9 de octubre 2001 - 00:00

Apoyos, amenazas y banderas quemadas

Sydney - Muchos musulmanes en varias partes del mundo reaccionaron de manera airada a los ataques de EE.UU. contra Afganistán, saliendo a las calles y quemando banderas estadounidenses.

Militantes islámicos en Indonesia, que tiene la mayor población musulmana del planeta, amenazaron con «cazar» a los extranjeros y con atacar «objetivos occidentales».

Ayer su capital, Yakarta, se mostraba tensa; 50 vehículos blindados apoyados por centenares de policías antimotines armados custodiaban la plaza que separa la Embajada de los Estados Unidos del palacio presidencial. Unos 200 estudiantes se manifestaron frente a la representación diplomática antes de marchar hacia una oficina de las Naciones Unidas, donde quemaron una bandera estadounidense.

Las embajadas de EE.UU. y Gran Bretaña, así como las de otras naciones occidentales, lanzaron un alerta para que sus ciudadanos no se aventuren a las calles. El canciller indonesio, Hassan Wirajuda, dijo que el gobierno seguía la acción contra Afganistán «con gran preocupación».

Un grupo musulmán pequeño pero muy radicalizado, el Frente de Defensores del Islam, amenazó con lanzar una «guerra santa», y describieron a los norteamericanos como «terroristas que deben ser eliminados de la faz de la tierra».

En Kachemira, al menos dos docenas de personas resultaron heridas en manifestaciones contra los ataques militares aliados, en las que participaron algunos cientos de personas. Líderes de la principal alianza separatista de Kachemira denunciaron las incursiones aéreas contra los talibanes.

«Los ataques contra Nueva York y Washington fueron actos de terrorismo. Del mismo modo, los ataques contra Afganistán también son actos de terrorismo»,
aseguró Syed Ali Shah Geelani, líder del partido religioso Jamat-e-Islami.

En las Filipinas, unos treinta activistas de izquierda quemaron fotos del presidente George W. Bush, en una protesta llevada a cabo frente a la embajada estadounidense. El gobierno filipino expresó su apoyo a los ataques, y puso en estado de alerta a sus tropas en prevención de una posible acción del grupo terrorista islámico Abu Sayyaf, del que se dice estaría vinculado a Osama bin Laden.

Críticas

Por su parte Mahathir Mohamad, primer ministro de Malasia -cuya población es mayoritariamente musulmana, se mostró crítico a la acción de Estados Unidos y afirmó que la guerra convencional no podrá vencer al terrorismo, dado que «sólo puede resultar en la muerte de personas inocentes». Y agregó: «Si querían entrar en acción, deberían haber elegido al enemigo indicado. Los apoyaría si atacaran a Israel, porque Israel ha asesinado a muchos palestinos».

En el Medio Oriente se produjeron las previsibles condenas de Irán e Irak. El ayatollah
Ali Khamenei, supremo líder religioso iraní, sostuvo que el «real objetivo de Estados Unidos es la dominación y el expansionismo». El canciller iraní Kamal Kharrazi expresó preocupación de que la «vasta» operación militar contra Afganistán «no eliminará el terrorismo: podría incluso expandirlo».

En
Irak, el diario «Babel», propiedad de Uday Hussein, hijo de Saddam Hussein, publicó ayer: «La agresión estadounidense es una forma de terrorismo organizado. EE.UU. y sus aliados fracasarán igual que en Vietnam, Somalia y en sus agresiones y sanciones contra Irak».

Los gobiernos moderados de la región, en cambio, escogieron el silencio, mientras su población denunciaba los ataques de Estados Unidos. En la
Universidad Zagazig, al norte de El Cairo, decenas de estudiantes cantaban: «Gobernantes; ¿por qué están callados? ¿Tienen órdenes de América?». Egipto se cuenta entre los regímenes árabes que apoyaron la campaña lanzada por Washington.

En otras regiones, otros gobiernos calificaron los ataques como lamentables, pero necesarios. Por caso, el primer ministro australiano,
John Howard, describió la acción como «una respuesta contra gente que, de acuerdo a los cánones de cualquiera de las grandes religiones del mundo, no puede autodenominarse el pueblo de Dios».

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