Los seguidores de Alberto Fernández se destacaron ayer por las dimensiones del cartel que plantaron frente a la desaparecida Confitería del Molino.
• Otra coincidencia acercó ayer a Hilda Chiche Duhalde con Alicia Kirchner. Eligieron el color crema para vestirse. Cristina Fernández de Kirchner, en cambio, se diferenció con un tono beige claro en la indumentaria. Con gestos de arrobamiento, siguió gran parte del discurso presidencial desde la banca que le corresponde como senadora. En doble función, llegó al Congreso desde la Casa de Gobierno junto con Néstor Kirchner, como primera dama. Una vez en el palacio, pasó a desempeñarse como legisladora y se ubicó en un lugar preferencial, vecino al escaño del presidente provisional del Senado, el chubutense Marcelo Guinle.
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• El sistema de televisación por circuito cerrado de la apertura de sesiones permitió observar con detenimiento los planos de los funcionarios leyendo el discurso. Semejante despliegue desactivó cualquier atisbo de siesta o de cabeceo, sobre todo, entre los ministros que, en algunos casos (Roberto Lavagna o Carlos Tomada), se calzaron gafas para leer la versión impresa del discurso del primer mandatario. Ginés González García irrumpió en pantalla varias veces con una pose estilo Rodin, con la mano en la barbilla.
• Alberto Fernández fue uno de los más entusiastas a la hora de los aplausos al jefe, a pesar de que sus seguidores rompieron la veda propagandística de la movilización. No obstante que los organizadores de la marcha de apoyo a Kirchner se habían comprometido a llevar sólo banderas argentinas y dejar en casa las pancartas identificatorias, los hombres del jefe de Gabinete colgaron antes de las 10 un cartel en la esquina de la desaparecida confitería El Molino en homenaje a Alberto Fernández.
• Cerca de las 11, aparecieron otras columnas, como las de los piqueteros oficiales de Luis D'Elía, que no tuvieron empacho en desplegar trapos con consignas y siglas. El joven dirigente PJ Carlos Elías aportó un contingente muy numeroso, con bajo perfil. Los bonaerenses del PJ optaron por pintar banderas argentinas con leyendas «Primero, la Patria», y firmar con el nombre del distrito (una forma para que los intendentes pasaran el aviso). Otros fueron más originales, como los del PJ de Tigre, que se calzaron remeras con la leyenda: «Apoyo al presidente contra los buitres».
• Uno de los micros, que venía de la zona sur del conurbano, llegó retrasado porque se encontró con una protesta de vecinos de Avellaneda. Estos marchaban molestos porque la provincia, vía la Subsecretaría de Política Ambiental, clausuró la planta de tratamientos de residuos patológicos de Dock Sud; y lo hizo -se quejaban- para favorecer no a la gente damnificada que viene reclamando hace varios años, sino a la empresa que estaría en proceso de venta.
• Hubo varios gobernadores entre los invitados especiales, por caso, Felipe Solá (Buenos Aires), Jorge Busti (Entre Ríos), José Luis Gioja (San Juan), Eduardo Fellner (Jujuy) y José Alperovich (Tucumán), que aprovechó para hacerse un chequeo médico en la Capital Federal. Pero se destacó la presencia de ministros de la Corte como Antonio Boggiano, Juan Carlos Maqueda y Adolfo Vázquez, a quien el oficialismo promete destituir en la temporada 2004.
• Vázquez asistió a la inauguración del período de sesiones, tal cual acostumbra desde que asumió en el máximo tribunal. De paso, aprovechó para desmentir a Ricardo Falú, diputado tucumano del PJ y responsable de la comisión de acusación en materia de Juicio Político. «El dice que yo tengo una actitud altanera y que no respeto a los legisladores», cargó Adolfo Vázquez sobre Falú. «Pero siempre vine al Parlamento cuando me invitaron o fui citado a declarar», apuntó el juez. «Puede que sienta desprecio, en todo caso, por los diputados que firman dictámenes como el de Juicio Político en mi contra», se enojó Vázquez.
• Minutos antes de despotricar contra el fiscal de la Corte, Vázquez debió asistir a un desorientado Torcuato Di Tella, que deambulaba sin saber por qué puerta debía salir del palacio de las leyes, tras la ceremonia y el discurso de Kirchner. «¿Por dónde salimos?», interrogó con una sonrisa el secretario de Cultura a un ya experimentado Vázquez (es el segundo proceso de enjuiciamiento que enfrenta en menos de 2 años). «Creo que por allá», le respondió con amabilidad el magistrado.
• El cronista Miguel Bonasso buscó con afán los micrófonos de sus colegas para ponderar la gestión de Kirchner y promocionar su ascenso a la Comisión de Relaciones Exteriores. Mientras el grueso de los legisladores esperaba -aplicadamente- en las bancas la demorada presencia del jefe de Estado en la Cámara, Bonasso se paseaba por el salón de Pasos Perdidos y adyacencias en busca de otra cámara, la de TV. Hay que subrayarlo: no hizo discriminación entre medios estatales y privados, orales o escritos, cuando se lo consultaba micrófono o grabador en mano.
• «El Tula», el tradicional bombo del peronismo, reapareció ayer con su atronador instrumento y reabrió el libro de pases en la interna PJ. Después de su última performance -con acompañamiento de vientos- en la cancha de River (en el cierre de campaña de Carlos Menem-Juan Carlos Romero), el percusionista había desaparecido de la escena políticomusical. En la víspera, retornó en formato solista y se ubicó frente a la entrada del Congreso. «Vine a apoyar», dijo entre un golpe y otro. «Vine porque soy peronista; no vayan a decir mañana (por hoy) que soy kirchnerista», lanzó una carcajada.
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