Nadie suponía que iba a aparecer por allí pero apareció. Nadie imagina que asistió a la Embajada de Brasil para saludar al editor Jorge Fentevecchia que en la ocasión era condecorado. Más bien, Domingo Cavallo concurrió al cóctel del embajador Sebastiao do Rego Barros para limar asperezas con el país que convocaba. Una forma sutil de acercamiento.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El dueño de casa lo trató con humor. Primero, pidió perdón «por hablar en portugués, ya que después de todo estoy en la Embajada de Brasil». Después, se excusó por «leer y no improvisar; después de todo, no tengo la destreza de Cavallo para repetir explicaciones sobre distintos planes económicos sin consultar». Nadie entendió, y el diplomático no aclaró, si «sin consultar» se refería a los papeles, a los demás integrantes del gobierno argentino o a Brasil.
En otro caso, las expresiones jocosas del carioca podrían haberse confundido con un exceso de informalidad. Pero esta vez la distensión se explica. Dada la enemistad de los brasileños con Cavallo, cualquier expresión de humor debe ser tomada como una caricia, aunque sea mordaz. Además, Do Rego Barros estaba el lunes para festejar: le confirmaron que pronto dejará Buenos Aires para ocupar, en Rio de Janeiro, un lugar de gran poder en la administración de Fernando Henrique Cardoso. Estará al frente de la agencia encargada de regular a las empresas de energía, incluida la poderosa Petrobrás (donde trabaja su mejor amigo, el ex canciller Luiz Felipe Lampréia).
Do Rego Barros deberá presentarse en el Senado para que aprueben su pliego: el cargo tiene estabilidad especial por cuatro años. Su sillón fue ocupado hasta ahora por un hombre de la intimidad de Cardoso, nada menos que su ex yerno, que acaba de separarse de la hija del presidente.
Dejá tu comentario