27 de enero 2006 - 00:00

Amnistía a duhaldistas, paso previo a normalización de PJ

José María Díaz Bancalari
José María Díaz Bancalari
Más de uno deberá dar una prueba de lealtad tardía: votar sin chistar en Diputados la ley Cristina que reforma el Consejo de la Magistratura. Otros, más afortunados, no deberán soportar al cadalso de habilitar -y hasta defender un proyecto que antes defenestraron.

Un costo menor, fácilmente amortizable, para dirigentes que vivieron por años de y para la política, que ahora amnistiados por Néstor Kirchner pueden fantasear con que la «visa» que les cursaron para habitar el «planeta K» les proyecta más temporadas de gloria.

Sin embargo, con la admisión de los viejos rivales que ahora saludan a un amigo, Kirchner logra una capitulación histórica del peronismo bonaerense: le arrebata el volumen de delegados en el Congreso del PJ nacional que Menem jamás pudo quitarle a Duhalde.

Con eso, el patagónico dará otro paso hacia la normalización del peronismo, trámite que operará antes de mitad de año, cuando Kirchner asuma algunos minutos para luego delegar el manejo partidario en un vice o en un trío de vices que elegirá entre gobernadores amigos.

Mientras tanto, en 30 días los padrones de afiliados de Buenos Aires llegarán a las oficinas de la calle Matheu, donde opera el interventor, Ramón Ruiz, para ser sometidos a una depuración que se ejecutará con asistencia de la Dirección Nacional Electoral que conduce Alejandro Tulio. Toda una paradoja. Un radical oficiará de verdugo en el descabezamiento de uno de los instrumentos que el duhaldismo manejó por casi dos décadas para permanecer en la cima del poder: los padrones partidarios.

La cifra de afiliados fija la cantidad de emisarios que el peronismo de cada provincia envía al Congreso. Con 1,5 millón de anotados, sobre 3,2 millones del PJ nacional, Buenos Aires dominaba 40% de los congresales y, de ese modo, podía bloquear cualquier embestida.

Con la depuración -que según Ruiz le dijo a
Ambito Financiero comenzará en marzo próximo-, el porcentaje que Duhalde usó como «acción de oro» para frenar a Menem se licuará. Kirchner le habrá quitado, entonces, a Buenos Aires su poder de fuego partidario.

• Artificio

El trámite, sin embargo, supone un artificio gelatinoso en términos legales porque cada PJ es autónomo y, como tal, sólo puede revisarse los padrones a sí mismo. Pero, a diferencia de en los 90, cuando el duhaldismo toreaba al menemismo, ahora los bonaerenses se cuadran ante Kirchner.

Por lo pronto, son mínimos y aislados los vestigios de resistencia. El jefe y el vice del PJ bonaerense,
José María Díaz Bancalari y Hugo Curto, se alinearon con la Casa Rosada a fin de 2005, y anteayer en Berazategui se posternó el secretario general, Baldomero «Cacho» Alvarez.

Esto, sumado a que antes de la elección buena parte del peronismo ex duhaldista se había reciclado como neokirchnerista, da que si hoy se reuniera el Congreso del PJ nacional, la amplia mayoría de los entre 380 y 400 delegados bonaerenses vitorearía a Kirchner.

En los próximos meses -abril o, a más tardar, mayo- estará la prueba de eso: el PJ tendrá un Congreso nacional que proclame a Kirchner y una hilera de ex duhaldistas que den su aval con la mano levantada.

¿Por qué, entonces, el Presidente -atendiendo a una idea peregrina de
Carlos Kunkel, que ya lo había planteado a mitad del año pasado- busca depreciar la incidencia del peronismo de Buenos Aires? Muy simple: porque puede y nadie se animará a refutar esa operación.

Reclamará, además, incinerar los pedidos de expulsión que en el fragor electoral los capitanes del duhaldismo elevaron contra quienes se encolumnaron detrás de la candidatura a senadora de
Cristina Fernández.

Muchos de los que proponían a los gritos, en las oficinas de Avenida de Mayo,
excomulgar a los dirigentes que apostaban al Frente para la Victoria hoy suplican que Kirchner presida el PJ nacional y, además, que el peronismo se camufle bajo el FpV.

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