Igual, para no «perder» ante sus funcionarios -quizá lo interprete como una cuestión de autoridad-, a su turno, el presidente Néstor Kirchner tomó el camino más fácil y directamente embocó el balero con la mano: no hizo ni siquiera un intent o.
Es el capítulo dos de la anécdota que se contó, a medias, sobre la visita del presidente a La Matanza la semana pasada, cuando el santacruceño se mezcló entre la gente y terminó jugando al balero entre la multitud, acto donde prometió vencer por «nocaut» a George W. Bush.
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