liliana Negre de Alonso; por Misiones Maurice Closs y Elida Vigo por el Frente Renovador para la Concordia y el justicialista Luis Viana; por San Juan César Gioja y Marina Riofrío, del FPV, y Roberto Basualdo, del PJ; finalmente, por Santa Cruz, Alicia Kirchner y Nicolás Fernández, del Frente para la Victoria, y el radical Alfredo Martínez.
• Pendientes
Así se fue tomando juramento, uno a uno, a los senadores por Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, San Juan, San Luis y Santa Cruz, todos bajo la fórmula «Por Dios, la Patria y los Santos Evangelios», a excepción del radical santacruceño Alfredo Martínez, que sólo lo hizo «por Dios y la Patria».
Quedan ahora por jurar, entonces, los tres bonaerenses y el puntano Daniel Pérsico, que ayer faltó a la cita.
Hubo escenas curiosas, como la jura de Adolfo Rodríguez Saá, que si bien fue efusivo en su abrazo a Carlos Menem, lo fue mucho más con Néstor Kirchner -con un fuerte apretón de manos- y después con Cristina.
Cuando le tocó el turno a Menem se hizo un silencio profundo en el recinto. El ex presidente juró y luego saludó a cada gobernador, incluso a Acevedo, y quedó a centímetros de Néstor Kirchner. Fue el momento de mayor tensión. Nadie podrá decir cuál de los dos le negó el saludo al otro -aunque hubo muchas especulaciones-, porque en realidad el gesto de frialdad pareció meticulosamente estudiado desde ambos bandos. El resultado fue que Menem terminó girando para lanzarse a un abrazo de su hija Zulemita, único familiar que lo acompañó.




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