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Sin embargo, Béliz todavía no termina de convencer y muchos esperan que dé los primeros pasos para evaluar si puede o no funcionar en ese cargo.
Por lo pronto, el jefe de Nueva Dirigencia apuntaba anoche a definir quiénes serían los hombres que lo acompañarían en su misión. Varios nombres figuraban como números puestos a ocupar un lugar en el complicado Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, como el ex árbitro Javier Castrilli, quien -casi seguro- se desempeñará como viceministro.
• En la Corte
La otra cuestión difícil que espera al autor del recordado término «nido de víboras» es la relación entre el gobierno y la Corte que, de más está decir, es de enfrentamiento.
Los jueces de la Corte Suprema de Justicia se enteraron de la designación de Béliz como ministro minutos después de despedir a Juan José Alvarez.
El hombre fuerte de Duhalde en el área de Seguridad estuvo ayer algo más de media hora en el cuarto piso del Palacio de Justicia, con el presidente de la Corte Julio Nazareno; Eduardo Moliné O'Connor, Augusto Belluscio, Enrique Petracchi, Adolfo Vázquez y Juan Carlos Maqueda, precisamente para comunicar oficialmente su alejamiento de la cartera.
En principio causó extrañeza que el santacruceño Kirchner se decidiera a designar a Rafael Bielsa en Relaciones Exteriores cuando el constitucionalista reúne antecedentes como para estar al frente del sensible Ministerio de Justicia. Las últimas expresiones del hermano del entrenador de la Selección Argentina, llamando a la «prudencia» y a una «depuración progresiva» de la Corte Suprema, habían sido bien recibidas por muchos de los ministros que componen el Tribunal.
Aunque no desagradó la designación de Béliz como titular de ese ministerio, los jueces del Tribunal prefirieron mantener cautela en sus expresiones. Se recordaba ayer que Béliz ya había tenido un «paso sensato» cuando se desempeñó al frente del Ministerio de Interior en 1992 (reemplazando a José Luis Manzano) y le tocó estar en contacto con los ministros de la Corte, aunque otra era la época y otro era el gobierno.
La mayoría de los jueces del Tribunal evitó comentarios elogiosos y sólo se señaló que la Corte, además de un Tribunal excepcional, es un poder del Estado y que por lo tanto debe ser tratado como tal.




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