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29 de enero 2003 - 00:00

Amadeo versus 2 ministros e intrigas contra Kirchner

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Sin embargo, la indignación de Ruckauf no proviene de este detalle del cocinero. Le atribuye algo superior: la responsabilidad de que él no hubiera podido acompañar al presidente Duhalde en su viaje a Davos. Más, hasta dispone de la información de que hubo un diálogo telefónico entre Duhalde y su embajador en Washington en el que éste aconsejó protagonismo únicamente para el titular del Ejecutivo y ningún otro ministro. Eso incluyó no sólo a Ruckauf, sino también a Roberto Lavagna, a quien bajaron del Tango 01. La excusa diplomática: no es pertinente abrumar a Anne Krueger otra vez con Lavagna, el que le provocó más de un disgusto político a quien sólo aspira a consideraciones académicas, y hasta sería clave distender relaciones a través de un trato personal del propio Duhalde con la Krueger. En el caso de Ruckauf, la recomendación de Amadeo era políticamente correcta: Ruckauf había cargado las tintas en exceso con la supuesta miopía del Fondo para entender la crisis argentina.



Pero el principal coletazo de estos desencuentros lo padeció Duhalde: Ruckauf insiste con no respaldar la candidatura de Néstor Kirchner y Lavagna se volvió a pronunciar en contra de ir en la fórmula presidencial con el santacruceño. Entre declaraciones y trascendidos, el hecho de que estos dos ministros se apartaran del postulante de Duhalde ha enrarecido el poder político del mandatario cuando más necesitaba demostrarlo. Tan fuerte ha sido este distanciamiento interno que otros hombres de la cercanía presidencial, inflamados por esta actitud disidente, desde hoy -en un cónclave secreto en un sindicato- comenzarán a tejer alternativas para desalojar a Kirchner del corazón duhaldista. Saben que han empezado los 15 días decisivos, cuando las encuestas tan imprescindibles para el mandatario empiecen a determinar si el huevo de Kirchner tiene o no galladura. Hasta ahora, como hay más humo que fuego, la sublevación comienza a gestarse. Duhalde espera una sola respuesta. Aunque lee los sondeos contratados por el gobierno, sólo actuará de acuerdo al informe que le brindará su encuestadora de mayor y única confianza: una profesional de Lomas de Zamora llamada Gladys Blandino.

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