28 de marzo 2005 - 00:00

Alta fragilidad para gobernar

En el canal de cable Hallmark se vio en estos días un semidocumental titulado «11 de Setiembre», día del atentado a las Torres Gemelas en Nueva York con más de 3.000 muertos. Los personajes, también con logrado parecido físico, actuaron con los nombres reales de los principales miembros del gobierno norteamericano en esas dramáticas horas y primeros días del atentado. En las escenas al aire libre y en el Congreso se reproducían las filmaciones verídicas sobre esos funcionarios, incluyendo al propio George W. Bush. En las filmaciones del Parlamento se vio a los reales Bill y Hillary Clinton, al alcalde Rudolph Giuliani y otros, incluidos destacados congresistas. Lo valioso del material televisivo estaba en las reuniones, sin filmación en su momento, desde ya, pero que eran revividas con esos actores y diálogos textuales, sin duda facilitados por el propio gobierno de Estados Unidos como un valioso aporte a la Historia de su país en un momento trágico.

Lo que importa fue observar que, producido el hecho y tras informaciones inconexas, el presidente Bush reúne a no menos de 20 personas, quizá más, donde estaban el jefe de la CIA; el del FBI; el entonces secretario de Estado, Colin Powell; jefes de asociaciones socorristas civiles; el vicepresidente Richard (Dick) Cheney; jefes de seguridad; los comandantes en jefe de las fuerzas armadas. Muchos más.

Se mostraban los diálogos y la adopción de las primeras decisiones, básicamente que cada uno indagara a fondo, para una posterior reunión, la información precisa de su área. En la segunda reunión, multitudinaria también, el presidente y todos los presentes escuchan informaciones detalladas de cada uno. Todos opinan. Se muestra cómo Condoleezza Rice -hoy secretaria de Estado en lugar del alejado general Powell- va tomando resúmenes que luego conversará con Bush, aparte de lo que éste haya escuchado.

Hay más reuniones en ese alto nivel. En una siguiente, el presidente anuncia qué resuelve hacer y qué debe cumplir cada uno en base a lo oído y las opiniones vertidas por los entendidos en cada área. Allí les dice que ahora le informará a la plenitud del gabinete ministerial ampliado con los titulares de las cámaras legislativas, la de Representantes y el Senado.

Se hace esta reunión, ya sin los expertos de áreas, pero sí con las máximas figuras de conducción del país. Se dispone allí en forma minuciosa un plan, inclusive mantener en lugar oculto al vicepresidente Dick Cheney como resguardo. Lo máximo posible en cuanto a diálogo y análisis se escuchó para hacer solventes las decisiones y luego se resolvió.

Posteriormente Bush se presta a una conferencia de prensa -algo lógico en un país democrático- y finalmente informa a ambas cámaras del Congreso en su famoso discurso posgemelas.

Quienes observaron en la Argentina este semidocumental no pudieron dejar de pensar en el total aislamiento y con la enorme precariedad con que se toman hoy las decisiones del gobierno en la Argentina. Una obsesión del presidente Kirchner porque «trasciendan» (sobre todo a la prensa) análisis de medidas en gestión, más una peligrosa autoestima personal a niveles exagerados en cualquier mandatario con responsabilidades, hace que Néstor Kirchner resuelva todo con un entorno de no más de cuatro funcionarios y su esposa, sospechándose que ninguno -incluida ella misma- es capaz de oponerles argumentos de razonabilidad a los suyos.

Ministros, parlamentarios, expertos, periodistas, opinión pública se enteran después con los hechos ya consumados desde la Casa Rosada. Cada día se considera más delirante la forma como se está conduciendo al país.

Así nos va. Un juez estadounidense acaba de embargar cautelarmente u$s 7.000 millones en bonos aceptados por el país para salir del default, jaqueando así el mandatario una operación de canje elaborada durante tres largos años, durante los cuales el país resignó u$s 15.000 millones en favor de otros países latinoamericanos (hoy las inversiones externas las encabezan la normalidad y la seriedad de Chile, que nos entregó el cuarto lugar para ser hoy primero con un gobierno de centroizquierda... pero en serio).

Una evidente «gaffe» del vicario castrense, que con tiempo debía irse por tan torpe falta, nos pone por un apresuramiento al borde de la ruptura con el Vaticano por ese negro y pueril decreto que rompe un concordato de validez internacional con la Santa Sede que rige desde 1957.

¿Habría visto la luz ese deplorable decreto si nuestro gobierno actuara cercanamente al norteamericano, escuchando las opiniones de todos los expertos, los ministros, la misma Iglesia? ¿A nadie se le hubiera ocurrido cómo podría actuar el juez norteamericano Griesa si el tema se hubiera tratado fuera del «minientorno» presidencial o el otro grupo aislado y mínimo de funcionarios del ministro Roberto Lavagna?

Gobernar un país de 37 millones de habitantes como se pudo gobernar Santa Cruz durante 12 años -y aun allí estuvo mal, porque se lo trató como un coto privado, casi un feudo- es un error grande, de consecuencias hoy en el país.

• Sin contrapeso

Néstor Kirchner no tiene contrapesos de opinión en su propio gobierno, no la quiere de la prensa y la detesta de políticos opositores. Está propenso así a cualquier error. ¿Cómo es posible que un canciller como Rafael Bielsa (a quien se lo quiere presentar como candidato oficial a un electorado tan quisquilloso políticamente como el de la Capital Federal) pasa a lo ridículo al decir que el obispo Antonio Baseotto puede ejercer su misión castrense cuando el decreto le quita la función? La imagen internacional es mala y también internamente sobreviene si el jefe de Gabinete sale a decir que «no hay inflación» cuando venimos de cero -hasta negativa en períodos anuales- en los '90 y ahora tuvimos 1,5% en enero, 1% en febrero y posiblemente más de 1% en marzo.

La toma de decisiones sin grupos pensantes reunidos para opinar y discutir sin temores es de dictaduras o de irracionales.

En el mismo semidocumental «11 de Setiembre» el presidente Bush como es lógico cuando ya tiene dominio de los detalles del atentado a las Torres Gemelas, escuchó expertos, ministros, titulares de todos los organismos vinculados, al vicepresidente, a los jefes militares, brinda una conferencia de prensa. Entiende al periodismo como idóneo para llegar a la opinión pública. Allí un periodista le pregunta: -Sr. presidente, cuando usted dijo que dio orden de captura de Bin Laden ¿es que lo traigan vivo? Bush lo mira y le responde: -Ustedes recuerdan al Lejano Oeste. Era «Buscado, vivo o muerto».

Después, en su hogar, su esposa Laura Bush le dice a su marido: -Deberías recordar que no estamos ya en Texas (donde fue gobernador) y que presides la Nación. Esa respuesta asustó a la gente.

La primera dama, Sra. Cristina Kirchner ¿le dirá a su marido «no estamos ya en Santa Cruz»? Alguien debería decírselo al Presidente.

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