30 de noviembre 2007 - 00:00

Alberto Fernández, desairado hasta por diputados kirchneristas

El jefe deGabinete,AlbertoFernández,volvió ayer alCongreso parasometer a losdiputadosopositores a suclásica ironía.«Agradezcoque no hayacomenzadoinsultándonos», replicó elmacristaFedericoPinedo.
El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, volvió ayer al Congreso para someter a los diputados opositores a su clásica ironía. «Agradezco que no haya comenzado insultándonos », replicó el macrista Federico Pinedo.
Alberto Fernández presentó ayer su último informe como jefe de Gabinete de Néstor Kirchner ante la Cámara de Diputados con una defensa de la renovación de la Emergencia Pública que el gobierno está forzando en el Congreso. Todos los bloques le preguntaron directamente por qué el gobierno insiste nuevamente con esa medida, pero sin obtener otra respuesta que la necesidad de continuar profundizando reformas: «Todavía falta mucho por hacer, por lo tanto, aunque mejoramos mucho, necesitamos mantener ese estado para terminar lo que aún queda pendiente».

El funcionario repasó toda la gestión de Néstor Kirchner agradeciendo a Dios, como hace siempre, el haber participado de su gobierno. Con ese mismo tono, más tarde acusó a un gobierno radical de haber ordenado el pago al Grupo Greco y hasta reivindicó que el Presidente «separó de su cargo a los funcionarios que estuvieron sospechados» en el caso Skanska, pero sin aceptar ninguna responsabilidad del gobierno por el escándalo. «Fue un episodio entre privados», repitió como hace meses.

Fue una sesión con aire de despedida, aunque Fernández continúe en el mismo cargo en el gobierno de Cristina de Kirchner. Quizás por eso, si bien la oposición cuestionó al gobierno, no hubo cruces demasiado duros. Ni siquiera cuando le recordaron la falta de seguridad y el ataque a su vicejefe de Gabinete, Jorge Rivas, a quien Fernández le deseó la «mejor de las suertes» en su recuperación.

Le tocó a Alberto Fernández el peor momento para concurrir al Congreso. En medio de las peleas entre oficialismo y oposición por el apuro en renovar la Ley de Emergencia Pública y el fin de año con la mitad de los diputados dejando sus cargos, poco era el entusiasmo por escuchar su informe.

Debió comenzar a las 11 de la mañana y terminó arrancando a las 14, cuando el oficialismo consiguió arañar el quórum con 130 diputados. Mientras tanto, tuvo que esperar más de una hora en las oficinas de Alberto Balestrini.

En total, esperó durante tres largas horas que los diputados kirchneristas se dignaran dar quórum para escucharlo. Largas rondas de café lo entretuvieron dentro y fuera del recinto. El episodio llegó al borde del papelón cuando Balestrini estuvo a punto de suspender la sesión porque no había suficiente auditorio para el ministro. Finalmente, casi adormecidos, muchos diputados ingresaron al recinto.

  • Castigos y elogios

    Como de costumbre, hubo dos grupos que fueron el centro de los ataques del funcionario: la oposición y los medios. Castigó a la oposición por criticar sin proponer. Pero no tuvo el mismo trato con todos. Elogió, por ejemplo, a algunos macristas: «Voy a empezar por dos amigos -porque así los considero a esta altura de los acontecimientos-, como son los señores diputados Federico Pinedo y Paula Bertol. Con ellos he logrado llevarme bien a diferencia de lo que pasa con su jefe, y esto se debe a una causa sustancial: es gente que trabaja y estudia, y que sabe de lo que habla. Por eso me cuesta mucho menos entenderme con ellos», dijo.

    Recordó luego que le sorprendió que Pinedo le confesara haber leído a Juan Domingo Perón, «pero hoy me sorprendió más al decir que tenía un abuelo socialista», explicó delatando cierta falta de conocimiento histórico y sin mencionar que ese mismo Pinedo mutó luego a un conservadurismo cerrado.

    «Kirchner hizo todo lo que dijo que iba a hacer. Esto en la Argentina es una revolución, pero estaría bueno que deje de ser una revolución. No peco de soberbio porque sé que quedan muchas cosas que corregir, pero tenemos que tratar de discutir las cosas más importantes y dejarnos gobernar por la honestidad intelectual», dijo sobre los opositores.

    A Elisa Carrió no le fue tan bien como al macrismo: «Esta no es una administración que se disfraza de pobre y mística», le dijo.

    No hubo definiciones sobrealgunas de las preguntas que le lanzaron en el recinto los diputados del PRO, el ARI-Autónomo y algunos partidos provinciales, por ejemplo, sobre el Consejo de la Magistratura, la inflación o la distribución de los subsidios al transporte.

    Para el jefe de Gabinete su uso de los « superpoderes» para modificar el Presupuesto nacional no fue abusivo: «Ríos de tinta se gastaron en el tema. Alteré el Presupuesto sólo cuando las circunstancias lo exigieron. Los diarios se cansaron de hablar de los superpoderes, pero ahora vemos que en casi todas las provincias pasa lo mismo», dijo, sin mencionar que en más de 50 oportunidades el Poder Ejecutivo reasignó fondos o dispuso mayor gasto producto de la recaudación excedente.
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar