18 de mayo 2006 - 00:00

¿Barrionuevo con Kirchner? ¿Carrió lejos de Alfonsín?

Elisa Carrió, Luis Barrionuevo, Néstor Kirchner y Raúl Alfonsín.
Elisa Carrió, Luis Barrionuevo, Néstor Kirchner y Raúl Alfonsín.
El caso de Luis Patti, su rechazo o no por la Cámara para aceptarlo como miembro en la diputación nacional que obtuvo en las urnas -a definirse la semana próxima-, ha provocado alianzas imprevistas y, también, desavenencias impensables. Dos, por lo menos: el enlace Néstor Kirchner-Luis Barrionuevo y la ruptura Raúl Alfonsín-Elisa Carrió.

Aunque Néstor Kirchner insiste en repudiar cualquier entendimiento con el sindicalista gastronómico -«quienes no me quieren bien hablan de ese acuerdo»-, nadie ignora que la obediencia debida de la CGT al gobierno (y de su alineamiento militar para que todos los gremios firmen un igualitario 19% de aumento en cuotas como en los tiempos de Jorge Rafael Videla) no sólo obedece al protagonismo público de Hugo Moyano sino al tejido en las sombras de Barrionuevo. La sociedad mutual kirchnerista y barrionuevista también parece extenderse a Catamarca, donde ambas fracciones no han consumado la relación pero avanzan entusiastas con esa perspectiva hacia las elecciones del año próximo. Adláteres del Presidente, como Aníbal Fernández, negaban ayer ese posible contubernio.

Pero el martes próximo, más allá de declaraciones, objetivamente Kirchner y Barrionuevo establecerán una UTE de intereses compartidos para impedir que Patti acceda como integrante de la Cámara de Diputados. Uno porque desde la lectura de los derechos humanos desató la ofensiva contra el ex comisario y ex intendente de Escobar y desea, por lo tanto, consagrar el veto para su fiesta del 25 de Mayo (no olvidar que las Madres de Plaza de Mayo comprometieron su asistencia con los ex intendentes duhaldistas, los «gordos» y casi todos los gobernadores peronistas). El otro, debido a que la no jura del legislador -con quien coqueteó y algún trato realizóle abrirá paso al suplente de la lista, Dante Camaño, cuñado del gremialista, hermano de su esposa y diputada, Graciela Camaño.

  • Distancias

  • Simultáneamente a estos maridajes en el aparato oficial, por el mismo tema en fracciones de la oposición se generan distancias. Es que la UCR encolumnada con Raúl Alfonsín ha decidido respaldar la llegada de Patti al Parlamento: no sólo porque lo votaron más de 400 mil almas, sino hincándose en un informe de Ricardo Gil Lavedra -uno de los juzgadores que sancionaron a la Junta Militarque considera inadmisible negarle la asunción como diputado cuando no existe una condena judicial. Agrega, además, que de continuar la Cámara con medidas excepcionales como las reclamadas por el oficialismo (ya se frenó en su momento a Domingo Bussi, también elegido democráticamente pero sobre quien pesaba una pena de la Justicia), la sucesión de estas medidas extraordinarias pueden convertirse en jurisprudencia.

    Alfonsín, a quien no le debe causar ninguna gracia aparecer respaldando a Patti (lo que implica un acto de respetable coraje cívico), expresa además en sus fundamentos el propósito de preservar la institucionalidad legislativa, no someterla a una arbitrariedad, cuando está bajo riesgo por un número de políticos que sin el sostén de una sanción jurídica se permiten bloquear la jura de quien fue elegido legítimamente. Razonamiento que, hasta ahora, sólo parecía anidar en sectores de derecha, lo que habilitaba al oficialismo para convertir el tema en una cuestión maniquea.

    La actitud del jefe radical, sorprendente para muchos, no sólo descolocó a Kirchner -¿le habrá hecho alguna pregunta al respecto cuando lo invitó a la Casa Rosada hace 48 horas por un anuncio ferroviario en Chascomús?, sino también ha puesto a la doctora Carrió en una situación incómoda y alejada. Al menos, lo que dice y defiende Alfonsín la obligará, no sólo por razones de respeto personal (varias veces por ella confesada), a revisar su pensamiento ya lanzado para bloquear el aterrizaje legislativo de Patti.

    Ahora, tanto ella como los socialistas, deberán preguntarse como mínimo si habrán de persistir en el mandamiento que se autoimpusieron. No tanto por acomodarse en una votación con los sectores kirchneristas a los que afirman despreciar, sino por un detalle de fondo: más que atenerse a las normas del Derecho, a la institucionalidad que plantea Alfonsín, la negativa a Patti parece el imperio de la propia opinión, de cierta arrogancia sobre lo que se cree saber y ni siquiera discute. Casi un prejuicio moral la determinación, como los personajes de la televisión que imponen su justicia por una falta comprobada a pesar de que burlen elementales cánones procesales. Hasta la admirada Hanna Arendt, al menos por la Carrió, en el juicio de Adolf Eichman tuvo una actitud que nadie podía imaginar tan incorrecta.

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