Una nueva propuesta política, emanada de no políticos, se lanzó ayer enviada por las principales organizaciones no gubernamentales del país (ONG) que decidieron fusionar la filantropía con una oferta para las próximas elecciones nacionales. Casi como una asamblea barrial, en el Hotel Alvear de la Capital Federal sellaron un documento de lanzamiento de una serie de encuentros para desafiar a los políticos. Los une la caridad y el cansancio « de que los políticos nos escuchen, pero que nunca nos tengan en cuenta».
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Muchos de ellos colaboraron en la Mesa de Diálogo Social y hoy piensan que funcionarios, diputados y senadores los utilizan para fotografiarse con ellos. No tienen programa económico todavía, pero sí un potencial candidato a presidente de la Nación, además de la intención de conformar un partido político, pero como los estatutos de esas organizaciones les vetan la posibilidad de postularse a cargos electivos, lo harán a título personal cada uno de ellos. Por ahora sostienen que « hay un espacio al que aspiran Macri, Menem y otros, que nosotros también vamos a pelear».
Desde el Rotary Club hasta Amnesty, el Programa de Naciones Unidas para el Dearrollo (PNUD), la Cruz Roja, la Fundación Judaica, la Red de Portadores de HIV o Poder Ciudadano, Cabildo Abierto (una red de más de 300 organizaciones, entre ellas de distintas confesiones religiosas) concurrieron a la presentación que organizó Médicos en Catástrofe, con la intención de comunicar su anhelos políticos.
Las 20 ONG, que se reunieron ayer, dicen ser las más grandes del país que agrupan a 500.000 voluntarios y cuentan con el apoyo de representantes de Cáritas de la Argentina. No son sus titulares surgidos de los cacerolazos -aunque alternaron con los caceroleros- sino personas dedicadas a distintas actividades con fines sociales.
Estuvieron, el titular de Médicos en Catástrofe, Ariel Umpiérrez, un economista que estudió en la Sorbona, y dejó su actividad para dedicarse a la organización de ayuda sanitaria como la que están preparando para enviar a Palestina; Lucrecia Elías de Lacroze -presidenta de Conciencia-; Norberto Borzese -licenciado en comercialización- dedicado full time al Foro Social para la Transparencia, y el rabino Sergio Bergman, entre otros. Umpiérrez admitió a este diario que le gustaría «ser presidente de la Nación» y se quejó de Hilda Chiche de Duhalde. « Quería que nos ocupáramos del tren sanitario, pero nos dimos cuenta de que ella pretendía hacer proselitismo desde ese tren que recorrería el país.»
El economista está convencido de que «la sociedad argentina no quiere que (tras una elección) vuelvan los mismos de antes por más reciclados que se muestren ahora».
Considera, además, que las reuniones barriales que organiza el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para hacer un presupuesto participativo «son un hipocresía y no nos tienen en cuenta». De las asambleas surgidas tras el 20 de diciembre, de las que participaron, sostiene en cambio que « ya no vamos más porque están muy politizadas, con posturas extremas».
Lo de ellos, asegura, es intermedio: «Ni la locura de la izquierda, ni tampoco la de la ultraderecha, no podemos seguir solamente dando de comer a hambrientos o llevando ayuda, ahora queremos ser protagonistas».
Para Borzese, « el incierto panorama que hoy sufre nuestro país, nos obliga a asumir un compromiso para una agenda pública». Lacroze reprocha: «Hicimos el Encuentro para el Consenso, unimos más de 109 propuestas que fueron usadas para el Diálogo Social, lo usaron diferentes políticos en el Congreso, es un motivo de orgullo para nosotros», dice con la idea de capitalizar el trabajo para una propia fuerza.
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