2 de abril 2008 - 00:00

Avatares de la plaza

El calor sofocante durante la manifestación provocó que algunos activistas utilizaran la fuente de la Plaza de Mayo para refrescarse.
El calor sofocante durante la manifestación provocó que algunos activistas utilizaran la fuente de la Plaza de Mayo para refrescarse.
No se acomoda todavía Néstor Kirchner a su rol de primer caballero. Al menos a los caprichos de su esposa en los actos públicos. El ex presidente subió al escenario a las 17:07 junto a Cristina de Kirchner, y luego de saludar a los manifestantes le dio una palmadita a la Presidente en la espalda y la dejó sola al frente del escenario. Pero la mandataria giró de inmediato para buscarlo y le hizo un disimulado gesto para que regresara a la línea del frente junto a ella. Alberto Fernández y Oscar Parrilli estaban agazapados en el fondo del escenario, chequeando sus teléfonos celulares y observando los ademanes de la jefa de Estado, quien revoleando su dedo índice estirado pedía que se enrollaran las banderas.

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Caótico ingreso a la Casa Rosada de la columna de dirigentes del PJ bonaerense.
Pasadas las 16, y rodeados de al menos una docena de patovicas sin identificación (vestidos todos de negro), José María Díaz Bancalari debió soportar un sofocón en la entrada de invitados vip sobre la avenida Rivadavia. Jorge Landau, apurado porque debía asistir a una reunión de la junta electoral del PJ con abogados de los hermanos Rodríguez Saá, se defendía ante los empujones y logró ingresar gracias a la ayuda de un funcionario de la Secretaría de Medios. Indignado, Felipe Solá rodeó toda la sede del Ejecutivo y se fue a la entrada ubicada por la calle Balcarce, donde los policías lo obligaron a volver a dar la vuelta porque su ingreso no era por ese sector. Afuera por unos minutos se quedó la diputada de San Miguel, María del Carmen Rico, una de las más agraciadas de la Cámara baja, quien quedó rodeada de piqueterosy manifestantes de la provincia de Buenos Aires pero custodiada por Carlos «Cuto» Moreno.

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  • El calor que hacía en Plaza de Mayo antes de la aparición de Cristina de Kirchner fue una tortura para los invitados vip. Parados en las gradas y con el sol pegándoles sin clemencia en los rostros, todos sufrieron la elevada temperatura. Hasta que llegó una heladerita con aguas frías y comenzaron a refrescarse. El primero en capturar la bebida fue Julio Cobos, acostumbrado a hidratarse bien como buen «runner». El vicepresidente compartió la botella con Florencio Randazzo. El ministro del Interior se la arrebató de las manos y Agustín Rossi, transpirado de arriba abajo y jadeando, también pidió la botella. Cuando se terminó esa botellita colectiva, Rossi abrió una nueva que enseguida le fue arrebatada por Juan Manuel Abal Medina. «Dame el agua», le ordenó el joven kirchnerista al jefe del bloque oficialista en la Cámara de Diputados. Julio Piumato, del sindicato de judiciales, incomodó a todo el palco vip con su camisa empapada en sudor.

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    Justamente Cobos, el vicepresidente radical, fue uno de los últimos en ubicarse en el palco vip. Apurado, casi no saludó a la legión de diputados y senadores que, estoicos, soportaban el sol en las gradas. El mendocino se ubicó junto a Eduardo Fellner, presidente de la Cámara de Diputados, y ni siquiera le dedicó una sonrisa al gobernador peronista de Mendoza, Celso Jaque. El mandatario cuyano siguió el discurso de Cristina de Kirchner casi inmutable y apenas aplaudió algunos pasajes.

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