No sorprendió a nadie Fernando de la Rúa al resistirse -"no me apuren", dijo-al aterrizar en Roma con el reclamo por la creación de nuevos ministerios. Todavía no se decidió y sostuvo que tiene un proyecto en estudio (uno por más ministerios pero más chicos, otro con menos ministerios y más importantes). La urgencia: compensar al Frepaso, contentar a Domingo Cavallo y a ciertos radicales díscolos. De la Rúa no se decide mientras el ministro de Economía ha comenzado a advertir que muchos quieren incorporaciones y cambios para limitarle el territorio -ahora que las aguas están más calmas-y eventualmente neutralizar su posible expansión.
Comienza la pugna por inventar cargos y, tal vez, promover vacantes. Empezando por el Gabinete. No es poco lo que pretenden los políticos: nuevos y más ministerios. Sea porque hay que compensar al Frepaso y devolverlo al gobierno -con estipendio mensual, auto, secretarias, caja, servicios médicos y jubilación-, contentar a la nueva estrella Domingo Cavallo que no desea estar solo en el equipo de gobierno o para calmar sectores o punteros disidentes del radicalismo. Todo se vestirá con el traje de una mayor eficiencia del Estado -según la versión oficial para el gran público-, aunque en rigor será un aumento del gasto y la generación consecuente de más burocracia. En el reposo de su exilio, seguramente deprimido, Ricardo López Murphy se preguntará cómo esta administración ha culminado en contra de lo que él predicó en su vida.
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Se conocen las justificaciones personales, grupales, interesadas y mediáticas: 1) agradecer a Carlos Chacho Alvarez haber desgajado su partido por sostener el rótulo de la Alianza y mantenerse al calor del poder asumiendo una causa que nunca había imaginado (si no lo premian a él, ensayan con algún conmilitón tipo Darío Alessandro); 2) alentar y satisfacer el previsible esfuerzo de Cavallo, hoy atareado con dos ministerios (Economía e Infra-estructura) y con una dinámica laboral impensada para el oficialismo, también deseoso por ubicar en la cabeza de un área social a Armando Caro Figueroa, hombre de mil reinos y de dúctil materia para cualquier proyecto, de servicio casi doméstico para los designios de su mandante; 3) contemplar a indóciles de la UCR como Leopoldo Moreau por haber protestado, pero finalmente votado a favor de las facultades especiales, un sapo de más difícil digestión para los «correligionarios» que para los «compañeros» del PJ en tiempos de Carlos Menem. De ahí surge el nombre de Eduardo Santín, hombre del circuito de Moreau, para cubrir una cartera nueva o vacía.
Hasta allí las ansias inmediatas para agrandar la burocracia, por no mencionar ideas del propio Presidente con hombres de su intimidad (caso de su hermano Jorge con una infraestructura superior en Justicia o de Hernán Lombardi como ministro de Turismo). Esa fiebre por crear y ocupar espacios no reconoce fronteras: también pugnan por desalojar cargos y poner reemplazantes. No es una novedad el intento por hacer tambalear a Chrystian Colombo y, en menor medida, a Patricia Bullrich. Si hasta Cavallo en algún momento participó de esas iniciativas por ventura personal y, ahora, ha comenzado a descubrir -como siempre ocurreque la sintonía con el jefe de Gabinete es mejor de la que podría tener con otro sucesor. No es lo único que ha descubierto: tanto avatar por ministerios, cargos y personas -puja obvia desde que se disipó en parte la emergencia del default-esconden otra razón, naturalmente política y por lo tanto animal: limitar el territorio del ministro de Economía, evitar que se expanda. Porque no es lo mismo conceder legislativamente poderes especiales que instrumentar esas mismas facultades desde el poder. Son distintos el juez y el verdugo aunque ambos confirmen la misma medida.
La ofensiva y el hambre por cargos obedece, además, a otro propósito: licuar en parte la hegemonía probable de Cavallo y, simultáneamente, prepararse para una segunda etapa, cuando el ministro -se supone-una vez que recuperó al moribundo, abandone esa política de protección y lo inste a bajarse de la cama y caminar. ¿O es que alguien cree, en el Frepaso, en la UCR, que Cavallo mantendrá por años esta política intervencionista, de subsidios y tipos de cambio especiales, casi desarrollista?. Imaginan una mirada fija sobre el Presupuesto, recortes y podas, un saneamiento del gasto, gestos fraternales al ALCA. Y, para cuando eso ocurra, quieren estar preparados: sea porque aprendieron y lo aceptan -luego de las elecciones-o, lo más probable, porque están dispuestos a continuar con la madre de todas las batallas: impedir que se amputen los privilegios de todos los que viven del Estado.
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