De nuevo en el Vaticano, el papa Benedicto XVI parece haber recobrado el interés por estas latitudes. La jubilación del obispo castrense, Antonio Baseotto, podría ser aceptada por el Sumo Pontífice aunque todavía no se sabe a quién se designaría en su reemplazo.
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La noticia corrió ayer confusapor los despachos de la Casa Rosada. En un primer momento se decía que Baseotto había presentado formalmente su renuncia al Obispado castrense ante Néstor Kirchner y que el Presidente se la había aceptado. Falso. O al menos erróneo.
Tanto desde la Conferencia Episcopal Argentina como desde la Secretaría de Culto que comanda Guillermo Oliveri explicaron que no es facultad del Presidente aceptar la renuncia, mucho menos la jubilación como ocurre en este caso, de un obispo.
Esa es competencia exclusiva del Vaticano.
Baseotto presentó su pedido de jubilación ante la Santa Sede en noviembre del año pasado, con casi cuatro meses de antelación a su cumpleaños número 75, edad límite prevista para ocupar un Obispado. Por eso la previsión de Baseotto hace pensar que ya es inminente la aceptación de su renuncia por Benedicto XVI. Cabe recordar el timming papal en el caso del obispo, ahora emérito, de Puerto Iguazú, Joaquín Piña. El Vaticano aceptó su pedido de jubilación días antes de la elección que lo tuvo en Misiones como el principal candidato opositor a la reelección indefinida de Carlos Rovira.
Por eso no sería extraño que ahora que Néstor Kirchner impulsa en el Senado un proyecto de ley para suprimir el Obispado castrense, el Vaticano jubile a Baseotto como atajo para impedir un recorte de facultades -y presupuesto- através de la eliminación de la asesoría espiritual para los uniformados.
Baseotto, a quien el gobierno le había retirado en 2005 su estatus de funcionario público y sus haberes, había presentado su dimisión como obispo castrense ante el Vaticano en noviembre debido a que el 4 de abril alcanzó los 75 años, edad que la Iglesia establece como límite para cumplir funciones pastorales.
Sucesor
Una vez que el Papa acepte su renuncia, el prelado seguirá perteneciendo a la institución bajo el cargo de obispo emérito, aunque deberá dejar su lugar en la vicaría castrense a quien el Vaticano y el gobierno designen en ese lugar. Para sucederlo, suena fuerte el obispo de Chascomús, Carlos Humberto Malfa, aunque las fuentes indicaron que las partes aún no se habían puesto de acuerdo sobre ese punto. Los otros dos integrantes de la terna elevada al Papa por el nuncio apostólico Adriano Bernardini son Rubén Frassia (Avellaneda) y Agustín Radrizzani (Lomas de Zamora).
La vicaría castrense se convirtió en un destino convulsionado desde marzo de 2005, cuando Kirchner quiso echar unilateralmente a Baseotto por sus expresiones sobre el ministro de Salud, Ginés González García. El obispo apeló a una cita bíblica para sugerir que el ministro se merecía que lo tiren al mar debido a sus posiciones a favor de la despenalización del aborto y del reparto de anticonceptivos.
De acuerdo con el concordatoexistente entre el gobierno argentino y la Santa Sede, se espera que cuando el Papa firme la renuncia, esa información llegue en sobre lacrado desde la Nunciatura hasta la Cancillería, que a su vez le dará paso a la Secretaría de Culto.
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