Avatares de la plaza
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El calor sofocante durante la manifestación provocó que algunos activistas utilizaran la fuente de la Plaza de Mayo para refrescarse.
Pasadas las 16, y rodeados de al menos una docena de patovicas sin identificación (vestidos todos de negro), José María Díaz Bancalari debió soportar un sofocón en la entrada de invitados vip sobre la avenida Rivadavia. Jorge Landau, apurado porque debía asistir a una reunión de la junta electoral del PJ con abogados de los hermanos Rodríguez Saá, se defendía ante los empujones y logró ingresar gracias a la ayuda de un funcionario de la Secretaría de Medios. Indignado, Felipe Solá rodeó toda la sede del Ejecutivo y se fue a la entrada ubicada por la calle Balcarce, donde los policías lo obligaron a volver a dar la vuelta porque su ingreso no era por ese sector. Afuera por unos minutos se quedó la diputada de San Miguel, María del Carmen Rico, una de las más agraciadas de la Cámara baja, quien quedó rodeada de piqueterosy manifestantes de la provincia de Buenos Aires pero custodiada por Carlos «Cuto» Moreno.
Justamente Cobos, el vicepresidente radical, fue uno de los últimos en ubicarse en el palco vip. Apurado, casi no saludó a la legión de diputados y senadores que, estoicos, soportaban el sol en las gradas. El mendocino se ubicó junto a Eduardo Fellner, presidente de la Cámara de Diputados, y ni siquiera le dedicó una sonrisa al gobernador peronista de Mendoza, Celso Jaque. El mandatario cuyano siguió el discurso de Cristina de Kirchner casi inmutable y apenas aplaudió algunos pasajes.




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