7 de octubre 2008 - 00:00

"Bush y los candidatos miran para otro lado"

• Cristina y Bachelet se quejan de los males que vienen del Norte. • A solas dos horas, hablaron de hijas y maridos. • También de negocios.• Un regalo: exportaciones mineras de la frontera no pagarán retenciones. • Cristina recibió a la viuda e hijos de Rucci y lloró con ellos por pedido de Moyano, Venegas y Alicia Kirchner. • Néstor no quería, por eso se fue de Olivos a un acto en La Plata. • También recibió a Zulema Yoma, quien pide por su hijo.

Cristina de Kirchner y Michelle Bachelet de ronda en Olivos, bajo la sonrisa de GinésGonzález García y la seriedad de Sergio Massa. Oculto, Jorge Taiana.
Cristina de Kirchner y Michelle Bachelet de ronda en Olivos, bajo la sonrisa de Ginés González García y la seriedad de Sergio Massa. Oculto, Jorge Taiana.
El té que sirvió ayer Cristina de Kirchner en Olivos para recibir a Michelle Bachelet no pudo evitar el reproche tercermundista a las culpas del Norte por la crisis mundial. Las dos presidentes se encerraron durante casi dos horas en el living de la residencia presidencial para tranquilizarse por los efectos de ese tsunami que asalta a la región, aunque con demora. «Tenemos 30% de los fondos de las pensiones afuera de Chile, pero creemos que están asegurados», ensayó Bachelet. «Acá estamos tomando medidas también», responde Cristina de Kirchner. Como pedido por el libreto de dos señoras hablando de lo que pasa, apareció pronto el «¿Vio?» de la cola del disco.

El blanco fue, claro, Estados Unidos. «¿Cómo puede ser se quejó la visitante que Bush haya hablado en el discurso en la ONU catorce minutos de la guerra contra el terrorismo y apenas un minuto de la crisis financiera, ¿vio?». Cristina: «Allá me parecen que todos miran hacia otro lado, no sólo el presidente, sino también los candidatos, ¿vio?» Silencio, y siguen las dos al mismo tiempo: «Pero acá no va a llegar a tanto porque creo que las medidas que han tomado allá van a funcionar. ¿Vio?»

Se dieron tiempo para hundir la charla en efectividades más conducentes, por ejemplo la explotación de oro, cobre y plata en el yacimiento de Pascua Lama en la frontera que une a San Juan con Coquimbo, demorada por el reclamo de la AFIP de que el mineral que salga de allí pague las retenciones como los demás exportadores (entre 5% y 10% según el mineral).

Cristina de Kirchner le tenía preparada a la chilena la buena noticia: el procurador del Tesoro, que es el abogado del Estado, ha dictaminado que no hay que cobrarle las retenciones porque esas explotaciones las ampara el tratado minero que se firmó bajo los gobiernos de Carlos Menem y Eduardo Frei. En ese acuerdo no se mencionaba nada acerca de retenciones y ese vacío global ha servido para que los concesionarios del grupo Barrick, auspiciados por el gobierno de Chile y el gobernador sanjuanino José Luis Gioja hicieran prosperar esta exención que les hará poner el grito en el cielo a los demás exportadores que pagan retenciones. Empezando por la gente del campo.

Preguntó la visitante sobre el conflicto con los ruralistas; la anfitriona enlazó esa protesta con la crisis global: «Acá hay gente que ante esos problemas graves se sigue mirando el ombligo», despachó la Presidente sobre el tema, del cual pareció no querer hablar.

Con la confianza que dan las rondas de té y la caída de la tarde hubo lugar también para las cuestiones personales. Bachelet le contó a Cristina que, en adelante, la van a ver mucho por Buenos Aires porque la hija de la presidente de Chile se ha venido a estudiar a la capital argentina.

Cristina de Kirchner le prometió todas las salvaguardias de seguridad que merece una hija presidencial, las mismas que intentó -sin mucha suerte- darle al hijo del ex presidente del Paraguay Nicanor Duarte Frutos (otro estudiante extranjero con protección oficial, pero que fue víctima de las internas del gobierno de su país).

