No agregaron nada importante los políticos a la información de la cancelación de la deuda con el Fondo Monetario que anunció el jueves a la noche el presidente Néstor Kirchner. La más incisiva -y no es novedad- fue Elisa Carrió, quien dijo que «se trata de un claro caso de simulación política. Kirchner bien podría llamarse el gran simulador». Al confirmarse que es más una medida de busca de imagen política que se mejoría económica tiende a confirmarse lo que explicó.
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La crítica más completa -al extremo de irritar a Néstor Kirchner- fue del flamante titular de la UCR, el mendocino Roberto Iglesias, quien acentúa su línea no populista para horror del ex presidente Raúl Alfonsín, hoy en total minoría en el radicalismo moderno y sólo apoyado, ahora desde el llano, por Leopoldo Moreau.
«Creo que cambia muy poco la cancelación. Es una falacia que ganamos en independencia; la vulnerabilidad del país aumenta. No veo riesgos inmediatos en tener 26.000 millones de dólares de reserva y pasar a 16.000. ¿Qué pasa si cambian las condiciones en el mundo? Afecta la confiabilidad externa cambiar cuando se antoja la carta orgánica del Banco Central» (lo tiene que hacer Kirchner para poder usar las reservas y pagarle al Fondo).
Roberto Iglesias y el ex presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Camaño -de voz que impone y de posturas fuertes- son de las figuras que mas presencia política están ganando desde los recientes comicios del 23 de octubre.
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