24 de diciembre 2020 - 00:00

Telleldín, absuelto por AMIA: no hubo pruebas de su participación en atentado pese a vender la Trafic

Unánime decisión del Tribunal Oral Federal N°3, que consideró que no existen elementos para asegurar que el exreducidor sabía el destino que iba a tener el vehículo, ni formó parte de una célula terrorista.

La defensa de Carlos Telleldín, puso en duda de la existencia de una camioneta Trafic usada como coche bomba en el atentado a la AMIA.

La defensa de Carlos Telleldín, puso en duda de la existencia de una camioneta Trafic usada como coche bomba en el atentado a la AMIA.

El veredicto no fue por duda razonable. El Tribunal Oral Federal N°3 -presidido por Andrés Basso- tuvo unánime convicción de que no había prueba alguna durante el juicio AMIA II de que el exreducidor Carlos Telledín formara parte de una célula terrorista ni que hubiese sabido que el destino de la camioneta Trafic que vendió fuese el de estrellarse contra el frente de Pasteur 633. El resultado del juicio oral que comenzó -después de varios obstáculos- en mayo de 2019 y por el que desfilaron 70 testigos de forma presencial y en el cual se reprodujeron 60 testimonios más, dejó el sabor amargo de que sin nuevos elementos de prueba, la verdad acerca de lo ocurrido el 18 de julio de 1994, se aleja cada vez más. Hubo un cúmulo de indicios con los cuales el expediente, después de múltiples peripecias, arribó a la instancia de debate oral con Telledín como único acusado. El problema fue que con la prueba que se produjo luego en el juicio, todos fueron descartados. Y no pudo salvarse la instancia de probar que el exreducidor sabía para qué se iba a utilizar el vehículo, a pesar de haber sido, desde hace 26 años, el sospechoso perfecto.

Uno de los primeros movimientos del TOF 3, integrado por Basso y por Javier Ríos y Fernando Canero fue declarar la causa AMIA como delito de lesa humanidad, por ende imprescriptible. Así se descartó uno de los elementos postulados por la defensa y se rechazaron los planteos de nulidad y prescripción de la acción penal. Los fundamentos y los motivos de la decisión conocida ayer se darán a conocer el 26 de marzo próximo.

Por videoconferencia, Telleldín reiteró en sus últimas palabras su “inocencia total y absoluta” en el atentado, al exponer en el juicio en el que estuvo acusado de haber entregado la camioneta que voló la AMIA. A lo largo del juicio –el tercero en total por el caso AMIA, pero el segundo en materia del atentado- se establecieron algunas certezas: existió una camioneta utilizada como “coche bomba”; esa camioneta, cuyo motor apareció en los restos correspondía a una Trafic, cuyo último tenedor fue el exreducidor; la carrocería nunca pudo ser confirmada a qué vehículo pertenecía; y que Telleldín la vendió el 10 de julio de 1994. A través de otorgarle validez judicial a peritajes que habían sido incorporados, quedó firme la hipótesis de un coche bomba, descartando otras posibilidades que quedaron siempre latentes con el correr de los años como pistas sin investigar.

A su vez, quedaron desdibujados en el juicio todas las actitudes contradictorias en la que ingresó el acusado en un principio y recopiladas en la primera investigación que estuvo a cargo del destituido juez Juan José Galeano. Su nerviosismo tras el atentado, su voluntad de mudarse, que estaba asustado y su relación turbia con policías bonaerenses, sumergido en una actividad ligada siempre al hampa. Pero lo central, para el TOF no quedó siquiera esbozado: que supiera que la Trafic que vendió iba a ser utilizada para volar la AMIA. Por ende, el resto de la acusación formulada por las querellas –de familiares y de la AMIA-DAIA- sumada a la de los fiscales y el pedido de pena no fueron concedidos.

En síntesis, pese a la amplitud probatoria que tuvo el desarrollo del juicio, no hubo pruebas de su participación en el atentado ni tampoco del conocimiento de Telleldín sobre el destino criminal que se le dio a la Trafic. La sentencia disparó una serie de reacciones adversas a la decisión por parte de la DAIA y queja y resignación por parte de familiares de Memoria Activa que recordaron que los elementos de prueba con los que cuenta la justicia argentina fueron los mismos que produjeron aquellos que fueron juzgados y condenados por el encubrimiento del atentado, producido básicamente con el desvío de la investigación inicial, con eje en Galeano y los fiscales pero con apoyo político del entonces gobierno de Carlos Menem.

En sus “ultimas palabras” vía Zoom, Telleldín aseguró que ningún vehículo que vendió fue usado con fines maliciosos. Arremetió contra la fiscalía por haber armado un “perfil malicioso desde el primer día” sobre su persona, con “mentiras fraudulentas ingresadas por la ventana para perjudicarme”.