  • UNASUR

    Ya en plena confianza, Bachelet le preguntó a Cristina hasta qué punto su marido Néstor quiere ser secretario ejecutivo de la UNASUR (Unión de Naciones de Sudamérica), club de países de la región creado por Lula da Silva y Eduardo Duhalde. «¡Por supuesto que quiere! ¿Quién dijo que no le gusta ese cargo? Lo único que quiere es que salga por unanimidad.» Tomó nota Bachelet de lo que tiene que hacer cuando hoy, martes, la visite el mensajero que mandó el gobierno a una larga gira por todos los países que integran la UNASUR para aferrar los votos en favor de Kirchner. Es Rafael Folonier, puntero del gobierno para tratar con grupos bizarros (piqueteros, restos arqueológicos de la paleoizquierda) y también con la América morena (este ex vocero de Rubén Marín es ya amigo personal de Hugo Chávez, de Evo Morales, de Bachelet; seguramente alguna vez va escribir unas memorias muy divertidas de todo lo que ha llegado a ver en su merodeo entre bambalinas). Cuando en veinte días regrese del viaje Folonier debe tener asegurado los votos de todos los presidentes y haber quebrado el apoyo que sostiene Evo Morales (hoy con las defensas bajas) en favor de su ministro Pedro Solón.

    Cuando languidecía la charla se comenzaron a escuchar ruidos del otro lado de la puerta. Eran los embajadores Luis Maira (chileno ante Buenos Aires) y Ginés González García (argentino ante Santiago, de donde lo trajo Bachelet en el avión presidencial), el canciller Jorge Taiana y otros camarlengos como Oscar Parrilli. Los dejaron entrar a todos, menos a este secretario presidencial (sabrá él por qué), para continuar durante una hora más la charla, ya sobre temas de superficie. Lo que se llama un repaso de agenda, que es mencionar asuntos pendientes de prometida solución alguna vez: el tren trasandino, la participación de las dos presidentes en la cumbre «Voces vitales», organizada por una ONG ligada a Hillary Clinton, motivo del viaje de Bachelet. Ella la inauguró ayer en el hotel Hilton; la clausura hoy Cristina con un discurso en el cual hablará de nuevo de la crisis global.

    Corriendo llegó Sergio Massa, que entró junto a Parrilli, con quienes las presidentes repasaron los últimos números del cierre de los mercados. También le pusieron fecha a la reunión que exige el tratado binacional para antes de fin de año: será el 5 y 6 de diciembre y hablarán allí del festejo por los 30 años del acuerdo del Beagle.

    Massa hacía gestos de apuro hacia la Presidente pero Cristina lo defraudó; le había prometido acompañarlo a la intendencia de Tigre a un cóctel organizado por la ONG que trajo a Bachelet. Como ésta tampoco iría, Cristina prefirió quedarse a atender otras visitas. A Taiana le pidió que se quedase para recibirla a Zulema Yoma (ex Menem) quien fue a pedirle que el Estado reabra la investigación de la muerte de su hijo Carlos en 1995.

    Taiana cuando era funcionario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos recibió a Zulema varias veces con el mismo reclamo. No estuvo Taiana en la otra visita que recibió la Presidente, la de los hijos y viuda de José Rucci, también reclamando la reapertura de la causa por el asesinato de su padre como un delito de lesa humanidad. En el diálogo que mantuvieron, Coca Rucci comenzó a llorar, la siguieron sus hijos y Cristina también derramó lágrimas. «Les prometo que voy a hacer todo lo posible para que este crimen no quede impune sino la revisión del pasado sería parcial», dijo Cristina. Antes de despedirse les dijo a los Rucci: «Cuando quieran que hablemos llámenlo a Parrilli o a Moyano que ellos manejan mi agenda».

    Esta entrevista fue un pedido de Hugo Moyano y «Momo» Venegas que terminó logrando Alicia Kirchner. El que no quería la presencia de los Rucci en Olivos era Néstor, quien demoró su regreso a la residencia presidencial desde un acto en La Plata hasta que todos se hubieran ido de su casa.
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