Apoyos, amenazas y banderas quemadas
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«Los ataques contra Nueva York y Washington fueron actos de terrorismo. Del mismo modo, los ataques contra Afganistán también son actos de terrorismo», aseguró Syed Ali Shah Geelani, líder del partido religioso Jamat-e-Islami.
En las Filipinas, unos treinta activistas de izquierda quemaron fotos del presidente George W. Bush, en una protesta llevada a cabo frente a la embajada estadounidense. El gobierno filipino expresó su apoyo a los ataques, y puso en estado de alerta a sus tropas en prevención de una posible acción del grupo terrorista islámico Abu Sayyaf, del que se dice estaría vinculado a Osama bin Laden.
Críticas
Por su parte Mahathir Mohamad, primer ministro de Malasia -cuya población es mayoritariamente musulmana, se mostró crítico a la acción de Estados Unidos y afirmó que la guerra convencional no podrá vencer al terrorismo, dado que «sólo puede resultar en la muerte de personas inocentes». Y agregó: «Si querían entrar en acción, deberían haber elegido al enemigo indicado. Los apoyaría si atacaran a Israel, porque Israel ha asesinado a muchos palestinos».
En el Medio Oriente se produjeron las previsibles condenas de Irán e Irak. El ayatollah Ali Khamenei, supremo líder religioso iraní, sostuvo que el «real objetivo de Estados Unidos es la dominación y el expansionismo». El canciller iraní Kamal Kharrazi expresó preocupación de que la «vasta» operación militar contra Afganistán «no eliminará el terrorismo: podría incluso expandirlo».
En Irak, el diario «Babel», propiedad de Uday Hussein, hijo de Saddam Hussein, publicó ayer: «La agresión estadounidense es una forma de terrorismo organizado. EE.UU. y sus aliados fracasarán igual que en Vietnam, Somalia y en sus agresiones y sanciones contra Irak».
Los gobiernos moderados de la región, en cambio, escogieron el silencio, mientras su población denunciaba los ataques de Estados Unidos. En la Universidad Zagazig, al norte de El Cairo, decenas de estudiantes cantaban: «Gobernantes; ¿por qué están callados? ¿Tienen órdenes de América?». Egipto se cuenta entre los regímenes árabes que apoyaron la campaña lanzada por Washington.
En otras regiones, otros gobiernos calificaron los ataques como lamentables, pero necesarios. Por caso, el primer ministro australiano, John Howard, describió la acción como «una respuesta contra gente que, de acuerdo a los cánones de cualquiera de las grandes religiones del mundo, no puede autodenominarse el pueblo de Dios».




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