La Unidad Fiscal AMIA había pedido días atrás que Telleldín sea condenado a prisión perpetua por haber entregado la camioneta Trafic a sabiendas de que se iba a utilizar para el atentado.

Según había dicho la fiscalía, Telleldín actuó con “indiferencia y egoísmo”. Lo acusaron de ser “partícipe necesario del delito de homicidio calificado” en perjuicio de 85 víctimas, lesiones leves, grave y gravísimas en perjuicio de al menos 151 víctimas y daños.

Antecedentes

En 2004, el entonces TOF N°3 después de dos años de juicio determinó que toda la investigación que llevó adelante Galeano era nula por haber sido direccionada para acusar falsamente a los policías bonaerenses que fueron enjuiciados como nexo local para el atentado. La Cámara de Casación confirmó ese fallo que dejaba en foja cero la investigación por la voladura, tras la injerencia que había tenido la exSIDE en manipular la hipótesis. Sin embargo, cuando el caso escaló a la Corte Suprema, por mayoría se confirmó parcialmente la nulidad, dejando “vivos” los primeros 16 meses de la investigación. La bisagra fue la inclusión por parte de Galeano de la denominada causa “Brigadas”, que sirvió para involucrar a Juan José Ribelli y a otros policías, luego de la ya famosa “entrevista” entre el juez y Telleldín, donde se combinó el pago de u$s400.000 a cambio de que sustente esa versión. Todos esos hechos fueron juzgados en el veredicto en el que se concluyó que hubo maniobras de encubrimiento en la causa y que derivó en varias condenas. Casación reenvió a primera instancia el caso, y el entonces fiscal especial Alberto Nisman se inclinó por una nueva elevación a juicio de lo único que había quedado en pie tras la decisión de la Corte

La historia

Telleldín se dedicaba a la compra y venta de autos, algunos con procedencia dudosa. Una Renault Trafic blanca de la firma Messin SRL, dueña de la marca de ropa Daniel Cassin, se incendió en marzo de 1994. La empresa aseguradora Solvencia, perteneciente al Grupo Juncal Seguros, le pagó en concepto de destrucción total unos u$s16 mil. Pero allí asomó un negocio ligado al submundo del delito -el cual los testigos acreditaron- respecto al destino que tuvo la camioneta siniestrada: en lugar de dar la baja registral, los restos de la Trafic y los papeles del vehículo fueron a su vez vendidos al comerciante de autos Alejandro Monjo, de Alejandro Automotores. En ese estado, Monjo se los vendió a Telleldín el 4 de julio de 1994 quien, según declaró en el juicio, la llevó al taller mecánico de Claudio Cotoras para sacarle el motor. De la carrocería de la Trafic de Messin no hubo más rastros. Ninguna de las ventas sucesivas quedó registrada.

Pero Telleldín declaró que colocó ese motor en otra camioneta Trafic. Según su versión lo hizo en el taller Nitzcaner, que también declaró. Esa otra camioneta le había sido sustraída el 1 de julio de ese año a Pedro Sarapura. Telleldín afirma que tras publicar un aviso clasificado y desconociendo que se trataba de una camioneta robada, la termina vendiendo el 10 de julio, a través de un boleto de compraventa dudoso a nombre de un tal “Martínez”, quien nunca fue hallado. Clientes de Telleldín declararon en el juicio que la mitad tuvo problemas con la documentación de los vehículos que le compraban.

Los demás restos hallados en la AMIA, más allá del motor, permitieron establecer que se trataba de partes de una carrocería compatibles con una Renault Trafic, al punto tal de precisar que se trataba del modelo que tenía una puerta lateral. Pero hay una laguna en la historia: la Trafic robada a Sarapura y cuyo motor habría montado Telleldín sólo tenía puerta trasera. No venía con el portón corredizo en un costado. El motor de la de Sarapura, nunca apareció.

En el primer juicio que anuló toda la causa por irregularidades, el TOF 3 -con otra integración- dio por válida la existencia de un coche bomba y de la Trafic, pero reconoció entonces que aunque el motor hallado era de la camioneta quemada de Messin, no así la carrocería, y que tampoco coincidía con la de Sarapura. Por eso, sostuvieron que debió haber habido una tercera carrocería sin identificar sobre la que se montó el motor hallado. A lo largo de los años, Alberto Nisman buscó localizar el rastro de las camionetas. Según le confesó a familiares de las víctimas, en 2013, quedó sin evacuar las dudas respecto a cuatro vehículos que nunca halló, y cuyas carrocerías podrían haber sido compatibles. Hasta ahora, eso sigue siendo un misterio.

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