"Bush y los candidatos miran para otro lado"
• Cristina y Bachelet se quejan de los males que vienen del Norte. • A solas dos horas, hablaron de hijas y maridos. • También de negocios.• Un regalo: exportaciones mineras de la frontera no pagarán retenciones. • Cristina recibió a la viuda e hijos de Rucci y lloró con ellos por pedido de Moyano, Venegas y Alicia Kirchner. • Néstor no quería, por eso se fue de Olivos a un acto en La Plata. • También recibió a Zulema Yoma, quien pide por su hijo.
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Cristina de Kirchner y Michelle Bachelet de ronda en Olivos, bajo la sonrisa de Ginés
González García y la seriedad de Sergio Massa. Oculto, Jorge Taiana.
Cristina de Kirchner le prometió todas las salvaguardias de seguridad que merece una hija presidencial, las mismas que intentó -sin mucha suerte- darle al hijo del ex presidente del Paraguay Nicanor Duarte Frutos (otro estudiante extranjero con protección oficial, pero que fue víctima de las internas del gobierno de su país).
Ya en plena confianza, Bachelet le preguntó a Cristina hasta qué punto su marido Néstor quiere ser secretario ejecutivo de la UNASUR (Unión de Naciones de Sudamérica), club de países de la región creado por Lula da Silva y Eduardo Duhalde. «¡Por supuesto que quiere! ¿Quién dijo que no le gusta ese cargo? Lo único que quiere es que salga por unanimidad.» Tomó nota Bachelet de lo que tiene que hacer cuando hoy, martes, la visite el mensajero que mandó el gobierno a una larga gira por todos los países que integran la UNASUR para aferrar los votos en favor de Kirchner. Es Rafael Folonier, puntero del gobierno para tratar con grupos bizarros (piqueteros, restos arqueológicos de la paleoizquierda) y también con la América morena (este ex vocero de Rubén Marín es ya amigo personal de Hugo Chávez, de Evo Morales, de Bachelet; seguramente alguna vez va escribir unas memorias muy divertidas de todo lo que ha llegado a ver en su merodeo entre bambalinas). Cuando en veinte días regrese del viaje Folonier debe tener asegurado los votos de todos los presidentes y haber quebrado el apoyo que sostiene Evo Morales (hoy con las defensas bajas) en favor de su ministro Pedro Solón.
Cuando languidecía la charla se comenzaron a escuchar ruidos del otro lado de la puerta. Eran los embajadores Luis Maira (chileno ante Buenos Aires) y Ginés González García (argentino ante Santiago, de donde lo trajo Bachelet en el avión presidencial), el canciller Jorge Taiana y otros camarlengos como Oscar Parrilli. Los dejaron entrar a todos, menos a este secretario presidencial (sabrá él por qué), para continuar durante una hora más la charla, ya sobre temas de superficie. Lo que se llama un repaso de agenda, que es mencionar asuntos pendientes de prometida solución alguna vez: el tren trasandino, la participación de las dos presidentes en la cumbre «Voces vitales», organizada por una ONG ligada a Hillary Clinton, motivo del viaje de Bachelet. Ella la inauguró ayer en el hotel Hilton; la clausura hoy Cristina con un discurso en el cual hablará de nuevo de la crisis global.
Corriendo llegó Sergio Massa, que entró junto a Parrilli, con quienes las presidentes repasaron los últimos números del cierre de los mercados. También le pusieron fecha a la reunión que exige el tratado binacional para antes de fin de año: será el 5 y 6 de diciembre y hablarán allí del festejo por los 30 años del acuerdo del Beagle.
Massa hacía gestos de apuro hacia la Presidente pero Cristina lo defraudó; le había prometido acompañarlo a la intendencia de Tigre a un cóctel organizado por la ONG que trajo a Bachelet. Como ésta tampoco iría, Cristina prefirió quedarse a atender otras visitas. A Taiana le pidió que se quedase para recibirla a Zulema Yoma (ex Menem) quien fue a pedirle que el Estado reabra la investigación de la muerte de su hijo Carlos en 1995.
Taiana cuando era funcionario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos recibió a Zulema varias veces con el mismo reclamo. No estuvo Taiana en la otra visita que recibió la Presidente, la de los hijos y viuda de José Rucci, también reclamando la reapertura de la causa por el asesinato de su padre como un delito de lesa humanidad. En el diálogo que mantuvieron, Coca Rucci comenzó a llorar, la siguieron sus hijos y Cristina también derramó lágrimas. «Les prometo que voy a hacer todo lo posible para que este crimen no quede impune sino la revisión del pasado sería parcial», dijo Cristina. Antes de despedirse les dijo a los Rucci: «Cuando quieran que hablemos llámenlo a Parrilli o a Moyano que ellos manejan mi agenda».
Esta entrevista fue un pedido de Hugo Moyano y «Momo» Venegas que terminó logrando Alicia Kirchner. El que no quería la presencia de los Rucci en Olivos era Néstor, quien demoró su regreso a la residencia presidencial desde un acto en La Plata hasta que todos se hubieran ido de su casa.



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