21 de noviembre 2001 - 00:00

Cambio de gobierno permite auge de mercado de divisas

Kabul - Las bombas no nos pueden parar», exclamaba ayer Asem Ahmed, un tendero que vende tortas dulces en el mercado Da Shazada o mercado de cambio de Kabul, donde miles de personas se reúnen cada día para comerciar con enormes tacos de billetes verdes de 10.000 afganis, comprar dólares estadounidenses y vender rupias paquistaníes.

Este pequeño patio abarrotado se ha convertido en los últimos años en el corazón económico de Afganistán. Es la Bolsa de Kabul. «Nadie ha guardado el dinero en los bancos. Nadie confiaba en ellos. Era mejor guardarlo y sacarlo en el momento preciso o hacerse con dólares, pero nunca, nunca confiarlo a los bancos -explica Ahmed. Incluso los que eran soldados con los talibanes vienen aquí ahora a cambiar dinero porque no tienen otra forma de trabajar».

En el mercado Da Shazada se han instalado doscientas tiendas de cambio.
El domingo un dólar valía 47.000 afganis y una rupia paquistaní, 790 afganis. «Aquí vienen cerca de 2.000 personas sólo a cambiar dinero», explica Abdul Maruf, dueño de una tienda de cambio, mientras recibe un billete de 100 dólares y entrega en una bolsa 4.300.000 afganis. No son los negocios como el de Abdul los que dan color al mercado. Miles de brokers que no se parecen en nada a los de Wall Street cargan enormes tacos de billetes y pasean agitándolos mientras gritan «dólar, dólar» como si fuera la salvación. Hazaras, tadjikos, uzbekos, pashtunes, todos se unen para exclamar sus ofertas. Abdul Maruf y su hermano pequeño, Abdul Fatah, llevan más de 12 años trabajando en Da Shazada: «No había otro trabajo, explica Abdul Fatah, y decidí ayudar a mi hermano».

El principal comercio en la plaza es el cambio de la rupia paquistaní. «Apenas trabajamos con el dólar, pero siempre puedes ver a gente con montones de rupias en las manos», dice Abdul Maruf. Los dos hermanos están felices ahora que la guerra parece tocar a su fin. Los bombardeos estadounidenses provocaron una bajada en el valor del afgani, que se llegó a cotizar a 70.000 unidades por dólar. «Ahora la situación de estabilidad puede hacer mejorar el negocio», cuentan.

Ebullición

El momento de máxima actividad coincide con la oración del mediodía, a la una de la tarde. El imán ya ha callado y entonces alguien llama la atención de todos con un megáfono. Barbudos, viejos con turbante y jóvenes picarones con los ojos inflamados de dinero se reúnen en corros y comienzan a discutir. La Bolsa de Kabul está en plena ebullición y, como en Wall Street, desde los balcones miles de ojos siguen las discusiones. Todos tienen el dinero en las manos. Nadie se arriesga a guardarlo en los bolsillos. «Hay demasiados ladrones por aquí», avisa Musa Mohamed, nuestro guía.

Entre los corros corretean chiquillos curiosos y pequeños raterillos que buscan algo que llevarse a la boca. También hay carteristas profesionales, pero no se atreven a entrar en la plaza porque todo el mundo los conoce. Esperan fuera la llegada de algún descuidado, al lado de otros cientos de puestos pequeños donde sigue el negocio del cambio.

Asem Ahmed tiene su tienda de bollos en la entrada principal de la Bolsa de Kabul. También es el dueño de la tienda de cambio de al lado. «Espero que llegue la gente de la ONU. La gente pide que venga. El afgani subirá», explica mientras vende una de sus tortas dulces. Es Ramadán y el cliente la guarda para comérsela cuando anochezca.

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