Búnker de Telerman esperaba festejos

Política

Con fervorosas apelaciones a los medios de que esperaran resultados oficiales, el telermanismo comenzó pasadas las 20 de ayer a procesar la derrota que las bocas de urna venían afirmando desde las primeras horas de la tarde. El jefe de Gobierno porteño montó su búnker electoral en el Palacio San Miguel, donde cualquier presente podía disfrutar de decenas de flat-panels con información de todos los canales y un catering que envidiarían algunos casamientos. Fue un final a toda orquesta, aunque no el esperado por el candidato, que tenía todo listo para festejar.

Telerman eligió pasar el día de ayer con un perfil mucho más bajo que el que mantuvo el último mes. Desayunó en su casa de Palermo con su esposa e hijos y más tarde viajó hasta el cementerio de La Tablada a visitar la tumba de su padre, un gesto que parte de la colectividad judía consideró como demasiado mediático, y de allí a la sede de ATE, en Belgrano al 2500, donde votó.

Como una cábala, llegó a votar con su clásico traje y polera negra: «Las elecciones se están desarrollando con toda normalidad; yo traigo a votar a mi hijo por primera vez, y me costó bastante que votara por mí», bromeó. De allí partió a las 11.30 a almorzar a la casa de su hermana y más tarde, de nuevo a su domicilio para la siesta.

Ese uniforme que el jefe porteño utiliza en casi todos sus actos públicos (polera negra, pantalón al tono) pareció ayer en parte copiado por otros integrantes de su equipo: Oscar Feito, su vocero, lucía por la tarde una polera similar, aunque con cierre, en el búnker, mientras intentaba explicar las alternativas de la elección.

La acción recomenzó a las 16 en el Palacio San Miguel: con un escenario turquesa, globos y pancartas colgados en todos los salones de esa ex tienda porteña, los dirigentes del telermanismo se fueron reuniendo en torno a bien provistas mesas.

Todo era de un cuidado extremo, desde las credenciales en distintos colores, de acuerdo con la función que debiera cumplir quien la portaba, hasta la repetición hasta el infinito del logo de campaña; la media cabeza lampiña de Telerman en amarillo. Las pantallas de video mucho no aportaban por entonces, pero se intuía en las caras de los presentes que la información que llegaba de los búnkeres de Mauricio Macri y de Daniel Filmus podía tener visos de verdad.

  • Atmósfera

    Mientras llegaban bocas de urna que lo ubicaban por debajo de Daniel Filmus, el telermanismo y la prensa devoraban una selección de pizzas, bruschetas, sándwichs, saladitos y tortas, propias de un evento de otras dimensiones, en una atmósfera que parecía todavía ajena a lo que estaba sucediendo.

    A las 17.40 llegó Telerman al Palacio San Miguel junto con su esposa y sus dos hijos. Subió al segundo piso del Palacio y se encerró con su familia y sus ministros Juan Pablo Schiavi, Gabriela Cerruti, Roy Cortina y Silvia Fajre.

    Allí se comentaron algunas de las anécdotas del día. Por ejemplo, el conflicto que le produjo al INCUCAI, al que la Justicia Electoral le prohibió utilizar en los comicios la típica boleta con la opción a favor de la donación de órganos por llevar impresa la leyenda «Actitud Buenos Aires».

    Después de las 18, Feito fue el primer encargado de hablar: «Telerman estará en el ballottage; hemos realizado una elección estupenday en función de nuestros números podemos decir que estamos en el ballottage», dijo apenas cerrados los comicios.

    Poco después, algunos elementos preparados para el festejo eran desactivados, como tres máquinas lanzapapeles colocadas en el salón principal, frente al escenario. De todas formas no fue indicio de reconocer la derrota. El propio Telerman salió a hablar a sus simpatizantes: «A las 20.30 llegarán informaciones fehacientes. Los datos de los fiscales dicen que hay un candidato que lleva la delantera y estará en la segunda vuelta con la fórmula Telerman-Olivera». Era obvio que el jefe porteño no iba a jugar otra opción en ese momento, sin cifras oficiales aún y con una diferencia con Filmus sólo confirmada en bocas de urna.
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