8 de marzo 2007 - 00:00

Apatía en debut electoral del año

Catamarca (enviado especial) - El «fresco» de los 32° a las tres de la tarde y los chaparrones de este marzo húmedo despiertan entre los catamarqueños más intriga y curiosidad que la elección en la que, este domingo, votarán gobernador e inaugurará el calendario electoral nacional de un 2007 saturado de turnos desdoblados.

En ese océano de apatía, que se palpa en las calles vacías de propaganda y cotillón electoral, por lo que se proyecta que la concurrencia sería apenas superior a 50%, el radical K Eduardo Brizuela del Moral se trenzará en un duelo mano a mano con el gastronómico Luis Barrionuevo, candidato por el PJ oficial.

Entre la sospecha de un «resultado cantado» y la sequía en la oferta política -al menos comparada con 2005 cuando hubo tres boletas « pesadas»: en aquellos comicios compitieron el PJ, el Frente Cívico y Social (FCyS) y el Frente para la Victoria (FpV)- aparecen como los elementos que explican ese desgano al menos aparente.

No es un dato eventual: ya en marzo de 2005, votó poco más de 55%. Ahora las estimaciones oscilan entre 50% y, como mucho, 65%. Ningún pronóstico es imbatible, pero Brizuela, líder del FC, no tendría tropiezos en el camino a su reelección. Eso indican, al menos, las encuestas que leen en la Casa de Gobierno catamarqueña y las que rastrean, con cierta reserva, en Balcarce 50. Obvio: los números que maneja Barrionuevo muestran otro mundo.

El diputado, que tuvo su hora de gloria (y su infierno con urnas incineradas) en 2003, se mueve optimista. A pesar de que su campaña fue breve -recién está instalado en la provincia hace unas semanas- y, a diferencia de elecciones anteriores, la parafernalia electoral es menos profusa. Hubo, se nota, menor inversión política.

Barrionuevo se cuidó de no nacionalizar la pulseada. Incluso, a pesar del malestar que generó una foto reciente de Brizuela con Kirchner, hasta se permitió algunos elogios hacia el patagónico con quien, en el pasado, tuvo más de un entredicho. «Es el gran elector», dijo el gremialista que aspiró, con éxito relativo, a la prescindenciapresidencial (ver aparte). Ajeno al pulso nacional -en el último tiempo sólo vino Alicia Kirchner, en ronda de campaña-, en Catamarca se dará el primer ensayo de la Concertación Plural desde que, el 25 de mayo pasado, en su «Plaza del Sí», desde un balcón frente a la Casa Rosada, Kirchner llamó a construir un espacio de unidad.

Luego de una engorrosa interna, un sector kirchnerista comandado por Armando «Bombón» Mercado, ex cuñado presidencial, pactó con Brizuela: colocó a la candidata a vice, Lucía Corpacci Saadi, y mechó a sus delegados en las boletas de legisladores provinciales y en las listas municipales.

Ese ensamble generó un chasquido que todavía resuena. Eduardo Pastoriza, que había encabezado la victoriosa boleta del FpV en la elección de diputados de 2005, renegó del acuerdo y llegó al punto de acusar a Kirchner de «traicionar» a los catamarqueños. «Se borocoteó», castigó.

Barrionuevo intentó capturar ese descontento y arrió a peronistas que en 2005 se habían embarcado en una aventura que, suponían, los arrimaría a la provincia. Lejos del gastronómico y, distante de los entreveros provinciales, Kirchner eligió el camino corto y, en teoría, más seguro: pactó con Brizuela, potencial ganador.

Si fue acertado -como parece- se sabrá el domingo cuando 233 mil catarmarqueños puedan concurrir a elegir gobernador y vice, veinte diputados y ocho senadores provinciales, intendentes y concejales. La mayor atención está puesta en la capital, San Fernando del Valle de Catamarca, y sus localidades cercanas.

En ese «Gran Catamarca» se concentra 55% de los votos. Es decir: allí, además de autoridades municipales, se define la gobernación y el grueso de los diputados que se reparten por volumen, a diferencia de los senadores que se eligen por región.

Hay otro condimento jugoso: en Catamarca capital busca su reelección Ricardo Guzmán, un radical castillista -de la línea del ex gobernador y actual senador Oscar Castillo- que aparece en la constelación del radicalismo catamarqueño como un potencial y futuro rival de Brizuela si logra su continuidad.

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