Una rareza en imágenes: Hebe de Bonafini sin el clásico
pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo cocinó a lo Lita
de Lazzari por TV. Disfrazó esa presentación por el canal
oficial de lección sobre socialismo cocineril.
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Lo cambió para esa lección de gastronomía socialista por un delantal que lucía la también emblemática foto del Che Guevara registrada por Alberto «Korda» Gutiérrez.
«Esto es para que vean que no soy una loca puteando en una plaza. Que las Madres somos madres, cocinamos todos los días. Quiero que me vean cocinar, que me vean normal. No siempre ando puteando por ahí. Me preguntan si soy kirchnerista u oficialista. Lo que pasa es que lo que cambió es el momento político y las Madres aprendimos a ver la política, no es que cambiemos nosotras. Ahora protesto menos», se justificó la activista.
«Vamos camino al socialismo que queremos todos y que ojalá llegue» -comentó mientras acariciaba el pollo que iba a descuartizar-, y agregó: «América latina está saliendo a flote y este es un nuevo momento político maravilloso, se alegró. Nunca hubo una revolución con plata como la de Chávez, Kirchner es un presidente inesperado y maravilloso». Yendo a las cacerolas, Bonafini dijo que prepararía un plato que le pedía su hijo desaparecido, quien le decía que había que dar de comer a muchos con un pollo. «Por eso sé socializar el pollo», rió Bonafini, puesta en artista de un canal gourmet.
Para Bonafini socializar un pollo -diría un experto en ideologías-no es crear las condiciones para que haya muchos pollos per cápita. Eso sería una visión capitalista de la producción avícola, para ella inadmisible. Socializarlo es dividirlo, como ayer en cuatro.
Ante la mirada deslumbrada de la animadora Cecilia Laratro y del productor del programa «Saludarnos» (Marcelo Duhalde, vocero de Ginés González García y hermano de Eduardo Luis, secretario de Derechos Humanos de la Nación), Bonafini sacó: 1) milanesas de pollo; 2) un risotto de pollo; 3) tomates rellenos con pollo picado; y 4) pollo a la portuguesa.
Con algo de rigor gastronómico cabría preguntarse: ¿por qué sólo cuatro platos con un pollo? ¿No pudo la señora agregar un quinto plato, por caso un caldo de pollo con lo mucho que sobraba? ¿Y un sexto, un arroz con menudencias? Un chino agregaría un séptimo plato, una sopa de pezuñas; un chef de Singapur una octava opción, una fritada de cuero de pollo crocante. Y así al infinito porque la ideología es insaciable. Claro, cada beneficiario del único pollo en plaza, aunque lo sazone Bonafini, comerá cada vez menos. Pero eso de repartir pollo sin aumentar el número de estas aves es -según su ópticasocialismo.
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