29 de noviembre 2006 - 00:00

¿Alfonsín más kirchnerista? Casi imposible ganarle en 2007

Raúl Alfonsín y Daniel Scioli se encontraron ayer durante un acto en el Salón Azul del Congreso, donde ambos coincidieron en la importancia de la defensa de los derechos económicos, sociales y humanos.
Raúl Alfonsín y Daniel Scioli se encontraron ayer durante un acto en el Salón Azul del Congreso, donde ambos coincidieron en la importancia de la defensa de los derechos económicos, sociales y humanos.
Desayuno frugal, debido a que no hubo tiempo para comer medialunas y otras delicias horneadas (hasta había madelaines para el orgullo de Proust, no demasiado concurrido por los presentes). Todos, de prisa, se entusiasmaban con dialogar con Raúl Alfonsín y él, sin demasiados prejuicios, se confesó ante un núcleo convocante -en la Asociación Dirigentes de Empresa- dominado por la tradición peronista (las excepciones confirmaban la regla). Singularmente, nadie preguntó ni el ex mandatario habló sobre Roberto Lavagna: o están desactualizados o el tema no interesa.

Le gustó al jefe radical, como corresponde a la edad, la evocación de viejos tiempos, aunque más interesaron otras precisiones. Ejemplo, cuando aludió a la crisis con el Uruguay por las papeleras, luego de que se le reconociera cierta habilidad por haber resuelto el problema limítrofe con Chile por el Beagle. «Miren -replicó-, aquí hubo culpas concurrentes, pero hay que reconocer con todas las letras que nuestra Cancillería fue negligente. Además -casi bromeando-, ahora piensan que se puede resolver algo trasladando el Congreso a Gualeguaychú. Pero tampoco crean que yo tengo una solución para lo que ocurre y en alguna medida me apena la forma en que han manoseado al rey de España.»

Palabras que entibiaban los oídos de justicialistas como el veterano Duilio Brunello, Carlos Brown (ahora operador de Francisco de Narváez), Samuel Muzicansky, Teresa Fernández González (recibió de premio, como si lo hubiera pedido, el gesto alfonsinista de que «Solá es un gran gobernador», lo mismo que decía de Eduardo Duhalde), Federico Bartfeld, Jorge Hugo Herrera Vegas, Eduardo Menem, Carlos Campolongo, el general Daniel Reimundes, Humberto Toledo, Alberto Coto (mano derecha de Lavagna) y Emilio Perina, entre otros.

Largo el desayuno, casi sin interrupciones para hambrientos -apenas si se deslizaban el café con leche-, en el que Alfonsín hizo otras afirmaciones:

  • Sobre Mauricio Macri: «No tengo problemas personales con nadie, a Macri no lo conozco y me parece un buen presidente de un club de fútbol. Pero no nos podemos juntar por juntar con cualquiera. Macri me resulta algo así como una derecha berlusconiana que no me gusta. En todo caso, prefiero una derecha como la de Enrique Pinedo de la década del treinta, aunque no con el fraude. Pero la de entonces creó el Banco Central, las juntas reguladoras, eran un lujo para la derecha de hoy». Un asistente de Macri no respondió y nadie le advirtió a Alfonsín que los conservadores son diferentes de los liberales.

  • Habló bien de Saúl Ubaldini, «a pesar de que me hizo muchos paros, pero cuando hubo que defender la democracia estuvo a mi lado». ¿Acaso pensaba que el sindicalista era golpista como sus antecesores?

  • Sobre Néstor Kirchner dijo que, en las pocas ocasiones que fue invitado a su cercanía, nunca hablaron de política. Pero admitió que tal vez se sintiera honrado de haber sido convocado, lo que no ocurrió con otros mandatarios como Menem, De la Rúa y Duhalde (se olvidó de que, al principio, Kirchner todavía cruzaba halagos con el bonaerense).

  • Hubo un intercambio de galanterías con Eduardo Menem, uno hablando a favor de cumplir la reforma constitucional del 94 fortaleciendo a los partidos políticos y Alfonsín añadiendo que, le guste o no a la gente, es mejor que haya fondos públicos para los partidos y no que se financien por vía empresaria.

  • Tuvo rasgos de humor para el cupo femenino: «Creo que sería prudente una eliminación progresiva, pero creo que eso ocurrirá dentro de 100 años».

  • Vaticinó que en 2007 «es casi imposible ganarle a Kirchner», lo cual entusiasmó a varios: pocos creen en sus dotes de pronosticador.

  • Sobre la crisis en la UBA, se lamentó: «Lo que ha ocurrido es una calamidad. Pensar que esa universidad ya no figura más entre las 500 más importantes del mundo...»

  • También, ya en tónica oficialista, dijo que «Daniel Scioli será el próximo gobernador bonaerense y es un muchacho con mucho futuro».

  • Dijo compartir la posibilidad de un Pacto de la Moncloa sobre 4 o 5 puntos básicos y, casi internándose en sus conocimientos de economía, sostuvo que debe seguir el dólar alto. Aunque se mostró a favor de mantener las retenciones al agro, le pareció una enormidad la prohibición de las exportaciones de carne. . Cerró, casi dolido, expresando: «Estos precios internacionales son tan fabulosos que, si en los ochenta los hubiéramos tenido los radicales (como si él hubiera compartido el gobierno de Fernando de la Rúa y no hubiese dinamitado esa presidencia), hoy todavía estaríamos en la Casa Rosada». No explicó allí cómo, en aquel momento, se debió haber intentado defender la democracia. Tampoco nadie se lo hizo notar.
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