Llega Maurette a Defensa, a pesar de ser un hombre de Carlos Ruckauf, debido a que no pudo ingresar a la Cancillería (un lugar más apropiado para alguien simpático y dedicado a temas internacionales). Maurette supo cobijarse bajo el ala de Carlos Grosso en su momento y, su segundo apellido, es Anchorena, hijo de una mujer de esa familia que se casó con Roberto Galán. Típica inclinación peronista, como se ve. Como el prolijo Maurette, quien trabajaba en la Fundación Bapro, padecía el odio de Esteban Caselli, éste prefirió convencer a Ruckauf de que lo derivara del ministerio.
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Y así se evitaron tropiezos futuros, también que nadie cuestione con suspicacias razonables la actividad de Caselli. Con quien, en cambio, Caselli no mantendrá conflictos será con Jorge Faurie, al que conoce de los tiempos en que ambos servían a Carlos Menem -Faurie en términos profesionales, claro-, hombre de protocolo que en los últimos tiempos organizaba las cenas del ex gobernador pla-tense y, ahora, por supuesto, tendrá funciones claves y decisivas en la primera línea de Relaciones Exteriores. También típico del peronismo.
Con otra designación, en cambio, están disconformes el dúo Buono Ruckauf-Striano Caselli: ninguno de los dos parece tolerar que Diego Guelar haya sido nombrado embajador en los Estados Unidos. Esa, al parecer, ha sido una decisión exclusiva de Eduardo Duhalde y contra la voluntad del ahora tándem diplomático (debe recordarse que a Guelar ellos dos lo jibarizaron en la provincia). Como no pueden quejarse ni objetar, al nuevo embajador sólo lo espera la furia de los medios que responden al dúo.
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