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10 de noviembre 2006 - 00:00

Balestrini navega sin luces su precandidatura

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Alberto Balestrini
Rumia el dicho de Juan Perón que dice «El que arranca primero se manca». Por eso se mueve como quien vendió la hacienda y tiene que volver a casa con las alforjas llenas, solo y de noche.

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Alberto Balestrini tiene el capital que la política le pide al candidato: domina el distrito electoral más grande de la provincia de Buenos Aires, que equivale a más de una provincia, y puede decidir una elección provincial y nacional. Es suelto, como le gustan los dirigentes a Kirchner. Nunca se doblegó ante Eduardo Duhalde; se ufana de que nunca necesitó llevarlo a su distrito para una campaña electoral. Quebró en ese distrito inmenso a Alberto Pierri, en cuyos dominios nunca se ponía el sol. Fue «mosquetero» ante Duhalde junto con Felipe Solá, con quien ha buscado consuelo de solos y solas, y con Juanjo Alvarez.

En las últimas 72 horas hizo los deberes que se le exigen al candidato: reunió en su despacho del Congreso a todo el bloque Frente para la Victoria y los enfiló en la empresa de rodearlo a Solá, que ya había anunciado su capitulación. Con caricias los consoló a Remo Carlotto y a Cristina Alvarez Rodríguez en los estertores de su defensa de los fueros del gobernador.

Ayer redobló los alardes de fuerza: subió a un colectivo a todo el bloque y lo llevó a Moreno, en cuya intendencia, después del acto con el Presidente, le cantaron al gobernador los funerales de la lealtad. Le juraron acompañamiento hasta el final de la gestión, recelosos de que Solá retome el estilo de sus grandes piruetas y no le haga a Kirchner lo que, en estado de mucha menos necesidad, les hizo a Antonio Cafiero, Carlos Menem, Carlos Ruckauf, Domingo Cavallo y Eduardo Duhalde.

Ironiza sobre el desinterés que tiene para ser el candidato a gobernador el año que viene. Recuerda que en 1991, en un chalet que alquilaba Pierri en Pinamar, Duhalde le ofreció ser candidato a intendente de La Matanza. Era secretario administrativode la Cámara que hoy preside y bromeó: «Soy demasiado joven para eso, prefiero ser diputado».

Ahora ríe: «Soy demasiado viejo para ser gobernador, ¿no creen?». Quienes lo conocen le reprochan poca contracción a tareas duras de la política de elogiar, sí, la paciencia.

La chance de la gobernación es una obligación para un político en su condición, pero lo mortifica la suerte de quien arranca primero como el elegido de arriba.

  • Confianza

    La noticia de su candidaturasalió también de la Casa de Gobierno, adonde tiene acceso a despachos que otros -con más prosapia kirchnerista- ven cada tanto. El Presidente se confía con él como con pocos y le revela proyectos (sólo escuchan confidencias tales un Gustavo Posse o un Sergio Massa, dos que han acariciado la candidatura a gobernador a partir de lo que sale de la boca de Kirchner).

    Por eso repite también el sonsonete de que la pone de nuevo a Cristina en carrera presidencial. Esa nominación cumple la triple función que busca Kirchner cada vez que la lanza: 1) cancela cualquier discusión sobre la sucesión porque nadie se anima a lanzar ningún otro nombre; 2) siembra el espanto en el círculo íntimo que teme las iras de la senadora o que esa candidatura sea la tumba del kirchnerismo; 3) es el más eficaz llamador de alcahuetes, que usan la escalera del cristinismo para subir peldaños en el afecto presidencial -la obediencia debida es el combustible que mantiene encendida la llama del peronismo.

    Al margen, el temor de Balestrini se entiende.

  • Les teme a los climas adversos que crea el Presidente con su negativa a debatir con la sociedad. Kirchner no participa de ningún foro de discusión de políticas, no discute con los partidos, no va al CARI, desprecia IDEA, no dialoga con la prensa y participa a desgano en cumbres presidenciales. En todos esos foros se siente perdedor y cree que le van a imponer consignas contrarias a sus deseos, que piensa sólo pueden avanzar si se blinda ante los debatesy arremete sin mirar hacia adelante. De esos foros surge el clima que volteó a Carlos Rovira, que ya se llevó puesto a cuatro candidatos a gobernador, entre ellos al poderoso Solá.

    Balestrini viene de un bordado político donde ha perdido y ganado, pero forcejeando con sus adversarios. Tan versátil en sus elecciones, le cuesta sacarse de encima el mote de traidor que le lanzan sus adversarios. Pero no tiene con qué enfrentar el clima adverso si a él también se le pone en contra.   

  • Balestrini es candidato si Kirchner necesita una gran elección en Buenos Aires; el que mejor medía era Solá, él tiene los tantos de La Matanza. Pero el Presidente puede querer buscar suerte en otro esquema, un candidato no peronista, que lo haga volver a pelear con el duhaldismo, el Favaloro que nunca logró encontrar Duhalde, que también sabía que debía ensayar un cambio para que nada cambiase.

  • La experiencia del último mes indica que Kirchner no ha demostrado que su dedo sea infalible. Los cuatro gobernadores que perdió en pocos días los había elegido él y en ellos confiaba no sólo como gerentes de un «proyecto»; también lo acompañarían con elecciones provinciales en la misma fecha de la presidencial. Hoy tiene que rehacer todo. La deformación de la democracia argentina ha instalado como normal que sean los punteros quienes designen candidatos y sucesores sin consultar a nadie -ellos mismo se ungen como tales sin partidos ni afiliados, sin internas ni consultas-. Es saludable que el último mes termine también con ese método de nominación regia, al que Balestrini también debería temerle.
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