14 de junio 2005 - 00:00

Cada renuncia trae su lección

Augusto Belluscio
Augusto Belluscio
Néstor Kirchner, a veces, entrega a su entorno alguna lección sobre cómo entiende la política; en especial, el manejo crudo del poder con sus subordinados. Una de esas enseñanzas la prodigó la semana pasada, en su despacho, delante de tres colaboradores. Fue cuando Horacio Rosatti, el ministro de Justicia, le llevó la renuncia de Augusto Belluscio a su butaca en la Corte.

«¿Viste lo que consiguió Horacito?», le preguntó Kirchner a Alberto Fernández, después de confundirse y pensar que el que había renunciado era Antonio Boggiano (un experto en supervivencia). El jefe de Gabinete repasó rápidamente los temas pendientes de tratamiento en la Corte en los que Belluscio tiene un voto conveniente. Entre ellos, la pesificación. También el juri al juez federal Juan José Galeano, cuyo tribunal preside el renunciante, en el Consejo de la Magistratura.

Carlos Zannini, el otro funcionario que maneja informalmente la agenda judicial del gobierno, también fue convocado con la misma consigna: «¿Vieron lo que consiguió Horacito?» (a esa altura, quienes conocen el lenguaje de Kirchner traducían para sí: «Inútiles, ustedes que no consiguen nada...»; técnicas del verdugueo muy propias de los presidentes). Zannini también reconoció que mejor sería no aceptar la renuncia de Belluscio.

Fue entonces cuando Kirchner sentenció: «Muchachos, no es así. Ya deberían haber aprendido en el caso de Alfonso Prat-Gay. Me llevaba bien con él y me hubiera gustado que se quedara. Pero cuando alguien ofrece la renuncia no hay que discutir, lo único que Augusto Belluscio cabe es aceptar». Asentían los tres abogados, mientras Kirchner tramitaba la segunda renuncia que le ofrecieron durante su gobierno, contra su voluntad.

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