Alberto Fernández se ganó una anécdota para contarles a sus nietos, ayer por la tarde, en Madrid. Suele ocurrir cuando se está cerca de Carlos Bettini, el embajador en España. Fue en el estadio Santiago Bernabeu, adonde llegó el jefe de Gabinete llevado por una pasión futbolera que se sobrepuso al jet lag. El partido entre Real Madrid y Real Sociedad llevaba ya 88 minutos cuando fue suspendido por una amenaza de bomba que llegó al diario independentista «Gara», habitual canal de comunicación de la ETA para advertir sobre sus movimientos.
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Frustración para Fernández, quien debió evacuar el lugar como el resto de la concurrencia junto al embajador y al consejero cultural en la embajada, Jorge Alemán. Aun cuando, pasado ya el dramatismo, algún pícaro comentara que el llamado no era de terroristas sino de hinchas de Real Sociedad que no querían ver a su club empatando 1 a 1, como estaba sucediendo. (Ver vinculada).
De todos modos, la experiencia debe haber sido aleccionadora para Fernández, no por pecados propios sino de algún colega del Gabinete: las comidas de Rafael Bielsa con vascos acusados de terrorismo en restoranes de San Cristóbal lucen distintas después de determinados episodios personales.
• Repasos
Anoche se comentaba el caso con menos tensión, mientras Cristina Kirchner, Fernández y Bettini comían en la residencia del embajador de la calle Fernando el Santo. La senadora se había recluido allí durante la tarde, rodeada de papeles con los distintos textos que deberá exponer en Madrid. En especial el de su disertación sobre derechos humanos en Casa de América, donde compartirá tribuna con Felipe González y el numen de «El País», Juan Luis Cebrián. Mientras tanto, el jefe de Gabinete repasó los argumentos que habrá de esgrimir ante las empresas de servicios públicos con inversiones en la Argentina. Allí no existe tanta inquietud respecto del marco regulatorio que se envió al Congreso, a pesar de que sea tan agresivo para las compañías. Más bien se pretende una definición más o menosterminante sobre la actualización tarifaria. Fernández, casi seguramente, dará dos premisas. Primero: muchas compañías no deberían quejarse porque vieron sus ingresos actualizados; son las que proveen a grandes consumidores.
Segundo: las que sirven a los clientes domiciliarios deberán esperar a que pasen las elecciones de 2005 pero tendrán una fecha cierta para el ajuste.
La novedad de este viaje de Cristina Kirchner y Alberto Fernández respecto del anterior realizado por Néstor Kirchner (en febrero) consiste en que los funcionarios se verán con empresarios que no están radicados en la Argentina. Se trata de astilleros, empresas de turismo, constructoras, que quieren saber qué claves deben tenerse en cuenta para ingresar con dinero al país durante la era Kirchner.
Es cierto, Fernández llevará adelante una agenda más convencional: visitará la cámara empresarial española (escenario de los primeros arrebatos del Presidente y reconciliada desde febrero) y a las grandes compañías de servicios y financieras: Repsol, Endesa (Edesur), Telefónica, Gas Natural Ban, los bancos Bilbao Viscaya y Santander.
Si se examina el itinerario que trazó Bettini a sus huéspedes (acaso sus mejores amigos dentro del gobierno, sobre todo la senadora, a quien conoce desde su adolescencia en La Plata), habría que descartar que durante las conversaciones de Madrid se profundice demasiado en la negociación con el Fondo, a pesar de la unánime cobertura de los diarios porteños. En principio, es posible que Fernández recabe opiniones de Pedro Solbes y de Miguel Sebastián, las dos voces de José Luis Rodríguez Zapatero en materia económica. Pero de allí a reclamar gestiones ante Rodrigo de Rato o solicitar, como se sugirió exageradamente ayer, una ayuda para adelantar el pago de la deuda con el Fondo, hay una distancia bárbara. Bastante tiene España (Rato) con haber contribuido al blindaje de 2001 con fondos por cuya devolución espera hoy en el Club de París.
Más que estos fuegos de artificio -el gobierno parece ser muy consciente de que carece de dinero para estas «martingalas»- el viaje de la senadora y el jefe de Gabinete servirá para preparar tal vez la visita más importante que recibirá
Kirchner durante el primer semestre del año próximo. Es la de Rodríguez Zapatero, que estará en Buenos Aires el 22 de enero.
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