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Luego de varias consideraciones, sostiene en su escrito que el gobierno necesitaba controlar políticamente el juzgado que hoy ocupa Rafecas, a quien -como él mismo prueba- el periodismo califica como un «pollo» del procurador Esteban Righi (según él, en esa magistratura hay varias causas que comprometen a la actual administración). Y, como sustento a su teoría, narra la curiosa situación de Rafecas, quien primero fue designado por el Ejecutivo como juez de Cámara y luego, a los cinco días, se lo removió de ese cargo para trasladarlo -lo que podría interpretarse como un demérito- a la titularidadde un juzgado federal-específico, el que hoy ocupa. Todo ese episodio, aprobado en dos ocasiones por el Senado, obviamente fue instrumentado por el gobierno.
Abunda más tarde en una serie de errores o apresuramientos de Rafecas, vuelve a cargar sobre Righi y, al final, personifica en la senadora de Kirchner la presunta operación del arrepentido Pontaquarto, a la que le atribuye -y acerca información periodística al respecto- un inmenso rencor y sed de represalia. Nadie sabe aún el impacto o el efecto de esta denuncia de Alasino frente a la OEA; lo cierto es que su saga de denuncias corre paralela y anticipatoria de la otra que protagoniza Pontaquarto.
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