Néstor Kirchner y el cardenal Jorge Bergoglio negocian en estas horas, a través de sus delegados informales, un encuentro para buscar mejorar las relaciones entre la Iglesia y el gobierno. El cardenal primado, flamante titular de la Conferencia Episcopal por los próximos tres años, espera poder tender puentes con el gobierno en esa gestión mediadora. Y también hacer notar al poder político que, en la medida en que haya cierta intemperancia para recibir críticas, también del lado de los hombres de la Iglesia se ven exacerbadas las reacciones. Ayer, obispos a los que habitualmente no se los escucha salieron a expresar el fastidio que les generó el Presidente en su equívoca evaluación del documento del Episcopado, hecho conocer a fines de la semana pasada.
Néstor
Kirchner
recibe ayer
alborozado
la bendición
de un
sacerdote
en el palco
al que se
subió en
Quilmes
para un
nuevo acto
partidario.
Difícil saber
el efecto que
ese gesto
del sacerdote
produjo
en el alma
presidencial.
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